DE CHACABUCO AL SUR EN DOS RUEDAS

Un chacabuquense realiza una travesía de 4.500 kilómetros en bicicleta

Andrés Biscotti ya recorrió más de mil kilómetros de las provincias de Buenos Aires, La Pampa y Río Negro. Su objetivo es llegar a Esquel y cruzar a Chile. En el camino comparte la experiencia en sus redes y el mensaje de animarse a viajar.

El chacabuquense Andrés Biscotti emprendió a mediados de septiembre su segundo gran viaje en bicicleta con el objetivo de unir nuestra ciudad con el sur del país y cruzar hacia Chile. Equipado con lo justo y necesario -incluida su guitarra, con la que suele tocar en plazas para financiar el trayecto-, el cicloviajero avanza paso a paso impulsado por la hospitalidad de la gente, la vida al aire libre y la fascinación por descubrir nuevos caminos.

Andrés tiene 40 años y es hijo de Maricel Chari y Gerardo Biscotti. Este es el segundo viaje que realiza por la Argentina en bicicleta. El primero lo hizo el año pasado, cuando estuvo durante tres meses recorriendo Entre Ríos, Corrientes y Misiones. En esa ocasión, lo acompañó su perra Bochita, a la que llevaba en el canasto de la bici. Esta vez, la mascota se quedó en Chacabuco.

“Voy pasito a pasito”

Este año la decisión fue ir hacia el sur, sin tener muy definido cuál será el punto de llegada en su itinerario. “Voy pasito a pasito”, dice el cicloviajero, que se puso como objetivo por lo menos duplicar el trayecto realizado en su primera travesía, que fueron unos 2.200 kilómetros.

La salida fue el 16 de septiembre y comenzó pasando por ciudades como Junín, Lincoln y General Villegas. Desde esta última se dirigió a La Pampa y llegó a General Pico, donde descansó unos días en la casa de un amigo. Luego pedaleó hasta Santa Rosa, donde tiene otro amigo, en este caso un guardaparques que trabaja en la reserva Pichi Mahuida, que se encuentra a unos 300 kilómetros.

“En Pichi Mahuida me quedé varios días, recorriendo la reserva”, cuenta, y agrega que desde allí se fue por un camino de tierra, abriendo y cerrando tranqueras, hasta la ruta 22, desde la cual se dirigió a la ciudad de Choele Choel, en la provincia de Río Negro.

“Estoy maravillado”

“Estoy maravillado, porque inicialmente no lo había pensado así. Uno se propone llegar a un determinado punto, pero en el medio van surgiendo paisajes y experiencias que no esperaba y que te dan ganas de seguir”, dice.

Andrés charla con Chacabuco en Red desde la plaza principal de Luis Beltrán, una ciudad de unos 6.500 habitantes que se encuentra en el Valle Medio de Río Negro. Su próximo destino será Cipolletti, también ubicada en esa provincia, donde tiene algunos amigos.

“Después mi idea es ir hasta el lago Aluminé, pasar por Moquehue y luego bajar por la ruta de los Siete Lagos para llegar a San Martín de los Andes y Bariloche. Más adelante voy a pasar por El Bolsón y Esquel, hasta llegar a Trevelín, en la provincia de Chubut”, relata. En esa zona existe un paso fronterizo a Chile, el cual piensa atravesar para luego subir por el vecino país y a la altura de Aluminé volver a cruzar a la Argentina y emprender el regreso a Chacabuco.

Actualmente, lleva recorridos unos 1.000 kilómetros, pero si completa el plan de viaje que tiene llegaría a los 4.500.

Guitarreando en las plazas

Cuando está en Chacabuco, a Andrés se lo suele ver tocando la guitarra a la gorra en alguna esquina céntrica. El instrumento musical forma parte del equipaje en su viaje al sur, por lo que cuando puede toca en los pueblos que visita, lo cual le permite recibir algún aporte para seguir.

“Igual, no toco mucho, porque cuando uno está viajando no tiene tanto tiempo, o quiere descansar para salir al otro día. Así que no saco tanto la guitarra, pero cuando la saco toco y me va bien, a la gente le gusta”, comenta.

Su rutina en los días que viaja comienza en la noche anterior, acostándose muy temprano para levantarse antes de que amanezca.

“Por lo general antes de que salga el sol ya estoy levantado y tomando unos matecitos. Siempre tomo unos mates antes de salir, porque si no estoy medio dormido. Así que desayuno algo, desarmo la carpa, ato todo en la bicicleta, saludo y salgo con el sol. Trato de andar con luz solar, pero cuando me agarra la tardecita pongo las luces y todo. También llevó una remera reflectiva, para que me vean. Siempre hay que estar atento, porque mucha gente es re piola, pero hay de todo en este mundo”, afirma.

