OPINIÓN

Un 5 de mayo secuestraron y asesinaron a Haroldo Conti

Columna de opinión del Dr. Nelson Coronel.

Entre un 4 y 5 de mayo secuestraron y asesinaron a Haroldo Conti. La barbarie le puso fin a su vida, pero no pudieron con su obra, su compromiso y militancia por los humildes. Por esto y mucho más, el recuerdo es permanente en el corazón de los pueblos. La vileza de cierta clase de individuos hizo que tuviéramos que recordar hoy a Haroldo Conti, no ya como consagrado escritor ni tampoco haciendo un análisis de sus obras, ni menos cómo poseedor del privilegio que tienen los elegidos de transportarnos a momentos intensos de buena literatura. Ese destino y esa vileza, entremezclados, quiso que tuviéramos que detenernos en un 4 de mayo de 1976, momento en que un grupo de asesinos embanderados en una dictadura cívico-militar, como nunca había tenido nuestra patria, con miles de desaparecidos, exiliados y encarcelados.

Lo hicieron desaparecer terrenalmente por esa convicción demencial. De muchas sin razones, los hombres que no piensan mantienen a lo largo de la historia de los pueblos, y que consiste en matar a los que bien piensan, suponiendo que así, la escencia de libertad y de ser humano se anula, desaparece. Ese episodio que hoy, cuando han pasado ya muchos años, seguimos sintiendo todos los chacabuquenses, no impide recordar que en 1956 publicó la pieza de teatro Examinado, que 4 años más tarde recibió el premio de la revista Life por su relato, La Causa, y que en 1962 ganó el premio fabril con su primera novela, Sudeste, convirtiéndose en una de las figuras de la llamada generación de contorno, que le llueven premios de Veracruz, México y de España junto al municipal de la ciudad de Buenos Aires por Todos los Veranos, al que le siguen con Otra Gente, y la Balada del Álamo Carolina, todo como parte de una magnífica producción que fue coronada por el premio Casa de las Américas por Máscaró.

Haroldo Conti murió por no callarse y por no unirse al coro de los silenciosos, de los genuflexos.

Haroldo Conti es otra de las banderas que se levantan para señalar el camino irrenunciable, que todos los días debemos reconstruir los ciudadanos y el pueblo como sujeto histórico de los cambios por venir.

Haroldo fue secuestrado el 4 de mayo de 1976 en su casa de la calle Fitz Roy, en el barrio de Villa Crespo, en Capital Federal. Conti había colgado un letrero frente a su escritorio. “Este es mi lugar de combate, y de aquí no me voy”. Lástima que los miserables que lo capturaron no supieron lo que decía ese letrero, estaba escrito en latín.

Vaya, pues, el homenaje del ateneo Arturo Jaurece Manuel Ugarte a Haroldo Conti, un hombre que ha sido y será como su literatura: sufrido y soñador.

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