POR EL MUNDO

Agustina Lalla, una chacabuquense en Chile

Radicada en ese país desde el año 2007, la exvecina cuenta su experiencia.

Situada a 850 kilómetros de la capital de Chile, Santiago, Valdivia es una ciudad de unos 290.000 habitantes a la que se considera una de las más hermosas del país, pues está rodeada de cerros, bosques, ríos, lagos y una intensa vegetación. En una casa situada en un cerro cercano a esa población vive con su familia la chacabuquense Agustina Lalla. Desde allí, donde puso en marcha un establecimiento dedicado a la elaboración de repostería vegana, conversó con Chacabuco en Red.

Agustina realizó sus estudios primarios en las escuelas 14 y 1 de Chacabuco y luego de graduarse en el Colegio Nacional Superior se instaló en Buenos Aires, donde estuvo unos cinco años, durante los cuales cursó materias de las carreras de Medicina e Instrumentación Quirúrgica. Eso fue hasta 2007, cuando decidió radicarse en Chile.

Su primer destino en ese país fue Santiago, donde vivió once años, y posteriormente se radicó en Valdivia, que está situada hacia el sur, a la altura de San Martín de los Andes.

Volviendo un poco atrás, señala que su idea de vivir en Chile le surgió por tener amigos y conocidos en ese país.

“Dije ‘voy a probar’”

“Entonces, dije ‘voy a probar’. Aparte, ya había estado de vacaciones. En realidad, me lancé a la vida nomás, dejé de estudiar en Buenos Aires y me vine”, relata.

En Santiago, la chacabuquense estudió la Tecnicatura en Enfermería e Instrumentación Quirúrgica, aunque no llegó a ejercer ninguna de esas actividades.

“La carrera la hice cuando ya llevaba tres o cuatro años acá”, cuenta, además de señalar que en Chile todo lo que se refiere a educación superior es más complejo de realizar que en la Argentina, debido a los aranceles.

“Acá es más difícil estudiar. De hecho, todavía estoy endeudada y todos los meses pago por los estudios que hice”, relata, y comenta que durante cuatro o cinco años de los que vivió en la capital se desempeñó como coordinadora en un instituto técnico que a través del Estado brindaba capacitaciones a trabajadores.

“No dependo de nadie”

Luego de estar más de una década en Santiago, Agustina y su pareja decidieron instalarse en Valdivia, en busca de más tranquilidad. Allí nació Dante, el hijo de ambos, que hoy tiene 8 años. En ese momento, la chacabuquense decidió que para poder estar más tiempo con el niño no iba a buscar trabajo en un hospital u otra institución de salud.

“Me pregunté qué sabía hacer y me surgió comenzar a hacer repostería vegana, libre de lácteos y todo lo que provenga de un animal. Y fui sumando lugares a los que entrego productos. Actualmente entrego en unos quince lugares, incluidos supermercados y cafés, y tengo una tienda propia en la que somos cinco personas trabajando. Prefiero hacer esto, en lo que no dependo de nadie, que tener que trabajar apatronada”, expresa.

En los comienzos hacía alfajores, brownies y tortas veganas. A eso le fue sumando propuestas y, dice, les está yendo “súper bien”. El emprendimiento se llama Del Cerro Repostería Vegana.

“Llueve más que en Londres”

Lalla señala que a la región en la que vive se la llama Selva Valdiviana, por la tupida vegetación que tiene a causa de las frecuentes lluvias que se registran. “Llueve más que en Londres”, dice, y agrega que, a la vez, “hace mucho frío”, con temperaturas que pueden llegar a los 5 grados bajo cero.

“Es un lugar que tiene muchos ríos, bosques, lagos. Nosotros vivimos en el campo, alejados de la ciudad, en un cerro que está rodeado de bosque nativo”, expresa.

“La idiosincrasia es muy diferente”

Mirando hacia atrás, Agustina cuenta que adaptarse a vivir en Chile le costó mucho.

“Siempre le digo a los extranjeros que desde el primero al tercer año de vivir acá, estás entre que te volvés y no te volvés. Lo que más me costó a mí es que, a pesar de que estamos al lado, hay muchas diferencias culturales. El chileno es más cerrado y por ahí más temeroso. Eso quizás se deba a que en Chile hubo 17 años de dictadura, bastantes más que en la Argentina, y la idiosincrasia de ellos es muy diferente”.

