Hace una docena de años, el vecino Héctor Horacio Scalise, también conocido como El Rana, comenzó a interesarse por las antigüedades. Así, sin conocer mucho del tema, se inició en lo que hoy es una actividad en la que, dice, todos los días se aprende algo.
Scalise cuenta a Chacabuco en Red que sus comienzos en el rubro fueron como soldador, haciendo maceteros y macetas antiguas, bicicleteros, sillas y otros elementos metálicos. Cuando estaba en esos menesteres comenzó a comprar antigüedades, lo cual lo llevó, poco tiempo después, a abrir su negocio, que se llama El Mercadillo del Rana Vale Vale y está ubicado en avenida Alsina 454.
“No sabía nada de nada”
“Es algo a lo que hay que ponerle pilas y ganas, y estar dispuesto a aprender todos los días, porque no es que se sabe todo”, afirma Scalise, y relata que sus inicios en la compra y venta de antigüedades se dio “medio de casualidad”.
“La verdad es que cuando empecé no sabía nada de nada. Por ejemplo, no sabía diferenciar un cuchillo de otro. Después hubo un hombre que me enseñó mucho de ese tema, Chicho Amaya, que ya murió”, afirma.
Así tuvo que hacer con todas las cosas que le llegaban, como monedas, estampillas y muebles. Como ejemplo relata que actualmente está tratando de aprender sobre juguetes antiguos, pues en su negocio fue armando una gran colección, con artículos de muchos años.

“Los que más se venden son los viejos juguetes de chapa, que son de los años 50, 60 o más antiguos todavía. Los que valen más son los enlosados, que son los más viejos”, dice.
Las botellas “de bolita”
En el local también hay botellas antiquísimas, como las llamadas“de bolita”, que en la Argentina se utilizaron mucho entre 1880 y 1920.
“Es una botella que tenía una bolita adentro de color naranja. Hace poco estuvo un coleccionista y me decía que también hay de otros colores”, expresa, y agrega: “Esas botellas tienen más de cien años. Mi papá me contaba que existían. Estuve seis años buscándolas hasta que un día fui a un remate en San Andrés de Giles y encontré una, y al domingo siguiente fui a otro remate y conseguí otra”.
La tercera, prosigue, no tuvo que ir a buscarla, sino que alguien se la llevó a su negocio. “Me trajeron tres o cuatro cosas, entre las que estaba una botella de bolita novedosa, porque el vidrio tenía un relieve que decía ‘Julio Bergez, Chacabuco’. Se ve que Bergez era alguien que las hacía o embotellaba. Después vino una persona de San Andrés de Giles y se la llevó”.
Scalise comenzó a comprar antigüedades yendo a remates que se hacían en la zona. “Al principio me sentaba en un remate y no sabía nada, pero a golpes uno va aprendiendo”, cuenta. Así fue durante los primeros años.
“Viajaba todos los domingos a buscar mercadería”
“Viajaba todos los domingos a buscar mercadería. Iba a San Andrés de Giles, a Veinticinco de Mayo, a Buenos Aires, porque cuando había un remate me llamaban para avisarme. Ahora prácticamente no me muevo. Por ahí voy a alguno, pero no tanto. Me traen todo”, afirma, y muestra unas pelotas de béisbol que le llevaron en estos días.
Entre las rarezas que el vecino tiene en su local hay unos ruleros térmicos, que se usaban allá por los ‘60 y a los que también se llamaba rulos de agua caliente.
“Funcionan con electricidad y tienen una resistencia. Supongo que los usaría, más que nada, la paquetería de Buenos Aires”, dice.
Scalise señala que en el Mercadillo del Rana todo lo que se expone está en venta, aunque le cuesta mucho desprenderse de las varias vitrinas que tiene, algunas de las cuales son muy antiguas.
Según dice, las ventas vinieron flojas hasta marzo, cuando comenzó a haber un movimiento que continúa hasta hoy.
Clientes nacionales y extranjeros
“Acá viene gente de toda la zona y hasta de otras provincias. También algunos extranjeros. De hecho, el otro día llegó una mujer y noté que tenía una tonada extranjera. Así que charlamos un ratito, porque hablaba bastante bien el español. Cuando yo hablaba un poco largo y no me entendía, ponía el traductor. En un momento le pregunté de qué nacionalidad era, y me dice ‘soy de Siria, mi marido trabaja en Don Mario’”.
El local de Scalise tiene en un lugar central una serie de fotos de personas muy queridas para el dueño del negocio. “En una estoy con un amigo, Luis Scocco, que falleció. También tengo una foto de mis tres nietas; otra de un amigo del campo, Taíto Rowan, el mejor vecino que tenía; una de mis hijas y otra de las fotos es de un grande, René Favaloro. Me falta conseguir una foto de don Luis Landriscina, que según dicen era un gran amigo de Favaloro”.
El Rana dice que le gusta comprar “cosas raras”, y algunas consigue de tanto en tanto. Actualmente, prosigue, ya no compra tanto como antes, porque selecciona más. El vecino cuenta con la ayuda de su esposa, Mónica Capdevila, para la restauración de cuadros y portarretratos.
“Yo invito a la gente a que venga a ver. Si no compran no hay problema, vengan a ver que los voy a atender a todos igual, compren o no”, invita Scalise, además de contar que en los hogares de Chacabuco hay muchas antigüedades.
El cuidador del cantero

“Ahora que estoy en esto puedo asegurar que en todas las casas algo hay”, dice el vecino, que en los últimos años sumó a sus actividades el cuidado de un tramo del cantero central de la avenida Alsina situado frente a su casa.
“Es algo que me gusta. Al cantero le puse plantitas. El año pasado se sumaron tres vecinos más y a lo mejor van a sumarse otros. Para Navidad decoré el lugar con una estrella y un arbolito y para fin de año, si Dios quiere, voy a hacer los renos. Vamos a ver si el tiempo lo permite”, finaliza.