En algunos días llegó a hacer trayectos de 100 kilómetros.

Durante estas cuatro semanas de viaje el clima ha sido bastante amigable, aunque lo han sorprendido algunas lluvias mientras se hallaba pedaleando. De todas formas, siempre consulta los pronósticos y las tormentas más fuertes que hubo lo encontraron en algún reparo.

Andrés lleva en su bicicleta todo lo que necesita. Acerca de esto cuenta que en el canasto en el que antes viajaba su perrita ahora tiene botellas de agua, un inflador, la pava, comida y otros elementos. También lleva consigo la carpa, un aislante, bolsa de dormir, un anafe chico, la guitarra y dos alforjas que hizo para llevar herramientas y demás cosas.

“Es más que nada la cabeza y las piernas”

El chacabuquense viaja en una bicicleta rodado 29 bastante convencional. Según dice, no hace falta algo muy especial para poder andar.

“Me he cruzado con muchísimos cicloviajeros, y he visto a gente andando en bicicletas playeras, sin cambios ni nada, y van lo más bien. La verdad es que esto no depende tanto de la bicicleta, es más que nada la cabeza y las piernas. Igualmente, teniendo una bicicleta que funcione bien se reniega menos”, afirma.

La mayoría de las noches el viajero duerme en su pequeña carpa, la cual va armando en lugares que le recomienda la gente de cada pueblo.

“La gente tiene muy buena onda con los viajeros. A donde voy charlo con todo el mundo, me preguntan cosas del viaje, y siempre hay alguien que te brinda una ayuda, o algún techo. La verdad es que la paso muy bien viajando”, afirma.

También se encuentra con muchos cicloviajeros como él. De hecho, en Choele Choel conoció un compañero de viaje, con el que llegó hasta Beltrán.

“Es la primera vez que comparto un viaje con alguien, y está bueno, porque nos ayudamos mutuamente. Además, te hacés amigo al toque”, expresa.

“Un día dije ‘yo quiero hacer lo mismo’”

Andrés dice que sus ganas de viajar en bicicleta le surgieron de ver videos de personas que hacían eso. La idea, agrega, la fue madurando estando en el patio de su casa, donde hay un gallinero, una huerta que atiende su madre y una casa de barro que hizo él.

“Siempre me gustó lo natural y administrar mi tiempo. En un momento empecé a ver cicloviajeros por YouTube y las redes sociales y me empecé a quemar la cabeza. Veía que pasaba el tiempo y ellos iban de una ciudad a otra y me veía a mí mismo siempre en el mismo lugar. Así que un día tomé coraje y dije ‘yo quiero hacer lo mismo’. Entonces, me empecé a preparar físicamente y a preparar una bicicleta rodado 26 que tenía. Lo primero que hice fue un viajecito a Chivilcoy, del que terminé destruido. Después me fui dando cuenta de que había cosas que estaban buenas para incorporar a la bicicleta, como un buen espejo, y el uso del casco. Para mi esas son cosas muy necesarias, también llevar alguna herramienta, así como parches y solución, cámaras y también un inflador. Esas cosas son importantes”, expresa.

Canal en Youtube y una vía para recibir yuda

Andrés -que, como sus padres, es scout de toda la vida- tiene un canal de YouTube, que se llama Thefalaxo (El Flaco), en el que muestra lo que va pasando durante sus viajes. Ese mismo nombre -Thefalaxo- es el alias de su cuenta de Mercado Pago, a través de la cual recibe donaciones que lo ayudan a seguir. También tiene una cuenta en Facebook, como Andrés Biscotti.

Antes de despedirse, relata su emoción y entusiasmo ante lo que está viviendo.

“Estoy maravillado con el paisaje, con la gente y con las oportunidades que te abre un viaje así. Si alguien no sabe qué hacer y es mayor, yo le diría ‘subite a una bicicleta y empezá a viajar; te vas a un pueblito, después a otro, o andate a dedo’. Yo también he viajado a dedo y es lindo. El dedo me cansó un poco por el hecho de que tenés que llevar todo el peso encima tuyo. En cambio, en la bicicleta vas rodando; vas despacio, pero no sentís el peso en la espalda. Así que la gente que no sepa qué hacer, puede agarrar la bicicleta y hacer un viaje a un pueblito o a donde quiera, porque a donde quiera ir va a llegar, porque una vez que empezaste a mover las ruedas te dan más ganas de seguir”, dice antes de despedirse para seguir viaje.

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