UNA HISTORIA QUE SE HARÁ LIBRO

Quiere conocer datos sobre su bisabuelo, El Pampa Fígoli, un gaucho malevo que vivió en la zona de Coronel Mom

Gabriela Beccaglia es una escritora y productora de TV de Buenos Aires que se encuentra recopilando datos de sus ancestros. Por ello, solicita información sobre su bisabuelo, quien creció entre los indios pampa y tuvo una vida de leyenda. También de su bisabuela, que era dueña de una pulpería en cercanías de Mom.

Gabriela Beccaglia es productora de TV, además de carpintera y escritora, y vive en Buenos Aires, aunque planea trasladarse a España en unos pocos días. Años atrás quiso reconstruir su historia familiar y, por datos que desde chica escuchó de boca de su padre, inició una investigación que le permitió confirmar que, en realidad, su apellido no debería ser Beccaglia, sino Fígoli, y que su bisabuelo fue un gaucho malevo que vivió en la zona de Coronel Mom luego de haber pasado parte de su infancia y la adolescencia con los indios pampa.

Este hombre se llamaba Juan, le decían El Pampa, y con la dueña de una pulpería de Mom mantuvo una relación oculta de la que nacieron varios hijos, uno de los cuales fue el abuelo de Gabriela. Fígoli murió allá por 1938 en una emboscada que le tendió la policí, como venganza porque en un enfrentamiento anterior El Pampa había matado a siete uniformados.

Gabriela -a quien se ve en la foto principal, registrada por Claudio Richetti- conversó con Chacabuco en Red para contar cómo es la investigación que lleva a cabo, la cual formará parte de una novela que está escribiendo, y solicitar a quienes tengan alguna información adicional sobre sus bisabuelos, que se comuniquen con ella.

“Vivió y creció entre indios”

El Pampa Fígoli, que se llamaba Juan, era de origen italiano genovés. En las últimas décadas del siglo 19, siendo un niño, llegó con su familia a la Argentina y se instalaron en un establecimiento rural de la conocida como Frontera Norte de la provincia de Buenos Aires. En ese lugar, Juan fue capturado por uno de los últimos malones que merodeaban la región.

El profesor Oscar Melli, que conocía esta historia y la publicó en uno de sus libros, escribió que en los años siguientes Fígoli “vivió y creció entre indios, conoció los avatares de aquella vida ruda, asimiló su idioma y su astucia, y al lado de los bravos capitanejos aprendió el arte de domeñar y amaestrar potros”. Ya entrado en la adolescencia, con entre 16 y 17 años, y cuando tenía entre sus tareas el entrenamiento de los caballos, El Pampa se alejó de las tolderías y pudo escapar.

Sobre esto, Gabriela Beccaglia señala que su bisabuelo ya había tenido varios intentos de fuga que no pudo concretar. “Los indios pampa eran muy bravos. De hecho, en el primer intento de escape le cortaron las plantas de los pies, lo cual le provocó dolores durante toda la vida”, dice.

La cuestión es que, una vez libre, El Pampa se afincó en la zona de Coronel Mom -que en ese entonces pertenecía al partido de Chacabuco-, aunque también andaba mucho por Chivilcoy. En Mom conoció a una mujer muy bella llamada Virginia Buratti, a quien en el pueblo le decían La Bonita.

“La Bonita tenía una pulpería y estaba casada con un hombre de apellido Beccaglia. El Pampa se enamoró de La Bonita y viceversa y los últimos cinco hijos que ella tuvo fueron con él. El primero fue mi abuelo, Julio Beccaglia. Igual, La Bonita siguió anotando a sus hijos como Beccaglia porque le daba mucha vergüenza que fueran hijos ilegítimos, y seguramente El Pampa tampoco se habrá querido hacer cargo de darles su apellido o no habrá podido, vaya a saber qué pasó. En el libro que estoy escribiendo cuando toque este tema voy a dejar las cosas así, como una pregunta abierta, porque no sé cómo fueron las cuitas”, dice la bisnieta.

