Para Juan José Chazarreta, el número exacto de los detenidos-desaparecidos que tuvo la Argentina la deben dar los propios represores, y según expresiones que ellos mismos tenían en aquellos tiempos, la cifra podría superar tranquilamente los 30.000. El exvecino de nuestra ciudad, que trabajó en la desclasificación de los archivos del Ejército, también se refiere a la próxima reedición de su libro “Operación Chacabuco. Peronismo ortodoxo, dictadura, indultos”, publicado originalmente en 2016, y cuenta algunos datos que pudo recabar sobre lo sucedido en la Guerra de Malvinas, así como qué está haciendo en Santiago del Estero, donde reside desde hace casi una década.
Para Chazarreta, que es licenciado en Ciencias Políticas e investigador de la historia argentina reciente, este último 24 de marzo no fue uno más, sino que se trató de una “fecha especial”. Ello obedece a que se dio en momentos en que la Argentina tiene un gobierno nacional “que pone en jaque algunas cuestiones elementales que se construyeron en la democracia, como el Nunca Más, que fue un repudio total a la política de desaparición de personas que tuvo la última dictadura”.
“Fue una jornada muy masiva”
“A pesar de que los discursos que niegan el genocidio están en una parte de la sociedad, aunque por suerte minoritaria, esta vez se hacen eco de eso desde el gobierno nacional, lo cual es complejo. Entonces, el ingrediente especial que tuvo este 24 de marzo fue que ante la propuesta del gobierno nacional de negar el genocidio y que la gente se desmovilice y no proteste, fue una jornada muy masiva, en la que se copó la Plaza de Mayo y muchas plazas de todos el país”, señala.
Como parte de su mensaje ante este tema, el gobierno nacional también habla de tener una “memoria completa” y niega la cifra de los 30.000 desaparecidos.
“Es cierto que el número de los 30.000 desaparecidos es una cifra aproximada -dice el exvecino-, pero es aproximada, justamente, porque el Estado de aquel momento, conducido por los genocidas, ejercía una represión clandestina. Entonces, el número no puede saberse si no son ellos los que lo dan. Hay investigaciones históricas y la propia sociedad discute el número, pero nunca lo vamos a saber a ciencia cierta, jamás, si ellos no dicen cuántos fueron y dónde están. Lo que pasó es que en aquel momento el Estado entendió que había un grupo de personas que estaban cometiendo un delito, pero no los llevó a un juzgado para que las procesen y haya un registro de eso, las desapareció. Por eso el número nunca lo vamos a saber si ellos no lo dicen. Y lamentablemente no lo van a decir, por lo que vamos a seguir toda la vida con una cifra simbólica”.
“La cifra supera los 30.000”
Igualmente, para Chazarreta, esa cifra simbólica no es un capricho. Por el contrario, “según las cuantificaciones que los genocidas mismos han hecho, la cifra supera los 30.000”.
“Si uno observa los dichos de los mismos genocidas, tranquilamente la cifra de desaparecidos supera los 30.000. Incluso, en aquel momento la Embajada de los Estados Unidos con su enviado, que era Ted Harris, se animó a decir que había hasta 50.000 personas desaparecidas en la Argentina, pero que nunca lo iba a saber con exactitud. También están los cables de la inteligencia de los archivos desclasificados de Washington, que decían que hasta 1978 había 22.000 muertos y desaparecidos, y faltaban cinco años de dictadura. A su vez, el represor Adolfo Scilingo reconoce 4.500 víctimas en la ESMA, Ramón Camps reconoce 5.000 desaparecidos en La Plata, y Ácdel Vilas habla de que solamente en diez meses en Tucumán hubo 1.500. Si vamos a los dichos de los represores, y sumamos, podemos superar tranquilamente la cifra de los 30.000. Pero, como la represión fue clandestina, son ellos los que tienen que decirlo”, afirma.
Con respecto a lo de la “memoria completa”, Juan José dice estar de acuerdo, pero para eso también se tiene que saber cuántos son y dónde están los desaparecidos.
“La memoria va a ser completa cuando todas las víctimas estén identificadas”
“La memoria va a ser completa cuando todas las víctimas estén identificadas y sepamos qué pasó con ellas”, afirma, además de referirse al video que, en ocasión del 24 de marzo, publicó el gobierno de Javier Milei. En él se incluye el testimonio de una hija de desaparecidos, así como el del hijo de un militar secuestrado por el ERP en 1974.

