Sesionaron como es De Vido

Publicación pedida de María Eugenia La Rocca.

Pertenezco a una generación de argentinos cuya “instrucción cívica” era materia más que destacada en los colegios secundarios. Recuerdo aún a mi profesora de Educación Democrática entrando solemnemente al salón cuyas integrantes nos poníamos de pie como impelidas por un resorte. Como si lo viviera hoy, además escucho el ruido que hacía su bagaje sobre el escritorio: Su llavero, el registro de asistencias y su libro favorito que viciosamente apoyaba haciéndolo sonar como un cañón: “Los Orígenes de la Democracia Argentina” de Ricardo Levene. Lo abría inmediatamente después de su -“¡Buenos días, alumnas! Tomen asiento” mientras buscaba afanosamente entre sus páginas un capítulo determinado; luego seleccionaba un tema  para cada una, y lo enunciaba con el fin de obligarnos a hacer una “monografía”.  A pesar del fastidio colectivo, no había lugar para la resistencia. “Los Cabildos” (fue el contenido que me asignaron a mí) eran un asunto muy serio como para andar interponiendo alguna queja, una excusa, una negación. Y me aventuré aquella vez a lidiar con los Adelantados, el Gobernador, un Capitán General y su majestad el Rey…  Me familiaricé con ellos, sobre todo con los “Diaguitas y Comechingones”… (Que terminé convirtiéndolos en el nombre de mi equipo de Vóley). Era natural que bajo la presidencia del General Alejandro Lanusse, flamante sucesor de su igual Marcelo Levingston, la Hermana Superiora sorpresivamente apareciese en el aula para supervisar nuestro aprendizaje y pero ese día ella “decretó” que éramos muy pequeñas para semejante encomienda dado que el motivo a tratar era muy elevado e incomprensible. (Con los años descubrí que lo incomprensible era hablar de Democracia en plena dictadura militar. En particular para la monja, que provenía de un “orden cerrado”).

Quien  me lee se preguntará a dónde querré llegar con este relato de mi niñez/adolescencia. Pues bien, la intención es hacer ver lo extraño que es para muchos de nosotros llegar a asociar este presente con los Cabildos de antaño o el Directorio, la Asamblea del año 13, el Cabildo Abierto, la creación del Congreso de Tucumán, ¡”Las provincias Unidas”! y todo lo que nos enseñaron… Yo aprendí de una profesora que admiraba al citado abogado, sociólogo e historiador Levene; parangonar eso con lo que viví esta misma tarde (hasta entrada la noche) me fue muy frustrante. Nada de ese estudiado civismo de ayer se asemeja mínimamente a las sesiones legislativas de la actualidad. Para guiarlo, lector, lea usted a un diputado de aquél entonces: “¿Qué avanzaríamos con un Congreso en donde no haya de presidir la confianza y la buena fe? (…) Yo quisiera mejores corazones, buena fe, amor al bien común, unión, virtudes. Esto subroga muy bien á los talentos sublimes, á los grandes ingenios, y reniego de éstos cuando faltan aquéllo”.Así exponía el diputado Fray Cayetano Rodríguez. Encuentre alguna similitud con nuestra actualidad. Intente encontrar cierta coincidencia con el actual diputado Julio De Vido, -por ejemplo- quien como se ha convertido en un coleccionista de denuncias en su contra, corría hasta hoy el riesgo de ser separado de sus funciones. Expulsado.

Pero en la última sesión de diputados nuestros legisladores no lo lograron. Se fueron en miles de palabras. Todos y cada uno de ellos. Con talento e ingenio. ¡Hasta felicitaron a los abuelos en su día! Y hablaron de la inolvidable Cristina. De los genocidas. De las víctimas de once y del ajuste (y del hambre) de Macri. (Conspiraron también pués de sus opulentas dietas no dijeron nada). Se contradijeron. Se acusaron entre ellos. Se insultaron. Se mofaron. Y todo ese patético espectáculo con pretextos y evasivas para tratar de verse más honorable como Cuerpo; o sea, simulando echar a un diputado indigno… No quepan dudas de que el gobierno también capitalizará el resultado obtenido, en tiempos pre electorales son todos cómplices. Tiene suerte De Vido. Mucha más suerte que la que pudiéramos tener cualquiera de nosotros si en nuestro trabajo se pusiera en tela de juicio nuestra función. Escuché atentamente su alocución. El ex ministro es deshonesto, es impúdico, es picante. Y el horror de fondo es que todos nuestros representantes que le cubrieron la espalda (que le salvaron el pescuezo) y que también legislan a su modo en un país depredado moralmente, hoy sesionaron como es él… ¡No, como es debido!

 

María Eugenia La Rocca