Los pueblos que no tienen memoria están condenados a repetir los hechos más nefastos, a veces primero como un drama, después como una tragedia. Por eso se deben generar espacios para razonar, memorizar ese pasado y así proyectar y concretar un futuro para todos, que incluya terreno, techo, trabajo, salud y educación.
El golpe cívico militar del 24 de marzo del 76 fue asestado contra un gobierno constitucional cuando sólo faltaban ocho meses para llamar a elecciones nacionales. La muerte del general Perón, el primero de julio de 1974, había sumido al movimiento nacional cuya columna vertebral es el peronismo en una profunda crisis de la que ya no saldría por ese entonces.
Abandonados por unos o tergiversados por otros como el menemato al que siguió el radicalismo como el de hoy, salvo pocas y honrosas excepciones, fue fagositado por los hombres de negocios, primero con Macri y ahora con Millei. Pero los pueblos como los terremotos emergen sin avisar y en el 2013 con Néstor y Cristina vuelve el peronismo como movimiento nacional a desplegar las grandes banderas de la liberación nacional con la justicia social, la independencia económica y la soberanía política con la integración latinoamericana.
Pero volviendo al golpe cívico-militar del 24 de marzo debemos recordar que en los meses previos al golpe conspirando contra el gobierno se había un paro de las entidades agrarias cuando no con la sociedad rural al frente los grandes mentimedios de desinformación en ese entonces Clarín y la Nación, los canales de TV y sus periodistas ensobrados como hoy el poder económico real detrás del trono donde los Menem, los Macri, los Fernández, los Millei son simples marionetas de ese verdadero poder.
También fue triste el rol de los partidos políticos que llenaron de funcionarios a los ministerios, embajadas, gobernaciones e intendencias, radicales, demócratas progresistas, los socialistas democráticos y otros. También como cómplice de la dictadura estuvo, aunque mínimamente, la cúpula de la iglesia católica.
Ahora nos preguntamos cuáles fueron los objetivos centrales de este criminal golpe. En primer lugar debemos mencionar la muerte de Perón y su objetivo del proceso mal llamado de reorganización nacional era desmontar la legislación laboral, aboliendo derechos conquistados y la participación obrera y popular en la distribución del ingreso nacional como hoy pretenden los libertarios. Privatizar empresas del Estado al que había que destruir, importación sin ton y son como hoy donde cierran 30 empresas por día con más de 200.000 desocupados, por el industricidio, extractivismo sin valor agregado, por sólo mencionar algunos aspectos de la política económica actual.
Y el otro aspecto, el otro objetivo tan central como el primero, fue el secuestro y desaparición de 30.000 compañeros y compañeras, apropiación de hijos de bienes, vuelos de la muerte. Eran jóvenes politizados con ideales sanos y nobles que querían una patria para todo, justa, libre y soberana.
Recordar siempre a todos y a nuestros desaparecidos de Chacabuco y seguir persistiendo en la búsqueda de justicia. Y para los negacionistas y si algunos de estos jóvenes y no tan jóvenes hubieran cometido actos de violencia, incluido la muerte, identificarlos, detenerlo, juzgarlo de acuerdo a las leyes y si correspondía, cárcel y cadena perpetua.
Y para concluir, el Ateneo hace constar, porque siempre se habla de golpe militar y que se repite sin cesar, porque en estos países semicoloniales hay dos ejércitos. El que actúa como brazo armado del poder económico, como el del 24 de marzo del 76 y el ejército como brazo armado de los intereses del pueblo. Que el Ateneo reivindica ejército de San Martín, de Mosconi, de Perón, de Valdich, de Alvarado en Perú, de Torres en Bolivia y tantos otros, porque necesitamos un ejército nacional y popular integrado a un gobierno cuyo objetivo sea la grandeza de la nación y la felicidad del pueblo.