El domingo último a la madrugada falleció a los 97 años Amín Yaber, un vecino que llegó a Chacabuco en 1951 desde el Líbano y, salvo un período de los ‘60 en los que regresó a su país de origen, este su lugar en el mundo.
Este miércoles, a través de las redes sociales, Daniel Yaber, hijo de Amín, escribió una semblanza sobre su padre, quien había nacido el 21 de marzo de 1929 en un pequeño pueblo libanés de montaña llamado Aabey, desde el cual, señaló, “se puede ver Beirut recostado sobre el mar Mediterráneo”.
“Quienes lo conocieron y trataron personalmente, sabrán de sus historias de vida y anécdotas, todas ciertas por increíbles que pudieran parecer. Nos las contaba a nosotros, sus hijos, como lo hiciera Edward Bloom al suyo en la película de Tim Burton ‘El gran pez’. Sólo que allí eran de ficción y en la nuestra, reales. Tuvimos una infancia feliz gracias a esos primeros cuentos fantásticos, en su mayoría extraídos de ‘Las mil y una noches’ y otras fascinantes historias bíblicas del Medio Oriente con las que, de chicos, lograba hacernos dormir. Ya siendo grandes, nos atrapaba su propia historia”, agregó Yaber.
En su país, contó el hijo, allá por 1950, Amín se capacitó para ser técnico operador en radiofrecuencias, pionero de la aviación civil libanesa. Su llegada a la Argentina se produjo en abril de 1951 a bordo de un barco llamado Provence, en el cual había zarpado desde Marsella.
“Tenía apenas 22 años y el deseo enorme de conocer a su padre”, escribió Daniel, y agregó que en sus primeros años en el país Amín fue “motoquero” y “piloto de avión Piper en la Escuela de Pilotos de Junín en 1953”. Por aquellos tiempos se ganó la vida trabajando en el almacén de su padre, que se llamaba Amado. Luego armó radios en Casa Martegani y años después televisores que vendía con su propia marca: Biblos TV.
“Amó profundamente a su esposa Alicia y juntos formaron una hermosa familia. Un ser de excepción que nos habló de ecología en épocas en que nadie lo hacía, de la necesidad de viajar y conocer otras culturas, de ser auténtico, de tener buen humor, de ser capaz de reírse de uno mismo y de exprimir la vida hasta la última gota, que de eso se trata. Y vaya si lo logró”, señaló la publicación de Yaber, que luego relató:
“En 1965 decidió volver a su tierra junto a su familia, atraído por un trabajo importante que le ofrecieron: reincorporarse a Middle East Airlines con sueldo equiparado al de un ingeniero en electrónica -portaba la credencial escrita en inglés que lo acreditaba y exhibía orgulloso-. Hablaba árabe, inglés, francés y castellano.
Regreso a la Argentina
“Pero llegó la guerra en 1967 y obligó el regreso a Argentina. Fuimos repatriados gracias a las gestiones del consulado argentino en Beirut; llegamos al puerto de Buenos Aires en un barco mercante un caluroso día de enero de 1968, ya decidido Amin a quedarse definitivamente en su tierra de adopción. Tuvo que empezar de nuevo, buscar casa y trabajo con dos hijos en edad escolar y su esposa cursando el octavo mes de embarazo.
“En 2009 la Embajada del Líbano en la Argentina le hizo entrega de un reconocimiento honorífico a su persona en homenaje al inmigrante radicado en Argentina y por ‘representar el noble símbolo del espíritu libanés’. Fue entrevistado en diversas ocasiones para que contara su fascinante historia de vida. Una parte de ella reseñada en un libro declarado de interés legislativo y cultural por el Honorable Concejo Deliberante de Chacabuco. Hay allí cuatro -y ahora cinco- generaciones involucradas.
“Y como el tiempo precede a la existencia, para nosotros no deja de existir sino que transmigra y se convierte en el más hermoso recuerdo que vivirá por siempre en cada uno de sus hijos, nietos y bisnietos.
“Si algún día ese bisnieto que está llegando en el mismo ciclo solar del que partiste, tal vez uno de los nietos mayores le cuente tu historia, el significado de tu aporte después de todo lo que pasaste y fuiste capaz de superar. Que piensen en ti y puedan nombrarte. Y estarás ahí. El inmigrante libanés convertido en recuerdo, mensaje y plegaria. ‘Amin’ como el significado bíblico de tu propio nombre: ‘Que así sea’.
“En el majestuoso Universo en el que viajamos, conjeturo se producirá el encuentro del que nos hablabas. Quizás fuera el destino, ‘Maktub’ nos decías en árabe, -que ya está escrito- que todo tiene su tiempo, que ‘nadie se muere en la víspera’.
Dos bendiciones
“Será por eso que en la escritura del tuyo, el mismo único Dios (Allahu-Ákbar) lo modificó apenas un poco, algún renglón, tal vez un cuarto de página, y sólo para confortarte te bendijo dos veces:
“Primero, cuando decidió llevarte mientras dormías, no quiso que sufrieras, no lo merecías. Ya habías experimentado el máximo dolor que un padre puede soportar tras la injusta muerte de tu pequeña hija Claudia.
“Y luego,cuando no quiso que continuaras viendo el horror de los escombros donde antes existían pintorescos pueblos borrados por los drones y misiles de un ejército invasor que está destruyendo tu hermoso Líbano; el de las montañas de piedra caliza color almagre que contrasta en belleza con el azul profundo del mar y el verde de los cedros milenarios, el de tus sueños de los veinte años y de aquel más hermoso sueño que allí gestaste y lograrías concretar: Argentina te estaba esperando y con ella el amor y todos nosotros. Ahora a tus noventa y siete partiste y yo te despido, como allí es costumbre; en nombre de mis hermanas, tus hijas, y de tus nietos y bisnietos Emilia, Felipe y Catalina. Hasta Siempre Papá”.