También le costó acostumbrarse a la comida, hasta que aprendió a alimentarse de otra manera.

“Lo que pasa en cuanto a las comidas es que acá no son muy comunes, por ejemplo, las pastas rellenas, y las carnes y ese tipo de cosas no son buenas. Las comidas son muy parecidas a las que tienen los gringos, en Estados Unidos, porque hay mucha comida chatarra. A la vez, también hay mucha comida de olla, como sopas y cosas así. Lo que no hay son milanesas”, dice riendo. Lo que tiene Chile a favor en cuanto a alimentación es que hay mucha variedad de pescado, aunque a ella no le gusta mucho.

“Todo se paga”

Continuando con las diferencias entre uno y otro país, remarca lo que sucede en lo que respecta a la salud.

Acá todo se paga, y si no tenés plata literalmente te morís, porque en cosas tan simples como una apendicitis tenés que estar muy grave para que te atiendan. Si no, tenés que pagar mucha plata, tenés que desembolsar cheques en blanco para que te atiendan”, afirma. Eso se debe a que buena parte de los servicios de salud son privados.

También están los hospitales del Estado, pero nunca hay cupos. Entonces, si te tenés que operar por ahí quedás en una lista de espera por dos o tres años. Así como en Argentina la salud pública es la mejor, acá la mejor atención en salud está en manos privadas”, explica.

“Ya tengo una vida acá”

“Igualmente -sigue-, acá hay cosas buenas, como estar tan cerca de la naturaleza, en las que encuentro diferencias con la Argentina. Por ejemplo, para llegar a Santiago viajo una noche en colectivo y el pasaje sale súper barato. O sea, está esa cercanía con la capital. Así que me costó adaptarme, pero ahora no sé si podría volver a vivir a la Argentina. Aparte, ya tengo una vida acá y un hijo que casi tiene 9 años, Dante Díaz Lalla. Él es chileno y por cualquier cosa también lo nacionalicé argentino”.

Agustina cuenta que viene a Chacabuco aproximadamente cada dos años, y con sus padres y otros familiares también suelen encontrarse en San Martín de los Andes.

“Trato de ir todas las veces que puedo para la Argentina, porque es más fácil que vaya yo a que vengan ellos, porque acá es todo más caro”, dice. Además, afirma que lo que más extraña de Argentina son las comidas.

“Ojalá no pierda esa búsqueda de cercanía con la gente”

También extraño la idiosincrasia argentina. Eso de hablar con la gente en la calle o cuando vas a algún lado a comprar algo. Acá eso no pasa, y cuando empiezo a hablar la gente me mira raro como diciendo ‘esta me quiere hacer algo’. Para mí eso es normal, y ojalá que no pierda esa búsqueda de cercanía con la gente, que es lo poco que me queda de la Argentina”, relata.

La chacabuquense cuenta que si bien no se ha encontrado con muchos, las estadísticas oficiales indican que entre los extranjeros que viven en Chile los argentinos ocupan uno de los primeros lugares. Muchos de ellos, agrega, llegaron a ese país en los ‘90, durante el gobierno de Carlos Menem.

“Eso es lo que se dice, pero yo no encuentro muchos argentinos. Sí en los veranos, cuando vienen muchos del sur de Argentina para acá, en muchos casos para comprar. Eso es porque acá hay cosas que son más baratas, como la electrónica. Eso se debe a que hay un tratado de libre comercio con Estados Unidos”, dice.

“No hay un término medio”

Chile tiene desde el 11 de marzo pasado un nuevo presidente, José Antonio Kast, del Partido Republicano, al que se define como “de ultraderecha”. Según cuenta Agustina, estos primeros meses fueron muy duros en el país, ya que subieron mucho los precios y “lo poco que había en temas sociales, como la ayuda, se está perdiendo”.

“Habrá que aguantar cuatro años, hasta que venga un gobierno de izquierda, porque acá es así: son cuatro años de gobiernos de derecha y cuatro de izquierda. Acá la política partidaria está muy marcada por la izquierda bien de izquierda y la derecha ultraderecha y es como que no hay un término medio”, señala.

Finalmente, antes de la despedida, la chacabuquense cuenta un deseo que tiene para dentro de muchos años.

“Tengo la idea de pasar mi vejez en Bariloche. Eso me gustaría mucho. Creo que sería un buen lugar para terminar mi vida, porque es algo parecido a donde vivo ahora, pero en la Argentina”, concluye.

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