Cruce de los Andes: Día 6, el final

Diario de viaje de un grupo de chacabuquenses que realizaron el cruce de los andes.

El día 23 de febrero comenzó esta aventura para un grupo de vecinos de Chacabuco conformado por: Ignacio Aprile, Mariano Nieto, Joaquín Scocco, Maxi De Bello, Leo Quiroga, Silvina Belingueres, Rosana Peralta y Milena Goddard.

Los viajeros compartieron con Chacabuco en Red su diario de viaje y espectaculares fotos que lo ilustran. Iremos subiendo día por día esta apasionante aventura.

Día 6 – Lo importante no es la altura del desafío, sino la talla de la persona que lo enfrenta

Día final de la expedición. Aun no me lo creo. Parece que fue ayer cuando hicimos la primera reunión con aquellos que se habían interesado en este viaje. En ese momento algunos de nosotros apenas nos conocíamos, y hoy hicimos de esta salida una aventura entre amigos.

Tan lejano parecía el cruce en aquel momento y sin embargo aquí estamos, a punto de emprender la ultima jornada de caminata.   

Me levanto con esos pensamientos y buscando en mi cabeza alguna frase de esas motivadoras/inspiradoras que acompañe el momento, pero no se me ocurre ninguna. Deben existir una infinidad de ese tipo de frases y estoy casi seguro de que conozco la mayoría de ellas (al menos las más famosas), pero aun así no se me viene ninguna a la mente. No es que quiera hacer parecer este viaje como algo épico o de un esfuerzo sobrehumano, simplemente buscaba una frase que resumiera el espíritu de nuestra aventura. La necesidad de terminar de desarmar la carpa me hace abandonar la búsqueda de frases.

El día 3 es el más duro de toda la travesía, y el 6, el que estamos por emprender, debe ser el que le sigue, en cuestión de exigencia física. Tenemos por delante 550 metros de desnivel en ascenso para poder llegar al hito fronterizo, donde alcanzaremos los 4000 msnm, segundo punto más alto de todo el viaje. Si bien a partir de este lugar casi todo el recorrido que queda es en bajada (1150 metros de desnivel en descenso), debemos cargar con todo el peso, pues los arrieros no pueden ir más allá del límite. Ellos nos dejaran la carga justo en el filo, y deberemos entonces repartirla entre todos y llevarla hasta final. Pero eso no es todo, nos espera otro vadeo complicado, el del río Yeso, que puede resultar algo más difícil que el anterior, dado que vamos a cruzarlo más tarde. Como estos son ríos de deshielo, mientras más tarde uno cruce, mas peligrosos se vuelven, dado que a medida que el sol comienza a calentar, es mayor el deshielo y, por lo tanto, mayor el caudal de agua del río. Sin embargo, el éxito del cruce anterior nos tenía con la confianza alta respecto de nuestra habilidad en temas de vadeo.

Ya estamos bastante cancheros en el armado y desarmado del campamento, así que a las 7:30 am ya nos encontrábamos en marcha. Salimos antes de que el sol se asomara, aunque el día ya estaba claro. El cielo se presentaba totalmente despejado. No dejo de pensar que hemos sido enormemente afortunados con el clima que nos ha tocado. Mientras avanzamos el sol comienza a salir detrás de las montañas que tenemos a nuestra espalda. Cámara en mano, con Maxi nos detenemos a disfrutar del momento y sacar algunas fotos mientras el resto del grupo continua su paso. Un rato más tarde los alcanzamos.

Vamos ganando altura de a poco. Por el momento la pendiente no es demasiado abrupta. A lo lejos, muy a lo lejos, y en lo alto, ya se puede ver el hito fronterizo, que no es mas que una señal permanente que marca el limite entre Argentina y Chile. En este caso, es una especie de torre hecha de hierro. Como era de esperar, a medida que nos acercamos al límite, las emociones van en aumento, al igual que la altura. El objetivo está cada vez más cerca!

Hacemos varias paradas durante la subida para ir recuperando el aliento. También para hidratar y comer algo, y obviamente para disfrutar la vista. La altura nos permite ver con claridad todo el valle por donde transitamos el día anterior. Los colores, el río, que desde esta perspectiva parece apenas un hilito de agua, las montañas y algunos picos nevados que ahora aparecen más grandes en el horizonte. Me invade la sensación de que somos diminutos, esa sensación que siempre transmiten estos lugares. 