“Mi papá no se había equivocado en nada”

Gabriela señala que la historia de sus bisabuelos la conoció a través de relatos orales de su papá, los cuales pudo verificar en los frecuentes viajes que durante diez años realizó a Chivilcoy y Coronel Mom.

“En esos viajes hablé con un montón de gente y resultó que mi papá no se había equivocado en nada de lo que me había contado. Literalmente era todo cierto, lo cual es muy raro en la transmisión oral, porque cuando te ponés a investigar empezás a descubrir que hay pequeñas variaciones. En este caso no las hubo y lo que me había dicho mi viejo tenía una precisión quirúrgica. De hecho, él escribió siete cuentos sobre su infancia y, según lo que comprobé, todos tienen una gran precisión”, relata.

El padre de Gabriela, que se llamaba Délfor María Beccaglia, nació en Mechita y luego con su familia se instalaron en Chivilcoy. Allí, cuando él tenía 9 años, murió el padre de la familia y al poco tiempo la madre y sus hijos se fueron a Buenos Aires.

“En Buenos Aires mi abuela hizo lo que pudo. Tenía cinco hijos, tres de ellos trillizos, entre los que estaba mi papá, y a pesar de que no eran huérfanos, la abuela metió a esos chicos en una institución para huérfanos, lo cual fue muy duro y los moldeó, pero como estaban los tres juntos de alguna manera se protegieron y salieron tres tipos muy cultos que de chicos eran apasionados del cine. De hecho, siendo muy jovencitos comenzaron a hacer cine, primero amateur y después profesional. Mi papá producía, uno de los tíos dirigía y el otro escribía”, cuenta.

“El Pampa nunca mató a traición ni porque sí”

Gabriela dice que le cuesta definir quién fue su bisabuelo: “Me cuesta darle una definición, pero El Pampa era un malevo. Fue también un puntero político, digamos que lo alquilaban, y tenía muchas muertes encima, pero todas bien habidas. Eso hay que destacarlo: El Pampa nunca mató a traición ni porque sí. Las veces que mató fue cuando le quisieron copar la parada, lo cual en el siglo 19 era muy normal. En Coronel Mom hubo uno que quiso matar al Pampa a traición y El Pampa lo abrió de punta a punta con el cuchillo verijero. El tipo se subió al caballo y a la media cuadra se cayó muerto”.

Además, niega que su bisabuelo se haya dedicado al cuatrerismo. “Para nada”, dice, y agrega que una sola vez robó unos caballos, pero fue “para joder” y por una apuesta, por lo que luego los devolvió.

“Él no cuatrereaba, trabajaba”, asegura la bisnieta, que pudo certificar que El Pampa, que medía algo más de dos metros, era muy bueno trabajando en el armado de parvas de alfalfa, lo que en esa época era muy valorado.

También se ganaba la vida siendo “guardaespaldas” de dirigentes políticos en épocas electorales. Así se lo pudo ver en muchos mítines realizados durante la primera presidencia de Hipólito Yrigoyen. “Creo que lo que mejor lo define es que era guardaespaldas”, afirma.

La foto de La Bonita

En los últimos años, Gabriela estuvo instalada en nuestra zona. De hecho, vivió varios meses en Coronel Mom y estuvo un tiempo en una motorhome en la laguna de Rocha. Durante esas temporadas siguió trabajando en la búsqueda de datos y en la escritura del libro sobre sus bisabuelos. Uno de los objetivos que tenía era conseguir una foto de su bisabuela. Según cuenta, cree haberla encontrado a través de un vecino de la zona, de edad avanzada, que le aseguró que tenía una imagen de ella en su casa.

“Yo creo que la foto es de La Bonita porque esa mujer que aparece ahí es idéntica a mi abuelo, del que tengo una foto, y a mi papá”, dice.

Otra cosa que quería saber es dónde fueron enterrados los restos de su bisabuelo, lo cual no pudo verificar en ningún cementerio de toda la zona. “Hoy podemos decir que no hay tumba”, afirma, y la explicación que encuentra para esto es que su bisabuelo murió en circunstancias muy violentas.

