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Arrojaron huevos contra su casa “Estas situaciones no deberían naturalizarse”

Una vecina compartió en sus redes la situacion que vivió.

Quiero contar algo que ocurrió en mi casa durante la madrugada del el 21 de septiembre y 15 de octubre. Nos tiraron huevos, una de esas situaciones que algunos llaman “huevear”, como si fuera una simple travesura, algo gracioso, sin importancia y sin consecuencias.

​Pero detrás de esa supuesta diversión hay una familia, una casa y personas que todos los días se levantan temprano para trabajar, cumplir con sus responsabilidades y ganarse la vida con esfuerzo.

​¿En qué momento nos acostumbramos a justificar estas cosas diciendo que son cosas de adolescentes?

​Sabemos que serían adolescentes, las cámaras de seguridad alcanzaron a captar el hecho. Y, ante la falta de daños mayores, de roturas o de personas heridas, sentimos que no hay demasiado por hacer.

​¿Entonces tenemos que esperar a que ocurra algo más grave para tomar conciencia?

​No se trata solamente de limpiar huevos, lavar una pared o acomodar lo que ensuciaron. Se trata del respeto por el otro, de los límites, de los valores y de la educación que les damos a nuestros hijos.

​A los padres les quiero decir algo: educar no es solamente alimentar, vestir y darles lo que necesitan. También es enseñarles a respetar, a hacerse responsables de sus actos y a entender que la libertad no significa hacer cualquier cosa sin pensar en los demás.

​Hoy puede ser una casa a la que le tiran huevos. Mañana puede ser algo mucho más serio. Y después, cuando las consecuencias aparecen, quizás nos preguntemos dónde nos equivocamos.

​No escribo esto para generar una pelea ni para señalar a nadie. Lo escribo porque estas situaciones no deberían naturalizarse ni minimizarse bajo la excusa de que son travesuras.

​Detrás de cada puerta hay una familia que merece vivir tranquila. El esfuerzo, el trabajo y la tranquilidad de los demás también merecen respeto.

​Por favor, hablemos con nuestros hijos. Escuchemos, pongamos límites y enseñemos con el ejemplo. No esperemos a que sea demasiado tarde para comprender que educar también es enseñar a cuidar lo que pertenece a los demás.

​Porque una sociedad más respetuosa empieza en casa. 

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