Chacabuco, de campos con cosechas récord a darle la espalda a Mauricio Macri

El resultado de las elecciones en nuestra ciudad valió un informe especial del Diario Clarín. Leelo acá

Chacabuco. Enviado especial de Clarín (Carlos Galván)

Chacabuco, pleno corazón agrícola-ganadero bonaerense, pago del presidente de la Sociedad Rural Argentina, del vice de la Asociación de Siembra Directa y de la Fiesta Nacional del Maíz, tierra en la que nació y desde la que se expandió a nivel global DonMario, la principal semillera argentina, suelo de rinde récord en la cosecha de este año de maíz, campos en los que una hectárea se comercializa a 15.000 dólares y en las que pastorean más de 100.000 cabezas de ganado. Bueno, este Chacabuco en el que se concentra el voto del campo, en las primarias le dio la espalda a Mauricio Macri. Acá ganaron los Fernández y Axel Kicillof. Y por el efecto arrastre, el Frente de Todos quedó a un soplo de arrebatarle el Municipio a Cambiemos.

Las PASO fueron apenas una semana después de la inauguración de la exposición de la Sociedad Rural, donde el Presidente fue celebrado. ¿En Chacabuco ocurrió lo mismo que en la Villa 31 de Retiro, donde el macrismo invirtió millones y se llevó un chasco electoral? ¿O será que en Chacabuco el campo genera enorme riqueza pero ésta no se derrama allí? ¿O si se derrama y los vecinos no llegan a percibirlo de manera nítida, como sostienen los productores? ¿O no escapó a las generales de la ley y el combo tarifazos, inflación y pérdida de poder adquisitivo resultó letal para el oficialismo, como en otras ciudades del interior bonaerense?

En la ciudad y también en las afueras quedan pocos vestigios de la campaña electoral. En el peronismo lo atribuyen a que después de las PASO inspectores municipales arrancaron todos los carteles de propaganda. Pero en el centro aún se encuentran muchas pintadas y afiches con los nombres y fotos de la fórmula presidencial y para la gobernación del Frente de Todos. En los alrededores de Chacabuco, en las alambradas que limitan con la ruta nacional 7 se ven muchos carteles con la consigna “Axel Kicillof Gobernador”.

Clarín recorrió el miércoles pasado Chacabuco de Norte a Sur y de Este a Oeste. No encontró ningún cartel –ni uno– con los nombres de Mauricio Macri y María Eugenia Vidal. Sí había del radical Víctor Aiola, quien busca su reelección como intendente. Como otros alcaldes bonaerenses de Juntos por el Cambio, es obvio que apuesta a municipalizar la elección y a evitar que lo arrastren a una posible catástrofe.

Del escrutinio provisorio había surgido en Chacabuco un dato llamativo: Kicillof aparecía con más votos que Fernández. Pero el definitivo enmendó el error. Quedó así:

+ La fórmula de los Fernández sumó 15.434 sufragios contra 12.235 de la de Macri y Miguel Pichetto.

+ Kicillof juntó 15.168 contra 13.394 de Vidal.

+ Los dos peronistas que compitieron en las primarias por la candidatura a intendente (el justicialista Ricardo Ciminelli y el camporista Martín Carnaghi) sumaron 15.040 votos contra 14.738 del radical Aiola.

Hubo tijeretazo: el intendente sacó 2.503 votos más que Macri, pero ni así le alcanzó. Quedó 302 votos abajo. Aiola entiende que puede dar vuelta el resultado. Aquí, las municipales suelen definirse por menos de 1.000 votos de diferencia.

Chacabuco, 55.000 habitantes, a dos horas y media, casi tres, de Buenos Aires, es una ciudad pulcra, bonita, de casas bajas, donde quizá la propia idiosincrasia local prohíbe la ostentación. En 2015 y en 2017, aquí había ganado Cambiemos.

Aiola recuerda que cuando asumió, en 2015, los vecinos le pedían por la limpieza, la seguridad y el tránsito. “Hoy me reclaman también tres cosas: empleo, empleo y empleo”, describe a Clarín el intendente.

