Historias de pescadores

(FOTOS Y VIDEO) Nueva nota de la columna de Luis Ventimiglia para Chacabuco en Red. Lee la experiencia que vivieron el fin de semana pasado en la Laguna de Rocha.

La felicidad le gano a la tristeza.

Eso fue lo que sucedió, una pesca en donde los sentimientos encontrados lucharon en mi interior, al final pudo más la alegría de poder ir con mi hijo Enzo, mi nieto Vicente y mi yerno Carlitos Crisci a pescar. Al llegar a mi tan querida Laguna de Rocha me encontré con que al caminar hacia el centro de la misma no encontré más de 30 cm de agua en la parte más profunda, lo que me dio una tristeza enorme.

Pero como al final el amor puede más, el sentimiento de ver a mi nieto lograr su primera tarucha con tan solo dos años, y ver su cara de satisfacción y de sorpresa al enseñarle que tenía que devolverla, hizo que mi día sea más feliz que triste.

Cuando llegamos y comenzamos a tirar no teníamos respuesta, vimos que estaba baja pero no imaginábamos tanto, solo un pique habíamos tenido mi yerno Carlitos saco una hermosa taru  y no hubo más respuestas, hasta que se me dio por meterme al agua y ahí nos dimos cuenta del problema: estábamos pescando en 10 cm de agua, así que caminamos hasta que logramos la mayor profundidad posible (eso fue unos 30 cm) y ahí sí estaban ellas activas, voraces, peleadoras. Uno tras otro se fueron dando los piques una yo (con Vicente a cucucho porque no quería meterse al agua) otra Enzo, dos Carlitos y así llegamos a la docena de taruchas, obviamente todas devueltas en perfecto estado a su hábitat.

Casi llegando al mediodía decidimos volver a la costa a levantar los equipos y mientras juntábamos las cañas, el milagro que cambio mi día: Vicente tuvo un pique en su cañita, la que el tata le regaló para navidad, y luego de una tenaz pelea (ayudado por el abuelo) logró su primera taru, esa que según él es asiiiii de grande. Una alegría enorme, luego de innumerables fotos enseñarle a que había que devolverla, al principio no le gusto ni medio, era su trofeo, pero al final entendió que si la devolvía en unos meses volveríamos a buscarla un poco más grande, y saltaba diciendo la devolví, la devolví ( con sus dos años y medio que se dé cuenta de lo que tenemos que hacer para conservar la especie me lleno de emoción).

Luego decidimos regresar a casa, al retirarme mire una vez más la laguna  y juro que casi se me escapa una lágrima, deseando que ojala las autoridades a quien competen logren que hidráulica repare el terraplén, caso contrario en quince días solo nos quedara el cauce del rio para pescar.

Abrazo pescador

Luis O. Ventimiglia, pescador apasionado.



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