Había nacido el primero de noviembre de 1907, en Aniatuya, Santiago del Estero, y su verdadero nombre era Homero Nicolás Mansione Prestera. A los 9 años, se trasladó a Buenos Aires, y desde entonces hizo suya la ciudad y su gente, que fueron el tema de su profunda poesía. En 1926 ingresó a la Facultad de Derecho, y años más tarde comenzó a trabajar como profesor de literatura en un colegio secundario. Fue un hombre comprometido con los intereses del pueblo, por eso el silencio de la oligarquía.
Y empezó a militar políticamente en el radicalismo. Después del golpe de estado de 1930, se convirtió en un duro crítico del gobierno del general Uriburu, lo que le valió perder su cátedra y cárcel. En 1935, participó en la formación de Forja junto a sus amigos y denunció el estatuto legal del coloniaje y la primera década infame. Más tarde, adhirió al naciente movimiento peronista porque pensó que respondía más que el radicalismo a sus principios. Declaró en 1947, Perón es el reconductor de la obra inconclusa de Yrigoyen.
Nosotros no somos ni oficialistas ni opositores, somos revolucionarios. Manzi compuso letras con la abundancia y éxito suficiente como para hacer de ello un oficio. Pero no fue un mero letrista, ni hizo del tango un hábito menor, un entretenimiento. Por el contrario, le dio el mejor de su temperamento. Fue sobre todo un hombre íntegro y sensible.
Le supo reflejar sus impresiones y vivencias con un lenguaje de enamorado, de enamorado de la vida, a tal punto que, en definiciones, para esperar su muerte, Su último poema despárramó una queja porque se iba en medio de lo que todavía no he podido amar.
El 3 de mayo de 1951, cuando tenía 44 años, su corazón se apagó para siempre. Esa noche, en el velatorio, alguien le puso una mano temblorosa sobre sobre su cabeza y le dijo a Aníbal Troilo, este no tiene reposición. Se había ido el poeta, un consecuente militante de la causa nacional y popular.
Ateneo Arturo Jauretche, Manuel Ugarte.