SOLICITADA

Vecina relata una situación que vivió con su perro

Publicación pedida por Emilia Voelklein.

Chacabuco, 9 de marzo de 2026.

El día viernes 6 de marzo entre las 20 y 21.,hs, mientras paseaba a mi perro (con correa) y jugábamos junto a otros perros en la plaza del CEF, se acercó un perro evidentemente sin dueño. En una primera instancia lo dejé olfatear a mi perro, pero al darme cuenta que el animal, lógicamente sin collar y en evidente estado de abandono, gruñía, los separé. El perro de la calle volvió a acercarse y se prendió a mi perro. En vano logramos separarlos con la ayuda de un vecino, ya que al no tener modo de retener al perro sin correa, volvió al ataque terminando ambos prendidos en pelea y heridos.

En el lugar se presentaron 4 oficiales (sí, cuatro) de la policía que bajaron de una Toyota Hilux, sólo la oficial tomó mis datos y realizó algunas preguntas de rutina, los otros 3 oficiales se limitaron a quedarse parados, alrededor de 30 minutos o quizás un poco más, observando al vecino que con su propia correa pudo contener al perro de la calle.

También, desde la Dirección de Tránsito enviaron a personal de Zoonosis que llegó, revisó y atendió correctamente al perro de la calle, le aplicó un inyectable y se retiraba cuando le pedí si por favor podía revisar también al mío. Accedió, lo revisó y me entregó una receta para comprar Tramadol, Cefalexina y Metronidazol. Sobre el perro de la calle, dijo que lo llevarían “unos días a la guardería, castrarlo y ya está”. Es decir, animal nuevamente en estado de abandono a la calle y un problema resuelto a medias. Horas más tarde por vía privada de contacto, y luego de confirmarme que se presentó en nombre del municipio y del área de Zoonosis, explica que no me ofreció inyectables para mi perro dado que el municipio no le cubre los insumos con los que trabaja en nombre del mismo; que además mi perro cuenta con veterinario propio y que mi perro debía salir con correa (lo hicimos y es gracias a eso que logramos que esto no pase a mayores) y bozal ya que la raza está tipificada por ley como potencialmente peligrosa.

Sobre todo lo que acabo de relatar, me gustaría agregar algunas consideraciones:

  1. Responsabilidad pública/responsabilidad individual
    Aunque el área de Zoonosis descanse gran parte del tiempo en el destacable trabajo que realizan los y las proteccionistas de Chacabuco —que curan, gestionan castraciones y adopciones—, y aunque los perros de raza no sirvan para el marketing y para hacer demagogia barata como lo hacen con los perros de la calle, les guste o no, cuando actúan en representación del Estado tienen la obligación de garantizar un tratamiento mínimo a quienes resultamos perjudicados en consecuencia por la falta de gestión de ustedes sobre la problemática de animales en estado de abandono.

Del mismo modo que si mi perro atacara y lastimara a otro animal sería yo quien debería responder en consecuencia —y en eso seguramente estaremos todos de acuerdo—, también corresponde al Estado asumir la responsabilidad que le toca cuando la situación se produce por su ausencia de control sobre animales sueltos en la vía pública.

  1. Sobre el uso de bozal
    En esto no tengo matices y no lo digo de forma precipitada: he decidido no usarlo. La razón es simple: si caminar todos los días en Chacabuco se vuelve una odisea en la que perros territoriales, criados a sobras de comida en la vía pública, salen al ataque, no voy a quitarle a mi perro su única herramienta de defensa. No fomento pelea ni contacto con perros sin correa, yo no someto a ningún animal a ese calvario. Ni propio ni ajeno.

No exijan a los vecinos que carguemos con soluciones improvisadas para protegerse de una problemática que ustedes no gestionan. Sé perfectamente qué perro tengo, cómo está adiestrado y cómo está socializado. También sé la cantidad de consultas veterinarias que he tenido que afrontar desde que me mudé a Chacabuco y el antiséptico que nunca falta en mi casa porque acá se naturalizó que esto está bien cuando en realidad está mal.

  1. Un problema público
    Los animales en estado de abandono en Chacabuco no son un problema doméstico ni privado de los vecinos. Son innumerables los casos de personas que han denunciado ataques mientras circulaban en bicicleta o en moto, y cada vez son más los vecinos que han dejado de pasear con sus perros por plazas y alrededores porque se volvió inhabitable.
    Además, la mayoría de los perros abandonados en la vía pública no están castrados. No es un dato teórico ni que me cuentan: lo veo todos los días.

Si existen dependencias del Estado orientadas y financiadas para resolverlo, entonces dejen de delegar en proteccionistas y vecinos el trabajo que les corresponde a ustedes.

  1. Sobre los perros y las responsabilidades humanas
    No existen perros “buenos” o “malos”. Bondad y maldad son categorías morales humanas.

Existen los perros.

Los animales reaccionan, se regulan y disciplinan entre sí cuando sienten que su territorio o su espacio es invadido. Nadie necesita ser veterinario para entenderlo, yo no vengo a establecer rivalidades ridículas sobre si raza sí o raza no.

Pero es también en parte que el problema se incrementa cuando muchas personas alimentan perros en la vía pública sin considerar el impacto negativo que eso genera: no sólo para el resto de los vecinos, sino también para los propios animales, que terminan viviendo en estrés permanente y expuestos a peleas y lesiones.

La falsa creencia de que tener un animal se limita a alimentarlo es un mal cultural, la falta de gestión pública al respecto lo perfecciona.

También considero importante recordar que el Estado no es un consultorio privado donde se elige discrecionalmente de qué hacerse cargo. Trabajar en el Estado implica vocación de servicio, comprensión de las limitaciones del sistema, pero también de sus obligaciones.
Quien desee hacer uso de sus criterios personales sin asumir responsabilidades públicas siempre tiene la opción de abrir su espacio privado. Por eso mismo, invito al personal de Zoonosis que me calificó de “intratable” a capacitarse acerca del lugar que ocupa. También le recuerdo que, aunque —parafraseando sus palabras— “espere no volver a cruzarme”, no es algo que yo pueda garantizarle mientras ocupe un puesto en el municipio. Para eso deberá dedicarse al ejercicio privado de su profesión.

El sabor que queda de lo sucedido el viernes es amargo: en primer lugar por el estado en el que tuve que ver a mi perro; en segundo, porque también me resulta triste que otro animal termine lastimado; y en tercero, porque cuando tratás de hacer las cosas bien en una sociedad que permanentemente te disciplina para el atajo y la salida fácil, los platos rotos terminamos pagándolos quienes intentamos, con aciertos y errores, actuar del modo más responsable posible.

Yo no publico en redes sociales los compromisos que asumo de forma privada con protectoras o rescates de animales, tampoco hago exhibición de mi corazón bienpensante. Incluso (quizás) podría entender que para algunos resulte antipático tener un perro de raza. Con lo que no voy a acceder a lidiar es con que se traslade a los vecinos la responsabilidad de la incompetencia en la función pública.
Esto incluye desde tener rescatistas colapsados económica y emocionalmente ocupando el lugar de un Estado ausente en esta materia, hasta lo que acabo de relatar.

Chacabuco tiene un problema de superpoblación de fauna doméstica que año tras año escala sin control. No alcanza con ponerles apodos divertidos si pasan hambre, frío, y distorsión del sentido del territorio. No lo discutan con demagogia; discútanlo con políticas públicas, porque ese es el trabajo para el que fueron designados. En esto, cada quien fue libre de elegir el lugar que ocupa.

Firma,
Emilia Voelklein.

Comentarios