Tomás Urretavizcaya: Piloto desde la cuna

El joven piloto de nuestra ciudad nos abrió las puertas de su casa para una entrevista que abarca sus inicios en el automovilismo, hasta la actualidad, contando anécdotas, grandes hazañas y momentos difíciles que le toco atravesar durante su carrera.

El joven piloto de nuestra ciudad nos abrió las puertas de su casa para una entrevista que abarca sus inicios en el automovilismo, hasta la actualidad, contando anécdotas, grandes hazañas y momentos difíciles que le toco atravesar durante su carrera.

Arrancando por la etapa de Karting, Tomás nos cuenta cómo fue viviendo cada una de las etapas de su vida, la relación con su padre, los conocimientos adquiridos con el tiempo, su consagración en el Campeonato de TC Pista del año 2009, las diferentes categorías en las cuales participó, la actualidad en el Turismo Nacional y sus intenciones a futuro.

¿Cómo y cuándo se te despertó el interés por el automovilismo?

Fue muy de a poco. Recuerdo que un día, siendo un niño mí viejo me regalo un Karting, yo estaba en el jardín todavía, el karting paso años y años en el taller de “Tito” Gardela, que quedaba a la vuelta de la escuela primaria donde yo iba, la escuela 3. Recuerdo de chico, ir y mostrarles a mis amiguitos que tenía un karting, pero solamente mostrarlo, estaba muy lejos aún de subirme. Me acuerdo una vez que lo armamos y salimos con mi viejo a andar a la calle y quizás hasta me asusté un poco (risas).

Después, bueno, siempre cerca del kartodoromo yendo a ver carreras, iba a algunas pruebas de karting. Mi viejo tiene un amigo, Miguel Lozano, que el hijo corría, Hernán y alguna que otra vez me he subido a su karting y sentía que no desentonaba tanto. El tema era quizás un poco mi miedo de subirme a un karting y ser de madera, malísimo y que digan, mira el hijo de “Tito” lo mal que anda.

¿Cómo manejabas la presión de ser hijo de “Tito”?

Cargaba con esa mochila de chico, porque imagínate, toda mi niñez, los años 90 iba a las carreras con mi viejo y veía lo que el representaba, no solo en Chacabuco, si no en todos lados y el ídolo que yo veía, quizás no sé si defraudarlo o tener esa mochila, o sea dedicarme a lo mismo que él y no servir y el ser bueno, me ponía en un estado de mucha presión.

Algo parecido les pasaría a algunos de tus colegas, De Benedictis, Castellano, Di Palma

Con De Benedictis éramos amigos de chicos, porque él también iba a las carreras con su padre, nos llevaban las motos o algún cuatriciclo y nosotros andábamos haciendo quilombo por ahí. (risas) También estaba Josito Di Palma. Después de más grande lo conocí a Johnatan Castellano. El corrió en karting, hizo toda una escuela siendo chico, pero quizás su padre dejó de correr mucho antes, a finales de los 80 por lo que las carreras de ellos no se mezclaron, como lo fue en mi caso con mi viejo.

Con mi viejo, tuvimos 4 finales de turismo de carretera juntos y 3 en TRV6, así que tuve la oportunidad en el automovilismo grande, de vivir todas las etapas, porque pasé de ir a ver una carrera en una cuna, a estar largando con mi viejo una final de TC en la misma fila.

Alguna vez renegaste de la profesión de tu viejo, tal vez al viajar tanto no estaba tan presente. ¿Cómo vivías esa situación?  

Quizás en algún momento que mi viejo ha tenido muchas obligaciones en Buenos Aires, se fue a vivir allá y lo veía poco. Cuando me llamaba me preguntaba las tablas. (risas). Yo estaba en la primera etapa de la primaria y decía: “éste encima me llama dos veces por semana y me toma examen”. Pero bueno, uno de grande entiende que el automovilismo es una profesión, tratamos de hacer lo que nos gusta a un buen nivel. Sin duda que mi viejo siempre estuvo presente. La relación cambió bastante cuando me empecé a subir arriba de los autos, porque sentíamos que podíamos hablar de igual a igual muchas cosas, como colegas y no ya como padre e hijo. Deje de ser “Tomasito”, el niño que iba a las carreras y andaba por todos lados a pasar a ser “Tomas” y tener otro tipo de dialogo con los miembros del equipo, los ingenieros y, en definitiva, a sentirme un piloto y ganarme el respeto de todos.

¿En qué momento sentiste que se te fue la presión esa que marcabas?

Fue cuando cumplí 14 o 15 años, que me empecé a armar ese mismo karting que mi viejo me había regalado de chico, iba al kartódromo y se me rompía una cosa, se me rompía otra y lo volvíamos a armar con mis amigos, uno de ellos era Carlos De Franceso, que tenía un taller de motos y me dio una mano y bueno, lo fuimos mejorando mucho. Después mi viejo me compró un karting como para poder competir realmente, ahí conseguimos pelear bien arriba y empecé a sentir de a poquito que me iba sacando esa mochila.

