Morse | Desgarrador relato de una joven víctima de violencia de género

Realizó un posteo en sus redes sociales.

Una joven oriunda de la localidad de Morse, escribió en sus redes sociales un relato de violencia de genero que vivió en carne propia en manos de su pareja.

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“En Morse, Buenos Aires, partido de Junín.
Después de estar 5 años con una persona obsesionada, manipuladora, agresiva, psicópata, decidí terminar la relación con Genaro Cabrera, padre de mi hija menor.
Me escapé callada, a la mañana, asustada y sin mirarlo, me iba mientras me decía que la próxima en las noticias era yo. Pero primero mataría a mi papá, para que sufra bien antes de acabar conmigo.
Se me pasó la vida entera en segundos.
Descendió del auto a la noche, se perfiló a mi papá (queriendo cumplir lo dicho). Mamá y Ale vieron el bulto grande que cargaba en la cintura. Dieron aviso al móvil policial que no tardó más de unos segundos. Gritaba y golpeaba con el puño derecho muy fuerte la mesa. Mis piernas se desvanecían. El corazón salía de mi cuerpo. Sabía bien que sería la última vez que apreciaría los ojitos de mis hijas, llorosos, llenos de miedo, temblando de angustia. El cuchillo medía 20 cm de hoja. Lo más loco, estuvo no más de 2 horas detenido. Yo esperando a poder denunciarlo. Cuando llegué a la comisaría de la mujer, lo primero que me dijeron era que les diga a mis familiares que se retiren del lugar, que dejen de gritar porque iban todos detenidos. Mientras él ya dormía tranquilito en su cama. No quiero ser un caso más de femicidio, tener que salir muerta en la tele para que las autoridades me respondan. A pesar de la incansable lucha de las mujeres para que dejen de matarnos, la única forma de llamar la atención pareciera ser estar muertas. Así me lo dijeron, quedó en libertad porque yo no presentaba lesiones. Quiero vivir. Quiero salir a la calle y no tener miedo de que me esté espiando, siguiendo, esperándome. Lo dejaron como si nada hubiera pasado. Es un pueblo chiquito, no voy a poder salir más. Tengo miedo, mucho. Sé que no termina acá, no me escuchan.
Agradezco desde lo más profundo de mi ser a mi amiga Ale, que se comprometió, me agarro fuerte de la mano y me acompañó. A mis viejos que son mis pilares, gracias porque sé que están. A mis hermanos, sobrinos y cuñadas”.

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