La Justicia condenó a Carlos Roberto Gilligan, conocido como “Tejo”, a la pena de trece años de prisión, accesorias legales y costas, al hallarlo autor material y penalmente responsable del delito de abuso sexual con acceso carnal reiterado en dos oportunidades, en concurso material entre sí.
Según surge de la resolución judicial, los hechos ocurrieron durante el año 2017 en Chacabuco y tuvieron como víctima a Luz Milagros Kling. El fallo fue dictado en el marco del Código Penal y el Código Procesal Penal de la Provincia de Buenos Aires.
Además de la condena, el tribunal dispuso que, una vez firme la sentencia, se comunique el fallo al Registro de Condenados por Delitos contra la Integridad Sexual y al Registro Nacional de Datos Genéticos vinculados a este tipo de delitos, autorizándose la realización de los exámenes necesarios para la identificación genética del condenado.
La resolución también establece la intervención del Juzgado de Familia correspondiente y regula los honorarios profesionales del abogado defensor.
En otro de los puntos del fallo, la Justicia ordenó imponer una medida de coerción personal sobre Gilligan, disponiendo su inmediata detención en una dependencia policial o dentro del ámbito del Servicio Penitenciario Bonaerense.
Asimismo, se autorizó la implementación de un régimen de arresto domiciliario con monitoreo electrónico, sujeto a informes socioambientales y técnicos por parte de los organismos correspondientes, medida que regirá hasta tanto la sentencia adquiera firmeza.
El comunicado de la víctima
Tras conocerse la condena, Luz Milagros Kling difundió un extenso mensaje público en el que expresó el impacto personal del proceso judicial y reflexionó sobre la importancia de denunciar.
“Cómo docente y actriz, cómo la niña que fui, quiero contarles que la Justicia determinó una condena de 13 años de prisión para Roberto Gilligan, conocido como ‘Tejo’, profesor, actor y director de la ciudad de Chacabuco. 13 años de prisión, 13 años tenía yo cuando comenzaron los abusos, ¿casualidad?”, expresó.
“Denunciar tiene costos enormes, pero también es una forma de buscar verdad, reparación y justicia. Hoy siento que, después de tantos años, nuestras voces fueron escuchadas”, manifestó.
En su comunicado, también agradeció especialmente “a las primeras niñas y familias que se animaron a denunciar en 2015”, señalando que “abrieron un camino” que le permitió comprender y contar lo sucedido.
Kling sostuvo además que espera que la sentencia “sirva también para que las instituciones reflexionen sobre la importancia de proteger a las infancias y adolescencias, de ser empáticos con quienes se animan a hablar”.
Finalmente, remarcó: “La reparación nunca es completa, pero el silencio ya no tiene lugar. Merecemos una sociedad con los ojos abiertos que no encubra e idolatre a los violentos. La verdad saldrá a la luz, porque hay más”.