La última parte del ascenso se presenta algo más empinada que el resto de la subida. Vamos despacio, no hay apuro. La torre del hito fronterizo ya se ve con claridad, apenas unos metros nos separan de ella. De vez en cuando alguien suelta un grito de aliento, como para motivar al resto, para darle fuerza al equipo. Son aproximadamente las 11.30 am cuando pisamos el filo. Aquella torre que al comienzo del día ni siquiera veíamos estaba ahí, justo enfrente nuestro, marcando el limite entre Chile y Argentina. La alegría y la emoción se hacen presentes y es imposible contener los festejos. Veo algunas lágrimas que se escapan de los ojos de mis compañeros y me pongo contento. Porque son lagrimas de alegría, de saber que el objetivo está cada vez más cerca, de haberse superado y haber sorteado las dificultades que se presentaron, de haberse esforzado, de haber ayudado al otro y de haber sabido recibir ayuda, de haber disfrutado y de haber sufrido un poco también. Somos conscientes de que esto todavía no termina, que hay que llegar al final sanos y salvos, pero haber alcanzado este punto no es poca cosa y merecía algo de festejo.

Cuando vemos todo el equipo que tenemos que cargar de acá en adelante se termina la alegría. Nos reparamos del viento y comenzamos a distribuir la carga. Unos minutos más tarde estamos listos para seguir viaje. Ahora la mente está puesta en llegar al río lo más rápido posible, para cruzarlo antes de que el caudal de agua crezca demasiado. Habiendo cruzado el filo tenemos por delante un nuevo valle, tan lindo como los anteriores. El peso de la mochila nos empuja hacía abajo, se hace difícil no dejarse llevar. Algunos cedemos ante la tentación de deslizarnos por el pedrero para alivianar la carga sobre las rodillas y nos vamos para abajo a buen ritmo.

A lo lejos ya se puede ver el río Yeso recorriendo el valle. Este río marca el final de la travesía. Una vez que lo crucemos solo es cuestión de subirse a la combi que nos llevará hasta Santiago. Habían pasado las 14.30 hs cuando, junto con Maxi y Mariano, llegamos al río. Prácticamente tiramos las mochilas al suelo, como para sacarnos el peso de la espalda lo antes posible. El resto de los chicos venían una hora aproximadamente detrás nuestro. Estábamos en la tarea de buscar un punto para cruzar el río cuando vimos que, desde la otra orilla, dos personas con una bandera argentina y otra chilena nos hacían señas. Eran los dueños de la combi que nos llevaría a Santiago.

A pesar de que estábamos muy seguros de haber encontrado un excelente lugar para vadear el río, decidimos hacer caso a nuestros nuevos amigos con banderas, que nos indicaban cruzar por otro lado. Suponíamos que dado su trabajo ellos habían visto cruzar ya a varios grupos, y si todos cruzaban por donde ellos indicaban, sería lo mejor entonces hacer caso a sus sugerencias.

Nos reunimos con el resto del equipo cerca de las 15.30 hs. Ellos habían visto las banderas agitarse cuando venían bajando y llegaron directamente al lugar de vadeo indicado. El plan para cruzar el río era el mismo que ya habíamos usado. Había sido todo un éxito, por lo tanto, no encontrábamos razones para innovar. El río tenía mayor caudal que el anterior y se veía más amenazante. El agua estaba ya muy turbia y si uno prestaba atención se podía escuchar como arrastraba piedras por el fondo mientras corría. Cruzamos primero 5 hombres. Si bien el agua estaba muy fría, para mí fue un placer descubrir que no estaba tan helada como el río anterior. Dejamos nuestras cosas y volvimos por el resto del grupo. Al llegar a la otra orilla, nos dividimos en dos grupos de 5 y así, cada grupo agarrado de los hombros y formando un círculo, encaramos con actitud el cruce del río Yeso, que significaba nada más y nada menos que el final la travesía.

Al llegar a la otra orilla, nuestros amigos de la combi nos recibieron con un cálido saludo, un sándwich y una cerveza fría. Así da gusto volver a la civilización pensé.

Próximamente se viene el video del Cruce de los Andes. ¡Atentos! en www.chacabucoenred.com

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