Francesc Miralles | Claves para una vida larga, feliz y llena de sentido

Entrevista a uno de los autores de desarrollo personal más influyentes del mundo.

Escritor, ensayista, traductor y músico. Nacido en Barcelona, en 1968, Francesc Miralles, es uno de los autores de desarrollo personal más influyentes del mundo. Coautor de ‘Ikigai’, uno de los libros más leído dentro y fuera de España.

Francesc ha dado a conocer el concepto ‘Ikigai’ en todo el planeta, y está inspirando a centros educativos y empresas, que han comprobado cómo poner el propósito vital en primer lugar mejora la felicidad de alumnos y equipos de trabajo.

Se entusiasma cuando explica que el “Método Ikigai” es aplicable a la educación y a la vida profesional, ya que defiende que mantener la pasión y no perder de vista los objetivos, ayuda a sobreponerse a las dificultades y a salir reforzados ante cualquier cambio o crisis.

Aquí, va extracto de la charla:

— ¿Todo saldrá bien? ¿Podemos vivir de forma proactiva, optimista y sin miedo en este tiempo tan excepcional?

— La palabra clave en este comienzo del verano es sin duda: incertidumbre. Tras la mayor pandemia del último siglo, y ante la grave crisis económica a la que nos ha llevado, todos nos planteamos cómo va a ser el mundo tras la Covid-19. El destino nunca es conjunto, un destino de todo el mundo, sino que es una suma entre las condiciones y situaciones que vive la humanidad y la actitud individual de cada persona. Hay gente que en este tiempo le ha ido muy bien, logro reinventarse y se ha ajustado a las nuevas posibilidades. Otros se han quedado paralizados y otros a la espera de que el mundo entre en otra fase para poder llevar adelante sus proyectos. Por lo tanto el ‘todo saldrá bien’ está al alcance de todo el mundo depende de nuestra plasticidad, la capacidad de adaptación y de ver nuevas oportunidades en este entorno. Todo dependerá de que posición ocupemos nosotros en esta nueva situación mundial y la que vendrá luego. Hay gente que ya está trabajando en este momento para anticipar ese futuro.

— ¿Qué es el  ‘Ikigai ‘?

— ‘Ikigai’ es la palabra que descubrimos en nuestro trabajo de campo en Okinawa. De hecho, Héctor García y yo íbamos buscando cosas sobre alimentación, sobre estilo de vida, relaciones, ejercicio físico, que era lo que nosotros sabíamos, un poco, de la cultura de Okinawa, que ya es muy conocida porque es una zona azul muy potente, la número uno de hecho, «zona azul» es aquel lugar donde se vive mucho más que en el resto del mundo, porque se dan unas condiciones. Y nosotros no teníamos en mente la palabra «Ikigai» y, de hecho, la palabra «Ikigai» existe en japonés, pero no se usaba ni siquiera en Japón con el sentido que se usa hoy, que es una palabra que a partir de nuestro libro se ha introducido en todos los idiomas. Al empezar a entrevistar centenarios les preguntamos: ¿Qué es lo que te impulsa cada día para levantarte de la cama?, ¿Cómo es que puedes tener tanta energía?, ¿Por qué tienes tantas ganas de vivir? Entonces, una de las palabras que más surgió en estas entrevistas era: Yo tengo mi Ikigai, y el Ikigai, que está formado por dos términos japoneses que «iki» es vida y «gai» es merecer la pena, de manera literal significa: una vida que merezca la pena. Pero cuando se ha traducido a otros idiomas, pues se traduce como razón de vivir, propósito de vida, misión. Entonces, el «Ikigai» es aquello que da un sentido a nuestra vida, básicamente.

— ¿Cómo es la vida que vale la pena ser vivida según esta filosofía? ¿Cómo sería una vida con Ikigai?

— Para empezar sería diferente en una ciudad que en un pueblo. Ahora con la pandemia hay un auge con los neorrurales muchas personas dejaron la ciudad para irse a vivir al campo en busca de ambientes más tranquilos, se sienten atraídos por las bondades de la naturaleza, intentan huir de la crisis y encontrar nuevas oportunidades laborales, también hastiados del estrés o del consumismo de las grandes ciudades, aspiraron aislarse en zonas rurales dejando de lado esa fascinación por los atractivos típicos de la ciudad (cine, shopping, heladerías, etc.). Fue fascinante conocer a los ancianos de Ogimi, que de hecho es un pueblo que por el hecho de estar en el récord Guinnes de longevidad, en el puesto número uno, ya se conoce como la aldea de los centenarios. Entonces, cuando fuimos allí con la intención de entrevistar a los cien más ancianos, nos dijeron: «Al profesor de tenis no lo entrevistéis, que tiene solo setenta y ocho», y ese es el que entrena todo el pueblo, era un señor que corría mucho más que Héctor y que yo, pero un montón. Entonces nos dimos cuenta, claro, has de pensar que es un pueblo rural, agrícola, que podría hacernos pensar, por ejemplo, en la costa valenciana, porque cultivan muchos cítricos, hay algunos cítricos que solo son de allí. Entonces, la vida allí es, vista por alguien de ciudad, muy rutinaria. Aparentemente siempre hacen lo mismo, se levantan con el sol, cultivan su huerto, hacen sus ejercicios de «radio taiso», que son como una tabla de ejercicios que antes era por la radio solo y hoy en día también lo siguen por la televisión… Luego se encuentran con los amigos para celebrar, para comer, para cantar, etcétera. Entonces, cada día es igual al anterior y dices: «¿Es aburrido?», pues no. Para ellos es maravilloso tener el privilegio, cada día, de poder hacer lo mismo. Hay una cita de Milan Kundera que dice que la felicidad es el deseo de repetir. Entonces, cuando a ti te gusta la vida que haces, cuando tú estás en paz con tus rutinas porque sabes que estás cuidando tu cuerpo, cuidando tu mente, cuidando a tus vecinos… quieres vivir mil años de esta forma. Entonces, lo primero que aprendimos de los ancianos japoneses fue que una vida simple no tiene por qué ser una vida pobre, ni una vida vacía, ni una vida poco interesante, sino que quizás la profundidad de la existencia se comprende con ese tipo de actividades muy sencillas. Y de hecho, si algún día ingresamos en un monasterio zen, lo que nos va a decir el Roshi, el maestro, es: «Medita mientras peles o laves una patata, como si fuera lo más importante del mundo». Por lo tanto, ellos hacen cada una de las cosas que hacen con enorme amor, dedicación y «mindfulness», como diríamos hoy en día. Entonces nos dimos cuenta de que eran muy alegres, muy energéticos y muy optimistas, porque siempre están ocupados y siempre están en comunión con los demás. Es una vida muy gregaria y eso les da muchísima energía, mucha confianza y mucha seguridad.

La entrevista completa:

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