Desde OEDEC ponemos el foco en una mirada más amplia de la pobreza, que no se limita a los ingresos económicos. Las condiciones de las viviendas, el acceso a servicios básicos, la educación y las oportunidades laborales también son fundamentales para comprender las desigualdades sociales.
El Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, junto con Fundación LA NACION y Hambre de Futuro, desarrolló el Índice de Pobreza Multidimensional Extrema (IPME). A partir del Censo 2022, esta herramienta mide el riesgo de vulnerabilidad territorial mediante una escala de 0 a 100, cuyos valores no representan porcentajes de pobreza.
Los resultados muestran importantes diferencias regionales. El NOA registra 39,5 puntos y el NEA, 38,1, los valores más elevados del país. Les siguen Cuyo con 35,1, la Región Pampeana con 30,0, el AMBA con 29,9 y la Patagonia con 29,6. El promedio nacional se ubica en 32,0 puntos.
El informe también señala que las dificultades habitacionales, la falta de acceso al agua y al saneamiento, el empleo informal y los bajos niveles educativos pueden acumularse en los territorios más vulnerables. Además, el 51,8% de los hogares del NOA y el 50% del NEA tienen niños, niñas o adolescentes, porcentajes que describen la composición de los hogares y no la pobreza infantil.
En la provincia de Buenos Aires, el índice alcanza 31,6 puntos, ligeramente por debajo del promedio nacional. A su vez, el 43,1% de los hogares bonaerenses tiene población de entre 0 y 17 años. Sin embargo, estos promedios no permiten identificar por sí solos las diferencias existentes entre municipios, barrios y localidades.
Desde OEDEC consideramos necesario trasladar esta perspectiva a Chacabuco, para conocer las condiciones de vivienda, los servicios disponibles y las oportunidades de educación y trabajo en cada barrio. Identificar dónde se concentran las necesidades es fundamental para establecer prioridades, orientar los recursos y promover mejores condiciones de vida para toda la comunidad.