“Lo que quieren es demonizar a las organizaciones guerrilleras. Nadie desconoce que fue una época violenta y que muchas organizaciones políticas utilizaban la lucha armada para conseguir sus fines, pero eso no justifica ni tiene nada que ver con hacer desaparecer personas. El mismo Videla, cuando vino la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 1979, reconoció a ese organismo, en palabras de él, que uno de cada ocho subversivos detenidos por el Estado eran guerrilleros. O sea, uno de cada ocho empuñaba un arma. Eso da la cuenta de que lo que realmente buscaba la dictadura era un cambio cultural en la militancia política, y sembrar el terror”, dice, antes de poner como ejemplo lo sucedido en Chacabuco.
“¿Dónde explotó una bomba en Chacabuco?”
“Si vamos al caso de Chacabuco, ¿qué bomba puso Caíto Alegre? ¿Qué bomba puso Nelson Coronel, que fue secuestrado y torturado? ¿Qué bomba puso el grupo de teatro de Chacabuco que sufrió tres desapariciones? ¿O qué bomba puso Hugo Marini? ¿Dónde está la violencia en Chacabuco, donde yo recuento en mi libro 27 detenciones, muertes y desapariciones? Más allá de los ocho vecinos desaparecidos que siempre recordamos y que con mucha valentía reconoce la Comisión Memoria y Justicia, hay otros más también que fueron detenidos y desaparecidos, y si los juntamos a mí la cuenta me da 27. ¿Y qué hicieron esos 27? ¿Dónde explotó una bomba en Junín, en Chacabuco, en Chivilcoy o en Rojas? Que los que niegan que esas 27 personas eran inocentes me digan a quién mataron o secuestraron. A nadie”, dice, y prosigue.
“Son personas que militaban y la dictadura no hubiese podido llevar a cabo un plan económico tan macabro, de tanta pobreza, con una cultura de militancia tan arraigada. Entonces, lo que estaba buscando la dictadura, con la desaparición de personas, era sembrar el terror para que la militancia baje un poco y no salga a protestar contra el proyecto político y económico que llevaban a cabo Martínez de Hoz y Videla. Y lo logró, porque hubo un aplacamiento de la militancia muy grande, que después fue resurgiendo. Pero, repito, y volviendo a la actualidad, el gobierno nacional busca demonizar a las víctimas del terrorismo de Estado de los ‘70, de las cuales sólo una minoría utilizaba la lucha armada para lograr un fin político”.
Chazarreta insistió en que el caso de Chacabuco es ejemplar para mostrar eso, porque aquí “no estalló una bomba”.
“La dictadura estaba buscando generar miedo en la sociedad civil. Ese es el impacto que quería generar con las desapariciones. Tenemos muchos ejemplos de eso, como el de los militantes gremiales de Chacabuco Sirón, Lazcoz y Fernández, que fueron detenidos, desaparecidos y torturados. ¿Por qué? Porque estaban buscando desde Industrias del Maíz que los cambien de gremio y representación sindical para tener una mejora salarial”.
“Eso no es persecución política”
El video emitido por el Gobierno el 24 de marzo también contiene el testimonio de la nieta recuperada Miriam Fernández. Según el exvecino, lo expresado por esta persona “no sirve a los fines que el Gobierno busca”.
“No sirve porque termina diciendo que las Abuelas de Plaza de Mayo hicieron un trabajo muy noble, pero que se mezcla con la política. Y, sí, es política. Los militares asesinaron y desaparecieron por cuestiones políticas, y si hubo un gobierno que recuperó la política de derechos humanos y abrió los juicios de lesa humanidad y desde el Estado se empezó a apoyar a esas políticas públicas de memoria, también es política. La chica dice que la obligaron a hacerse el ADN. ¡Pero claro, eso no es persecución política! Te están diciendo que te tenés que hacer el ADN porque hay otra familia que te está buscando, y vos no te podés negar. Además, ella misma reconoce que en su caso hubo una apropiación ilegal”.
“Hay que buscar otros mecanismos para llegar a los jóvenes”
Chazarreta no cree que en los últimos años haya existido un retroceso en la lucha por la memoria, la verdad y la justicia, porque los juicios por delitos de lesa humanidad continúan, lo mismo que las condenas. Consultado sobre cómo están las nuevas generaciones con respecto a estos temas, señala que la situación es “compleja”.
