La revolución francesa representa la aparición y el triunfo de la burguesía y su gobierno sobre los sectores del privilegio preponderantes, entonces, el clero y la nobleza. Si bien señaló en la historia una etapa que se caracteriza por su violencia, transformó el concepto de Estado Nación y de individuo. Un 14 de julio de 1789, revolucionarios dirigidos por Camilo des Modesmovlinx tomaron la Bastilla, y en ese acto comienza a desmoronarse la arbitrariedad, los privilegios económicos y el absolutismo real que gobernaban decían por mandato divino.
Nadie puede negar la influencia de la revolución francesa que ejerció sobre los hombres y los movimientos revolucionarios que se sucedieron en el continente americano durante el siglo 19. El venezolano Francisco Miranda fue uno de esos hombres. Colaboró con el ejército de la revolución en Francia. Y luego, cuando en 1806 llegó a América, y asociado con Bolívar, otro de los grandes hombres que abrevaron en la revolución francesa, como San Martín y Belgrano, comenzó la insurrección en Venezuela que culminó con su independencia. Hasta nuestras playas llegaron también las ondas del espíritu de libertad, que envolvió a la Francia de 1789.
Jacobinos eran, entre otros, Moreno, Castelli y Monteagudo, y, como tales, eran hombres con ideas claras y y combativas que buscaban la libertad del hombre por el hombre mismo. La declaración de los derechos del hombre y del ciudadano fue el acto que marcó definitivamente el éxito de la revolución francesa y su espíritu de libertad. 43 días después, el 11 de, el 14 de julio de 1789. El 26 de agosto, sucumbía un régimen monárquico a manos de un nuevo orden, que sería hasta hoy una de las fuentes de todos los progresos políticos y sociales del mundo, como lo fueron en en otro momento la revolución industrial en Inglaterra y la revolución rusa en lo social en 1917. El 14 de julio de 1789 marcó no solamente una gesta francesa, sino un nuevo pronunciamiento, una forma nueva para que el pueblo pudiera hacer valer sus derechos.
Después de 1789, en el mundo se empezó a hablar de justicia, de derechos y deberes de constitución y de dignidad, libertad, igualdad y fraternidad. Un sueño, una utopía aún no cristalizada.
Y hoy, en la patria grande, qué lejos estamos con las políticas neoliberales.
Ateneo, Arturo Jaureche, Manuel Ugarte.