“Lo que pasa es que él mató a siete policías, lo cual está totalmente claro y no lo voy a negar. Entonces, la Policía le hizo una redada y lo abatió ahí en Coronel Mom, en la puerta de lo que era el único hotel y boliche que había en el pueblo. Por eso es que dudo de que tenga una tumba. A un tipo que mata la policía, ¿lo van a enterrar en un cementerio? Probablemente no. Yo estoy segura que El Pampa no tuvo un entierro cristiano”, expresa.

“Una experiencia ruda”

Cuenta Gabriela que haber vivido en Mom fue para ella “una experiencia ruda”, por lo que no estuvo mucho. “Igualmente, ese tiempo que estuve ahí me ayudó a sentir cómo habrán sido los códigos que se manejaban allá por finales del siglo 19 y comienzos del 20. Serían, realmente, tiempos muy ásperos, que se ve que no cambiaron mucho”, afirma.

Durante sus recorridas por la zona, dice, no pudo encontrar a ningún familiar directo de El Pampa ni “a ningún Fígoli que conociera la historia”. Sí hay algunos Beccaglia que tienen parentesco con Pietro Ércole Beccaglia, el marido de La Bonita, que era alguien que se dedicaba a las faenas rurales mientras su esposa atendía la pulpería. “Yo le estoy muy agradecida a este señor, porque me dio su apellido. Era un buen tipo, laburante, hombre de campo”, expresa Gabriela, que estando en Mom visitó el lugar donde funcionó la pulpería, situado en el camino que conduce a Chacabuco, que hoy se ve como lo ilustra esta foto:

“Pude ver que no quedó nada de la pulpería, ni un ladrillo. Lo que sí me contaron es que a esa esquina en la que estaba el boliche se le sigue diciendo Esquina de La Bonita, y ahí mismo hay una laguna que también se llama De La Bonita. Y eso me impresionó mucho”, dice, además de contar que estuvo con el dueño actual del campo en el que estaba la pulpería.

“Cuando le dije que yo era la bisnieta de La Bonita se quedó helado. Fue como un respeto reverencial. Y lo mismo me pasó cuando estaba en Coronel Mom. Yo ahí era alguien, la bisnieta de La Bonita. En ese sentido, me sentí muy orgullosa”, cuenta.

Segundo libro

El libro dedicado a El Pampa y La Bonita será la segunda obra literaria de Gabriela Beccaglia, ya que años atrás publicó una novela titulada “Como el caramelo”. En este caso, cuenta, “se trata de una historia totalmente ficcional que transcurre en el pueblo de Lezama, situado en la ruta 2, que es un lugar del que me enamoré, donde tuve mi primera chacrita”. Esa obra, que tiene un prólogo del periodista Osvaldo Quiroga, fue editada originalmente hace quince años y recientemente fue reeditada en Amazon.

El nuevo libro se encuentra actualmente por la mitad. Gabriela planea terminarlo en España, a donde viajará en los próximos días. Allí se instalará en Sevilla, a cuatro cuadras del Archivo de Indias, al que piensa recurrir para trabajar en una investigación sobre la segunda fundación de Buenos Aires.

Volviendo al libro, que se titulará “El Pampa y La Bonita”, la autora cuenta que será una novela que recorrerá “tres líneas de tiempo”. La primera será la historia de sus bisabuelos, la segunda estará dedicada al padre de Gabriela y la tercera será la investigación que hizo para recabar datos de sus bisabuelos.

En busca de más información

“Lo que pasa es que durante la investigación ocurrieron cosas muy increíbles. Por ejemplo, aparecieron grabaciones de gente que conoció a El Pampa”, expresa Beccaglia, que igualmente continúa recabando datos sobre sus ancestros. Por eso, solicita a quienes puedan aportar alguna información que se comuniquen con ella a través de su celular, cuyo número es (011) 6482-6568.

“Cualquiera que tenga un dato para brindarme, lo voy a atender”, dice en la despedida, además de expresar los buenos recuerdos que guarda de Chacabuco y su estadía en la laguna de Rocha.

Comentarios