“Creo que ahí no hay una conciencia plena de lo que pasó -sostiene-. Hay muchos chicos a los que quizás estos temas no les importan, pero, bueno, la propuesta del gobierno nacional tiene que ver con el individualismo, el encerramiento y las redes sociales, en las que se consume mucho odio y mentira. El ejemplo está en la declaración del tipo que intentó matar a Cristina: se fue envalentonando con odio en las redes. Es tremendo. Entonces, los chicos encerrados en sus casas, con el celular, y los padres no controlando el contenido de lo que consumen, hace que sea una sociedad que tiende más a la individualización y no tanto a sociabilizar, y que los temas que nosotros queremos proponer en relación a la memoria, la verdad y la justicia, o ahora que viene lo de Malvinas, no tengan un efecto de aceptación completo, como quizás sí fue en generaciones anteriores como la mía, que ya tengo 39”.
Chazarreta recuerda que en la campaña en la que triunfó electoralmente Milei hubo muchas campañas relacionadas con que, de ser presidente, impondría un plan económico como el de la dictadura, y sobre su admiración por Margaret Thatcher, y, sin embargo, “los pibes lo votaron igual”.
“Entonces -dice-, hay otros condimentos que hay que analizar de cómo está la juventud actualmente, y me parece también que desde los organismos de derechos humanos y la lucha por la memoria, la verdad y la justicia hay que buscar otros mecanismos para llegar a los jóvenes, porque lo que se les decía en aquel momento fue así, y el plan económico de Luis Caputo es prácticamente igual que el de Martínez de Hoz. Y, lamentablemente, por más que hayan pasado gobiernos que intentaron una industrialización y luchado por los derechos humanos hay 400 leyes de la dictadura que hoy en día siguen vigentes, sobre todo las económicas. La Argentina sigue siendo un país que, a diferencia de lo que era hasta el 24 de marzo de 1976, depende de la timba financiera. Y esto a Milei le viene bárbaro, porque es lo que también está buscando. Y le sumo a esto las privatizaciones de los ‘90, que también fueron la continuidad de la política económica de Martínez de Hoz. En eso le doy la razón a los que dicen que la dictadura triunfó en términos culturales y económicos”.
“Operación Chacabuco”: segunda edición

Chazarreta está a la espera de que en los próximos días o semanas salga de la imprenta la segunda edición de “Operación Chacabuco”, su libro dedicado a los años de la represión ilegal en nuestra ciudad. La primera edición de la obra se dio a conocer el 23 de marzo de 2016 en el Teatro Italiano y a partir de ahí inició una serie de presentaciones por ciudades de la zona, como Chivilcoy, Lincoln y Junín, y en Buenos Aires.
El autor señala que se trató de un trabajo de muchos años, durante los cuales registró 45 testimonios, así como numerosas visitas, para consultar información, al Archivo Histórico Municipal y al periódico Chacabuco.
“En el libro traté de mostrar los principales temas de la década del ‘70 en Chacabuco”, dice, y agrega que mientras estaba en pleno proceso de elaboración se dio cuenta de que “muchos capítulos ameritaban un libro en sí mismo”.
“Sufrimos una demanda de Domínguez”
Igualmente, la obra salió como estaba originalmente planeada y, dice el autor, tuvo entre otras cosas consecuencias judiciales, pues hubo una presentación realizada por el exintendente Julián Domínguez.
“Sufrimos una demanda de Domínguez, que no llegó a ningún lado, en la que nos pedía sacar una parte del prólogo que estaba puesta en la contratapa. En ella, el prologuista, que fue Bruno Nápoli, se hacía la pregunta de lo que tenía que ver el Batallón de Inteligencia 601 con Julián Domínguez. Era una pregunta abierta, obviamente provocadora, que se responde dentro del libro en el sentido de que no hay una correlación de la época de la dictadura entre el Batallón y Domínguez, sino que Domínguez había tenido en su gabinete municipal a una persona que perteneció en la época de la dictadura al Batallón 601. Ese era el punto de la cuestión, por el cual sufrimos una demanda, durante la cual no aceptamos hacer ningún cambio, para nada, y el libro transcurrió su época y se agotó”, explica.
