La burguesía financiera transnacional es la clase dominante de la globalización; este proceso de globalización se aplica en lo económico a través de la política neoliberal, cuyo fin último es que la burguesía transnacional se convierta en propietaria de los recursos naturales estratégicos. El interés codicioso de esa oligarquía extranjera, en esta etapa de mundialización de la sociedad humana, lo persiguen infiltrando una república y posicionando a sus agentes en los espacios institucionales decisivos (donde se toman las decisiones). Cuando no logran infiltrar a los países de esa manera, entonces promueven la guerra; así lo vemos que hacen en Ucrania y en Irán (Donbás y estrecho de Ormuz). A los efectos prácticos, la burguesía financiera transnacional es una clase esclavista: pretende esclavizar a los pueblos; opera presionando, chantajeando y violentando a los países, es decir que tiene un mecanismo mafioso de funcionamiento; es una mafia esclavista y exterminadora. De ahí que, en los hechos, la burguesía transnacional es una mafia transnacional. Resulta esencial identificarla en su esencia.
El sujeto que ocupa la Casa Rosada dijo abiertamente, con total sentido de impunidad, “yo soy un topo”. El topo se infiltra por la cañería y se mueve hasta llegar a meterse adentro de la casa. Es el modus operandi (la forma de actuar) del agente extranjero, cuya función es infiltrarse en la casa de gobierno para hacer daño a un país. Y precisamente, ahí está, en la Casa Rosada, violando los principios de nuestra Declaración de Independencia, de nuestra Constitución Nacional, y haciéndole daño a nuestra Argentina. Él mismo nos lo dijo en la cara: “yo soy un topo”.
Los topos que se han infiltrado en las instituciones de nuestra República Argentina tienen asignada la misión de provocar la fragmentación territorial de nuestro país, y para esto quieren dictar una “ley de extranjerización de la tierra”, que es el marco legal que la mafia financiera transnacional necesita para intentar destruir a la Argentina.
Hace 2500 años, Sun Tzu escribió en su libro “El arte de la guerra”: “Mo Tun consultó a sus consejeros. Algunos dijeron que sería razonable ceder la tierra; otros, que no. Mo Tun se encolerizó y dijo: ‘La tierra es el fundamento del Estado. ¿Cómo podría cederse?’. Todos los que habían aconsejado que se entregase fueron decapitados.”