Más tarde le comencé a insistir, porque había una categoría en ese momento, que hoy todavía está, que es el GT 2000, que son autos parecidos a los Formula, pero con techo. Algunos directivos de la categoría le insistieron también para que me lleve a probar, y pude ir, y además conseguir buenos resultados, los que me permitieron creer que en cierta forma me podía dedicar verdaderamente al automovilismo.

El auto de GT 2000

¿Mientras tu carrera iba creciendo, te planteaste alguna meta o algún objetivo a futuro?

En realidad, trataba de vivir el día a día. Se me fueron dando buenos resultados en todo lo que fue la escala hasta el Turismo Carretera, en promedio fueron buenos resultados y eso te va dando mucha confianza, el factor psicológico es muy importante. Hay que entender que si andas mal a veces no es solo el piloto, sino que puede ser el auto. También se te va dando la profesión, empezás a tener contacto con patrocinantes en búsqueda de presupuesto para poder encarar un campeonato. En un principio tal vez se ocupaba de eso mi viejo, pero después, hasta hoy en día ya todo eso lo manejo yo.

En el marco internacional, hoy estamos muy relegados, quizás el que está abriendo fronteras hoy es José María López, pero con el nivel de automovilismo que tenemos en Argentina podríamos estar compitiendo en cualquier otro lado, el problema es cruzar el charco y todo lo que lleva a que los patrocinantes inviertan en un piloto argentino en Europa. Yo creo que, si nuestro país estuviese situado en Europa, muchos podrían estar corriendo a un gran nivel. A José María López lo pones en cualquier categoría importante y no desentona, hace podios o gana. Girolami, Guerrieri y Pernia también están o han tenido oportunidad de estar y les ha ido muy bien, pero sigue siendo muy difícil pegar el salto y permanecer allá. Por ahí en otros deportes es más fácil, pero en el automovilismo cuesta mucho. Si nos remontamos en el tiempo, el ultimo que tuvo grandes resultados y fama internacional, fue Reuteman, de ahí hasta acá, muchos han ido a probar y todo, pero no consiguieron grandes logros. Ahora por suerte con Pecho y algún otro esperemos que de a poco eso vaya cambiando.

A vos te toco vivir una época en la cual la categoría cambió muchísimo ¿Cuáles son las mayores diferencias que sufrió el Turismo Carretera en el los últimos años?

Son mundos totalmente diferentes. Nunca me hubiese imaginado en los 90 el automovilismo de hoy y si ponemos un equipo de los 90 en el automovilismo de hoy se notaría una diferencia muy grande. El TC de los 90 es como lo que es hoy el Turismo 4000, en cuanto a lo técnico, a la estructura de los equipos. Antes se juntaban en una peña, hacían una comida, sorteaban algunas cosas y así juntaban unos mangos. Hoy si no tenes un ingeniero metido en el equipo, alguien que se encargue solo del tema gomas, o así otras cosas, si no tenes gente profesional en cada cosa, perdes décimas de segundo y hoy 5 décimas te llevan a clasificar en primer lugar o en el puesto 25.

¿Se perdió un poco la mística del piloto?

Son otras maneras, es otra la exigencia. Capaz que ves una cámara a bordo de mi viejo del año 95 y lo ves que viene a los volantazos, empezando a frenar a los 240 metros de la curva y hoy se frena a los 80 metros. Se acortan las distancias, se hace todo mucho más específico, las direcciones son muy duras, la temperatura dentro del auto es muy elevada, la exigencia física del piloto también cambió mucho. Sin desmerecer el automovilismo de antes, capaz que te comías un sándwich de milanesa antes de subir y no había problemas, corrías toda una final. (risas). A mi particularmente me gustaba más el automovilismo de antes, porque podías ir de costado y no perder tiempo, y quizás mirabas una clasificación y el décimo estaba a dos segundos del primero y hoy en dos segundos esta toda la categoría, más de 30 autos. Antes estabas a un segundo y podías llegar a pelear una carrera, hoy estar a un segundo es muchísima diferencia.

Contanos tus inicios en las categorías del TC

Arrancamos ahí por una cuestión de que mi viejo tenía un motor de un Falcon que había comprado en un momento. Se lo llevamos a Jonny De Benedictis que lo armo para un TC Mouras y encaramos medio a los ponchazos. Me acuerdo que alquilábamos un auto que nos salía $5000 por carrera y para ir a correr tuvimos que comprar las butacas porque no las tenía, fue muy a pulmón. Sin embargo, en la primera carrera terminamos 4to. No lo podíamos creer.

Anécdota con Tito de copiloto

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