Todas las personas tenemos derecho a ser respetadas

Publicación pedida por Mailén Grippo, militante radical de Chacabuco.

“Nunca es tarde para ser quién quieras ser.” Eso nos repiten -nos repetimos- desde la niñez, hasta el cansancio. A medida que crecemos, la cantidad de opciones se va acortando: “sé lo que quieras ser, dentro de estas posibilidades.” “Sé lo que quieras ser, siempre y cuando no me ofenda.”

Hasta hace pocos años, la homosexualidad era considerada una enfermedad. Recién en junio de este año, la OMS dejó de considerar a la transexualidad como un trastorno mental. En un hecho vanguardista que fue observado por el mundo, el 9 de mayo de 2012 Argentina sancionó la Ley de Identidad de Género Nº 26.743. Esta reconoce el derecho a la identidad de todas las personas a mostrarse tal cual se auto perciben, permitiendo también, desde una perspectiva jurídica, la inclusión y el acceso a derechos e igualdad de oportunidades a los miembros de la comunidad trans. En el transcurso de estos años, la ley generó un marco legal unificado que tuvo impacto positivo, logrando disminuir el estigma y la discriminación, y empoderando a este sector de la población.

“Contamos con una alta tasa de analfabetismo en la población trans y aún con la aplicación de la ley, un cupo muy limitado logró reinsertarse al sistema educativo”

Si bien se avanzó drásticamente, todavía queda mucho por hacer. Hoy en día, contamos con una alta tasa de analfabetismo en la población trans y aún con la aplicación de la ley, un cupo muy limitado logró reinsertarse al sistema educativo. De hecho, gran parte de la comunidad trans afirma, en propias palabras, haber pasado por al menos un hecho discriminatorio por parte de autoridades directivas, docentes y/o compañeras y compañeros. Con respecto al ámbito laboral, el 98% no posee un trabajo formal. En un estudio realizado por la Fundación Huésped, se registra que 6 de cada 10 mujeres trans están vinculadas al trabajo sexual.

Por otra parte, si bien la provincia de Buenos Aires aplicó la ley de Cupo Trans (que requiere el 1% de la planta de la administración pública para personas del colectivo), muy pocos municipios lo cumplen actualmente. Además, aún estamos a la espera de que el Congreso Nacional trate el proyecto que ingresó a la Cámara baja. Vale aclarar, que dicho proyecto lleva el nombre en conmemoración a Diana Sacayán, una fuerte impulsora de la lucha por los derechos de las personas trans y víctima de un travesticidio ocurrido en la Ciudad de Buenos Aires, el 11 de octubre de 2015. Necesitamos de manera urgente, que la ley de Cupo Trans sea sancionada para remediar la situación de uno de los sectores más vulnerados del país que nos reclama día a día el derecho a no perder sus trabajos y sus vidas.

Entonces, ¿tenemos más herramientas, además de estas leyes, para garantizar la construcción de un nuevo paradigma? La respuesta es sí, definitivamente. Mediante la información, la promoción de derechos, la visibilización, la posibilidad de pensar y llevar adelante estrategias y políticas públicas, podemos luchar para mejorar sus vidas. Por mi parte, considero que la herramienta más valiosa en ese sentido, es la Educación Sexual Integral. Pero no nos confundamos: necesitamos una ESI que nos enseñe información científica, actualizada, laica. Que nos enseñe a vivir nuestra sexualidad de manera responsable y plena. Que nos enseñe a no demonizar la diversidad, porque esta existe y nos enriquece. Una ESI con perspectiva de género, cuidado del cuerpo y la salud; no la ESI que cierto sector “celeste” nos quiere vender.

Tengo 20 años y milito orgullosamente en la Juventud Radical desde los 14. Es inevitable para las y los que abrazamos la militancia partidaria desde muy jóvenes, que se nos infle el pecho al hablar de nuestro partido: el de la libertad de expresión, el de los derechos humanos y el de la democracia para siempre. El de Yrigoyen, el de Florentina, el del Viejo. Por lo tanto, ¿cuál es el lugar que ocupa el radicalismo ante las demandas sociales del siglo XXI? ¿Cómo se posiciona ante la mirada de las y los que nos interpelan, con razón, en 2018? Como militante del partido centenario que luchó siempre por los derechos de las minorías, deseo ver un rol activo en esta materia por parte de dirigentes y militantes.

“Necesitamos una ESI que nos enseñe información científica, actualizada, laica. Que nos enseñe a vivir nuestra sexualidad de manera responsable y plena. Que nos enseñe a no demonizar la diversidad”

Debemos continuar con el trabajo de espacios (como UCR Diversidad) en donde el eje de la discusión sea la construcción y el fortalecimiento del ideario hacia una “otredad”. Debemos seguir formándonos en temas que sean parte de una agenda actual y diversa. Y, sobre todo, debemos impulsar (en nuestro caso, las y los jóvenes) referentes que estén a la altura de los tiempos que corren y no les den la espalda ni a su historia, ni a sus jóvenes militantes.

El rol de nuestro espacio debe ser buscar más voces que nos ayuden a replicar y a hacer realidad la sociedad a la que aspiramos. Utilicemos las normas como herramientas y garanticemos que el Estado esté presente, para que nunca más un derecho humano sea vulnerado. Es nuestra obligación como sujetos de derecho, como agentes políticos y por sobre todas las cosas, como luchadoras y luchadores por un mundo más justo e igualitario.