Esta segunda edición de “Operación Chacabuco” incluye algunas correcciones sintácticas de la versión original, así como un nuevo prólogo escrito por el autor, el cual está referido a temas como las razones por las que se trató de un genocidio y no de una guerra, la cifra de detenidos-desaparecidos, y el plan económico de la dictadura.
Muchos de los datos que figuran en el nuevo prólogo se basan en un trabajo que Chazarreta realizó durante el tiempo en que vivió en Buenos Aires en el Ministerio de Defensa de la Nación, que fue la desclasificación de archivos del Ejército.
“El trabajo que hice durante varios años desclasificando archivos del Ejército me permitió leer muchísimos manuales, directivas y documentación de la época de la dictadura. Era un trabajo que hicimos para los juzgados, porque desde el Ministerio de Defensa se elaboraban informes de investigación histórica, de los propios archivos de las fuerzas, para los juicios de lesa humanidad”, cuenta.
“Muchas particularidades de la Guerra de Malvinas”
En esos años el chacabuquense también trabajó en la desclasificación del llamado Informe Rattenbach, referido a las responsabilidades militares en la Guerra de Malvinas, y otra información sobre ese conflicto bélico que se encuentra en los archivos del Ejército.
“Ese es un tema que me interesa mucho y me atravesó muy de cerca porque cuando la presidenta Cristina Kirchner desclasificó el Informe Rattenbach yo estaba en el Ministerio de Defensa y trabajé para eso y pude dar cuenta de muchas particularidades de la Guerra de Malvinas con información oficial”, expresa.
El Informe Rattenbach, explica, fue realizado con documentación aportada por cada una de las tres fuerzas armadas. La proveniente del Ejército se denomina Informe Calvi, en alusión al general que encabezó las investigaciones.
“En el Informe Calvi aparece un tema muy complicado que es el de las torturas que hubo en Malvinas”, dice Chazarreta, y acota que la documentación oficial que se halló al desclasificar los archivos fue determinante en las causas judiciales que se iniciaron sobre estos casos ya que, hasta ese momento, “cuando los soldados denunciaban que habían sido torturados no les creían, y era una cuestión de palabra contra palabra”.
“En cambio, cuando aparecieron estos documentos no hubo nada más que hablar”, dice. Esos documentos fueron llevados luego a cortes internacionales ya que “la Corte Suprema argentina no estaba queriendo avanzar con estos casos”.
“Vivo en una sede del Movimiento Campesino”
Juan José Chazarreta reside de forma permanente desde hace casi una década en el pueblo de Ojo de Agua, situado a unos 200 kilómetros al sur de la ciudad de Santiago del Estero, aunque desde 2008 ya viajaba con frecuencia a esa provincia.
“Vivo en una sede del Movimiento Campesino de Santiago del Estero. Este movimiento nuclea a familias campesinas y comunidades indígenas que luchan por su tierra, por el medio ambiente y por su lugar, y acá aparecen personas de diferentes lugares del mundo a querer quitar las tierras y desalojarlos. El Movimiento se formó para luchar por los derechos de esas familias de los diferentes parajes rurales de Santiago del Estero”.
“Yo vivo en un lugar que se llama UniCam, por Universidad Campesina, que es un espacio educativo y de formación para las comunidades que integran el movimiento y abierto en general. Acá se dictan diferentes cursos y carreras y, al mismo tiempo, desde hace unos años somos albergue de chicos con problemas de consumo y en situación de calle. O sea que hacemos varias cosas en pos de mejorar la vida de la gente y de que estemos un poquito mejor”.
“También tenemos seis radios comunitarias, en la que se comunican todas estas cuestiones, pero el núcleo central del Movimiento es la defensa de los derechos de las familias campesinas indígenas y alrededor de esto surgieron muchas cuestiones, como esto de las adicciones, porque al fin y al cabo las personas que están en situación de marginalidad en las afueras de las ciudades son gente que viene del campo profundo y las comunidades indígenas. Osvaldo Bayer decía que la sangre indígena en la Argentina está en las villas, no en los montes, y es cierto. Por eso los chicos tienen después esos problemas y nuestro objetivo es que vuelvan a su lugar, al campo, y que pasen de ser consumidores problemáticos a productos de alimentos sanos”, finaliza.