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El Acompañamiento Terapéutico es una profesión

por Romina Fabricio.

Termina la parte formal de un camino, Tecnicatura Superior en Acompañamiento Terapéutico. Un título, una instancia, un escalón. Nada que detenga a seguir en busca de conocimientos, de formación permanente ante cada caso para el que se nos convoca.

Tenemos una responsabilidad enorme, como los médicos, los docentes, los psicólogos, (por poner un ejemplo) y todas las profesiones.  Tal como los ciclos vitales se suceden en la especie humana, cada grupo etario de intervención es recibido como un convite para  abrir la puerta a repensar, deconstruir,  a crear y formarnos permanentemente más allá de las singularidades.

Estamos formados para trabajar en la multidisciplinaridad, aprendimos a observar, a plasmar en informes los emergentes que otro profesional tomará para su competencia. No somos menos, no somos más, somos únicos en nuestra intervención. Este año el Ministerio de Salud  validó profesionalmente nuestro ejercicio con la matriculación a quienes reúnen las condiciones. Hecho que nos avala en situación legal –formal.

Intervención que implica cotidianeidad,  a la que le sumamos  el aporte de la clínica de lo cotidiano, esa es nuestra especificidad. Clínica de lo cotidiano, del desvalimiento, encontrarse sin recursos frente a  otro que se vincula con muchos otros y que tiene pertenencia a un contexto familiar, social, en un momento histórico determinado. Donde el dolor pide a gritos de diferentes maneras poder poner en escena la palabra. ¡Tamaña responsabilidad!

Tenemos principios éticos, la mirada y la intervención del AT deben propiciar acompañamientos respetuosos y adecuados basados en el derecho de decisión y elección de la persona, el respeto de su ideología.

Somos  testigos-soporte. Accionamos en escuchar, preguntar, bucear en la historia, observar movimientos desde una mirada desprejuiciada y atenta que implica una idea del otro como sujeto, alguien que puede decir del modo en que puede lo que le ocurre atravesado por sus síntomas y patologías que no han de ser más que etiquetas para nosotros, puntos de partida para un plan de trabajo.  

Gracias a los profesores  que trascendieron en mi formación,  acompañados y sus familias, a  profesionales que demandan la intervención, en especial a mi colega, Emilia Machello, por trabajar juntas en EQUIPO, convencidas de que el trabajo solitario no suma para construir y contribuir en mejorar la calidad de vida de quienes nos convocan.

Romina Fabrizio.
RN:74398

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