Kicillof, quien no había ido en toda la campaña, se apareció por Chacabuco en el Clio el viernes de la semana pasada. Hubo alguna gestión indirecta para que se reuniera con la Sociedad Rural local, pero su consejo directivo definió que mejor no.

Sebastián Sofía, presidente de la entidad ruralista, entiende que la gente del campo aún acompaña a Juntos por el Cambio. El mismo -con sus hijos son cuarta generación de productores agropecuarios- votó a Macri.

“Estoy peor que hace 8 años atrás, pero no me quiero fijar solo en el bolsillo sino en qué país le dejamos a nuestros hijos”, dice Sofía. Sobre por qué perdió Macri en Chacabuco, opina: “El campo en realidad somos tres gatos locos. Los productores debemos ser el 10% de la población general de la ciudad”.

El intendente Aiola subraya que el sector agropecuario acompañó a Juntos por el Cambio, pero que en Chacabuco no todos los votantes son del campo.

Es más: el intendente describe que la ciudad se conurbanizó, que en el campo quedan menos productores debido a que la actividad se concentró en grandes pooles de siembra, que debieron cerrar dos escuelas rurales por falta de matrícula. “La gente que antes vivía en el campo ahora vive en la ciudad”, apunta.

De un año para acá la Municipalidad debió duplicar la ayuda social en remedios, chapas, ladrillos, cemento, comida. “Y pienso que hay una demanda no manifiesta de gente que le cuesta venir a pedir ayuda“, dice Aiola.

“La riqueza que genera el campo no sé si se queda acá en Chacabuco”, menciona. “Tiene poco derrame el campo, acá no se venden las maquinarias agrícolas ni hay concesionarias oficiales de autos”, completa el intendente.

Ciminelli, el candidato a intendente por el Frente de Todos, también observa que el campo no genera empleo. A esto agrega un cuadro de “cierres de comercio, fábricas y empresas de muchos años en Chacabuco, a lo que se suman otras que redujeron su personal. Hay mucha necesidad que antes no se veía”.

El candidato opositor está alineado con Julián Domínguez, ex intendente de Chacabuco, ex presidente de la Cámara de Diputados y macho alfa del peronismo local.

Domínguez detalla que en los últimos años “la semillera Nidera cerró su planta en Chacabuco y hubo despidos en molinos, en una multinacional que produce diferentes productos en base al maíz y en una semillera. Hay un achicamiento de la economía. Antes en la avenida Alsina era imposible encontrar un local disponible y ahora hay varios vacíos”.

En la céntrica Alsina se ven locales vacíos. En las tres primeras cuadras anteriores a Plaza San Martín, la principal, hay ocho comercios cerrados. 

José Luis Tedesco es productor en Chacabuco y vicepresidente de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid).

Su mirada es diferente. Entiende que el sector tiene un problema de comunicación que le impide percibir de manera clara a la gente, tanto en Chacabuco como en otras zonas rurales, que el campo sí genera empleo, aunque no tanto de manera directa.

“En el campo ahora se necesita mano de obra muy calificada, no es como antes que con manejar un tractor ya estaba”, argumenta Tedesco.

Pero Tedesco resalta que la actividad demanda desarrollo de semillas y fertilizantes, de genetistas, de servicios de agronomía y financieros, de transporte, de maquinarias. Y que además las materias primas posteriormente generan trabajo en la agroindustria, como en los molinos y las aceiteras.

“Me parece que se pierde esa trazabilidad. El habitante promedio no se siente parte del sistema agropecuario aunque lo sea. El desafío que tenemos por delante es cómo comunicar esto”, agrega Tedesco. Y concluye: “Nos vamos temprano al campo, viajamos mucho, y se nos complica participar en la vida democrática de nuestras comunidades”.

El maíz en esta campaña tuvo un rinde récord en estas tierras: se cosecharon más de 10.000 kilos por hectárea. De trigo, 4.800 kilos por hectárea. Tomando todos los cultivos, desde la soja hasta el sorgo, aquí se cosecharon casi un millón de toneladas de granos en el último año. Un montonazo para un único distrito.

El miércoles una sola estación de servicio ofrecía gas en Chacabuco. Los automovilistas hacían una cola de unos 45 minutos para cargar combustible barato.

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