Diferencias entre psicología y psicoanálisis (II)

Por la Licenciada Paula Claudel, especial para Chacabuco en Red.

En la entrega anterior comenzamos a distinguir psicología y psicoanálisis. Sintéticamente recordemos que la primera es una ciencia que estudia los procesos mentales del ser humano tales como: percepción, atención, memoria y, algunos más complejos, como inteligencia y aprendizaje. En las teorías producidas subyacen categorías ontológicas (sobre el ser) y normativas (se distingue normal de patológico). Pero también se realizan estudios transculturales para comparar dichos procesos en diversos grupos étnicos, pues hasta lo que nos parece más “natural” está determinado por la cultura en la que vivimos.

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Los abordajes terapéuticos desde este marco se caracterizan por abocarse a la conciencia, la voluntad y la motivación. Si bien existe una variedad de enfoques, en general ofrecen herramientas para  que el individuo logre mantener un equilibrio emocional  y pueda responder adecuadamente a su entorno familiar, laboral, etc. con recursos como actividades relajantes y el establecimiento de objetivos a cumplir, o bien por la modificación de sus esquemas de pensamiento a través de las preguntas que realiza el/a psicólogo/a en cada sesión.

Por su parte, el psicoanálisis surgió como disciplina a fines del siglo XIX,  en un contexto donde la medicina no lograba explicar una serie de fenómenos que se presentaban generalmente en mujeres: estados de exaltación, desmayos y parálisis corporales que no respondían a afecciones nerviosas. Es decir, no se hallaba una causa orgánica; algunos psiquiatras lo atribuían a factores hereditarios y otros las consideraban como mentirosas.

El neurólogo vienés Sigmund Freud comenzó a atender a las histéricas a partir de contar con distintas hipótesis sobre la etiología, las cuales fueron cambiando a lo largo de su investigación. Al comienzo, adjudicó los síntomas neuróticos a una historia de padecimientos traumática, cuya impresión psíquica provocaba una suma de excitación que no había sido descargada con una reacción adecuada en el momento (supongamos, una vida de maltrato familiar donde la persona no se defendió ante las humillaciones). Por eso él recurrió a la catarsis como método terapéutico.

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Luego Freud especificó un mecanismo psíquico de defensa: la represión, la cual consistía en desalojar de la conciencia una representación intolerable para el yo (un hecho penoso, el anhelo de algo prohibido). Pero el afecto ligado a la misma se asociaba a otras representaciones, generándose manifestaciones corporales o el pensamiento obsesivo. En busca de estos elementos inconscientes, Freud implementó durante un tiempo la hipnosis, y luego propuso la asociación libre; una regla fundamental que consistía en pedir a sus pacientes que dijeran todo lo que se le ocurriera aunque pareciera insignificante o vergonzoso.

Es imposible presentar su extensa obra en estas líneas. Como esquema general, siempre postuló a la base un conflicto psíquico entre distintas instancias: el yo y ciertas representaciones, el inconsciente y la conciencia, pulsiones de vida y de muerte; Yo, Superyó, Ello y realidad. Por lo cual, concibió a los síntomas como soluciones de compromiso ante dichos conflictos internos al aparato psíquico y por las relaciones con el mundo exterior.

Muchas de sus ideas fueron rechazadas por la comunidad por resultar escandalosas para su época. Por ejemplo, cuando postuló como etiología de la neurosis el acontecimiento de una vivencia sexual infantil que en la pubertad se volvía traumática -luego la atribuyó a fantasías sexuales inconscientes. Por el contrario, otras nociones que fueron aceptadas son actualmente muy cuestionables, como el Complejo de Edipo -consistente en que el niño ama a la madre y desea matar al padre-. Podría decirse que lo más novedoso que introdujo Freud se fue opacando con una cosmovisión pansexualista y biologicista. Incluso, se fue transformando en una psicología, al explicar el desarrollo normal en fases libidinales, ignorar los sesgos culturales de su teoría (describe familias patriarcales, hetero-normativas, etc.) y dejar en segundo plano la particularidad de la historia de cada paciente.

Estas tendencias hermenéuticas para comprender los casos se exacerbaron en los desarrollos de autores post-freudianos; nuevamente se volvió a clasificar a las personas: ahora como “histéricas”, “obsesivas”, “inhibidas”, “impulsivas”, etc. También comenzaron a realizarse interpretaciones pre-establecidas como “deseo sexual inconsciente hacia el mismo sexo”, “tendencia hostil hacia su padre reprimida”, etc. 

Es la propuesta de Jacques Lacan la que vuelve a encauzar la disciplina hacia las determinaciones inconscientes que causan sufrimiento a los/as pacientes, quienes hacen o piensan algo en contra de su voluntad, pero trabajando en el nivel del lenguaje con el tema o problema que los/as aqueja. Su propuesta es drásticamente diferente: elimina el criterio evolucionista, suprime lo normal/patológico, propone otro modo de intervención. Pues, con presentaciones más o menos sutiles, aún existen síntomas que la medicina no puede atender – por falta de causa orgánica- y que sí puede tratar el psicoanálisis.

Paula A. Claudel

 Prof. y Lic. en Psicología (M.P. 10804)

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