¡Puedo superarme!

Cuando miramos hacia atrás vemos lo que ha sucedido, vemos las pérdidas; cuando miramos hacia adelante vemos las oportunidades. De eso se trata la vida, de mirar hacia atrás y construir hacia adelante, de salir de nuestra zona de estancamiento, de salir de nuestra zona de confort y saber que todos podemos crecer. Entrevista a Bernardo Stamateas

Todos los seres humanos anhelamos el reconocimiento, o la aceptación, de otros. ¿Por qué? Porque esto nos brinda gratificación. ¿A quién no le agrada ser reconocido, aplaudido, celebrado? Resulta sencillo entender al violinista. Como nadie está exento de precisar ‘esa mirada social’, reconocerlo nos libera. Algunos comentan: ‘Yo no necesito que nadie me reconozca’. Tal vez lo perciben como una actitud negativa pero en realidad es una necesidad innata que todos compartimos.

Es por ello que la ‘falta de mirada’, que muchas veces comienza durante la infancia en casa donde no recibimos la atención que esperamos, nos duele. Ser tenido en cuenta es necesario para crecer con una estima sana. Pero una vez que alcanzamos la edad adulta, deberíamos tomar la ‘falta de aplauso’ como un incentivo para procurar la mejora continua.

Si no fuiste ‘mirado’ por la gente importante en tu vida, te animo a convertir eso (en especial, el dolor que te pueda haber causado) en fuerza para alcanzar tus metas. Las críticas, las desilusiones, las traiciones y todo lo negativo que nos sucede a menudo, si aprendemos a leerlo correctamente, puede pasar a ser un entrenamiento que nos conduzca a la promoción.

Nuestra vida debería consistir en trabajar en nosotros mismos con el objetivo de superarnos cada día un poco más. Muchos viven compitiendo con los demás y se esfuerzan por ser mejores que el resto, pero nunca realizan una mirada introspectiva para ver qué aspecto necesitan superar en ellos mismos. No podemos cambiar lo que hemos hecho en el pasado pero cada mañana tenemos una nueva oportunidad de construir un futuro mejor hacia adelante.

Vivir es como escribir un libro. Cuando hemos terminado la obra, volvemos a leerla para descubrir y corregir los errores. Después de un tiempo, releemos el texto y nuevamente encontramos algunas equivocaciones, o simplemente puntos que decidimos pulir. Cuánto más lo leamos, más cosas para modificar hallaremos. Eso es precisamente lo que sucede con los errores que cometemos en la vida. Al meditar sobre ellos una y otra vez, nos preguntamos: ‘¿Pero cómo puede ser, si eso ya lo había modificado?’.

El aprendizaje en la vida es constante. Sin condenarnos, deberíamos revisar periódicamente aquello que no hicimos bien para corregirlo o mejorarlo. Para perdonar (y perdonarnos), cuando haga falta. Y para tomar ánimo para seguir adelante. La respuesta siempre está en nuestro interior. Por eso, no hay que prestarles atención a los que opinan que no se puede. La mejora continua es un proceso que lleva toda la vida. Y depende de uno y solamente de uno.

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