A 50 años del último golpe cívico-militar, tenemos la responsabilidad de detenernos, reflexionar y reafirmar un compromiso que debe ser inquebrantable: la defensa de la democracia y las instituciones.
Más allá de debates o miradas sobre el pasado, esta fecha no puede ni debe reducirse a una discusión numérica o ideológica. Es, ante todo, una oportunidad para recordar que la violencia, la intolerancia y la interrupción del orden constitucional nunca pueden ser el camino.
Como sociedad, y especialmente quienes tenemos responsabilidades públicas, estamos llamados a construir una Argentina donde el diálogo, el respeto y la ley sean siempre el marco de nuestras diferencias. Ese es el verdadero aprendizaje que nos deja la historia.
El “Nunca Más” no es una consigna del pasado: es una tarea permanente del presente.