HORACIO CATICHA

“Reconozco y agradezco que el pueblo de Chacabuco se acuerde de mi hermano y de Luis Roberto Díaz”

“Esto es algo que uno va reviviendo todos los años”, expresó el hermano de Rubén Darío Caticha, el marinero de nuestra ciudad fallecido por el ataque al Crucero General Belgrano.

Si bien pasaron 44 años del hundimiento del Crucero General Belgrano, Horacio Caticha tiene muy presente aquel hecho en el que murió su hermano Rubén Darío, y todos los años lo revive como si pasara en ese momento. Por eso, dice, cada vez que se acerca el 2 de mayo, fecha del aniversario del ataque, vive sentimientos encontrados.

Rubén era el menor de los tres hermanos Caticha y hoy tendría 64 años. El mayor es Horacio, que tiene 73, y también está Mario, el del medio, que tiene cinco años menos que el mayor. Antes de irse al servicio militar, Rubén trabajaba en el periódico Chacabuco, en el área de la imprenta y como repartidor.

“Era buen chico, muy trabajador”

“Era un buen chico, muy trabajador”, lo recuerda su hermano, y cuenta que el servicio militar lo hizo en Puerto Belgrano, cerca de Bahía Blanca, donde se encontraba el Crucero. Por ello, unos días después del 2 de abril de 1982 fue uno de quienes partió hacia el sur a bordo de la nave.

El Crucero General Belgrano fue atacado el 2 de mayo, minutos después de las 16.00. Entre los tripulantes chacabuquenses se hallaban, además de Rubén, Luis Roberto Díaz y Juan Carlos Daluisio. Díaz falleció durante el ataque y su cuerpo nunca pudo ser recuperado, mientras que Caticha falleció en las horas posteriores y Daluisio sobrevivió. También logró sobrevivir Pedro Ignacio Correa, de Carmen de Areco, actualmente radicado en Rawson.

Horacio Caticha cuenta que con su familia se enteraron del hundimiento del Belgrano el mismo 2 de mayo, pero la triste noticia del fallecimiento de su hermano les llegó “cuatro o cinco días después”. En tanto, el 11 de mayo llegó a Chacabuco el cuerpo de Rubén, que desde aquel día descansa en el cementerio local.

“Siento una gran tristeza”

Por todo esto, cada vez que se acerca la fecha del aniversario a Horacio y los suyos los embarga un gran dolor.

“La verdad es que siento una gran tristeza”, dice Caticha, que el sábado último estuvo presente en el acto de homenaje que se llevó a cabo en el monolito de la plaza Belgrano que recuerda a los excombatientes de Chacabuco.

“Mientras la gente en fechas así trata de congregarse, yo quisiera meterme en mi casa y estar escondido. Vengo al acto porque, por un lado, me pasa eso y, por otro, reconozco y agradezco que el pueblo de Chacabuco se acuerde de mi hermano y de Luis Roberto Díaz”, agrega.

Durante estos años y décadas que han pasado, Horacio ha tratado de estar, en la medida de lo posible, cerca del Centro de ExCombatientes de Chacabuco.

Me he acercado en la medida que pude, y se lo he dicho a ellos. Sé que tendría que haber estado mucho más, pero el hecho de estar cerca e involucrado hace que a veces me agarre como un bajón. Entonces les digo ‘bueno, chicos, hasta acá estoy’, y por un tiempo desaparezco. Después aparezco de nuevo y, en realidad, hago lo que puedo. Aparte, cada vez uno está más grande y, a pesar de que pasan los años, se pone más sensible”, explica, y recuerda que cuando pasó lo de su hermano él tenía 29 años.

“Hoy tengo 73. Eso muestra cómo va pasando el tiempo. Igual, lamentablemente, es algo que uno va reviviendo todos los años”, dice en la despedida.

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