A los medios de comunicación y a la comunidad:
Decidí compartir esta carta para que todos los medios cuenten con el mismo relato de lo que viví y puedan transmitir mis palabras con claridad, evitando versiones que distorsionen lo sucedido.
Mi nombre es Andrea Otegui. Soy docente de Nivel Inicial y Primario, fui directora de la Escuela N.º 17 y actualmente me desempeño como preceptora en la Escuela Nacional, donde trabajo desde hace diez años. Tengo veintidós años de trayectoria docente y nunca había vivido una situación semejante.
El día de la agresión llegué a la escuela e ingresé a un aula para acompañar a los alumnos que estaban realizando actividades de continuidad pedagógica. En ese momento, una madre se presentó a los gritos, exigiendo que buscáramos a su hija. Le indiqué que debía dirigirse a Dirección.
Luego de unos minutos, regresó hacia mí y, señalando que yo era la preceptora, volvió a exigirme que buscara a su hija. Comenzó a insultarme, me escupió, me golpeó en la cabeza y me tiró al piso, mientras continuaba amenazándome. Después se retiró con su hija y, antes de salir de la escuela, también golpeó a la directora.
El reclamo de la madre estaba relacionado con una situación ocurrida días antes entre estudiantes, que había sido abordada por la Dirección de la escuela. Para preservar la intimidad de los alumnos involucrados, no voy a dar detalles ni hacer públicas acusaciones sobre menores de edad.
Quiero dejar expresamente aclarado que nunca acusé a la alumna de nada ni utilicé palabras ofensivas para referirme a ella. Comprendo que una familia pueda acercarse a pedir explicaciones o expresar un desacuerdo, pero ninguna preocupación justifica insultar, amenazar o golpear a quienes trabajamos en la escuela.
Lo ocurrido atravesó a toda nuestra comunidad educativa. Hubo alumnos que presenciaron los gritos, las amenazas y las agresiones. Ellos también quedaron expuestos a una situación que nunca debería ocurrir en una escuela.
Escribo desde el dolor y la angustia. Fue una jornada larga y profundamente triste. Adoro la escuela en la que trabajo, disfruto de mi tarea y comparto cada día con compañeros y directivos a quienes valoro profundamente. Nunca imaginé que, en ese lugar tan querido, iba a ser agredida de esta manera.
Quiero que lo ocurrido se haga visible, que se esclarezca y que tenga una respuesta de las autoridades correspondientes. Necesitamos medidas concretas que nos permitan trabajar y aprender en un entorno seguro. No podemos esperar una tragedia mayor para actuar.
Las familias tienen derecho a plantear sus inquietudes y a ser escuchadas, y quienes trabajamos en las escuelas tenemos derecho a recibir un trato respetuoso.
No debería ser necesario vivir una agresión para recordar algo tan básico: quienes educamos también necesitamos cuidado y protección. Y nuestros alumnos necesitan una escuela donde los conflictos se resuelvan mediante la palabra y el respeto.
Pido a los medios que transmitan este testimonio con responsabilidad, preservando la identidad de los estudiantes y evitando exponerlos.
Ojalá estas palabras ayuden a que lo sucedido no quede en el olvido y a que ninguna otra persona tenga que atravesar una situación así.
Basta de violencia en las escuelas. Por quienes trabajamos en ellas y por nuestros chicos.
Andrea Otegui
Preceptora EES N 4
No avalo la violencia ni mucho menos.pero ese respeto se perdió trás años de decadencia a nivel educativo.con gobiernos que apoyaron el libertinaje en las escuelas.hast llegar al punto de que ningún alumno podía repetir etc etc.hoy se ven los frutos de esa educación decadente que atravesó est sociedad .el punto acá es la victimización y no hacerse cargo de los actos de los adultos .por q los relatos conocidos de ambos lados son totalmente diferentes y ante una sociedad decadente de respeto es obvio que esto iba ocurrir. Ya sea del lado de la institución.como de parte de la familia de los alumnos.va a llevar años volver al respeto y tal vez. jamás volvamos a ver a los establecimientos educativo.como el segundo hogar que alguna vez fue