Durante esta madrugada, los latinoamericanos hemos sido testigos de uno de los hechos más aberrantes de nuestra historia: el ataque terrorista por parte del gobierno de los Estados Unidos, bajo el mando de su presidente Donald Trump, a la República Bolivariana de Venezuela. Lo que comenzó con una sospechosa prohibición por parte de la Administración Federal de Aviación (FAA, por sus siglas en inglés) a las aerolíneas comerciales norteamericanas de operar a cualquier altitud dentro del espacio aéreo venezolano, argumentando posibles riesgos debido a acciones militares en curso, concluyó en un feroz ataque con explosivos lanzados desde helicópteros militares a la ciudad de Caracas y zonas aledañas a la capital de la República y el secuestro del Presidente en funciones Nicolás Maduro.
Históricamente los países latinoamericacanos -excepto casos excepcionales-, nos hemos mantenido diplomáticamente neutrales en los conflictos bélicos internacionales, pero los Pueblos de América no somos ajenos a los intereses imperialistas de los Estados Unidos que al ver temblar las bases del sistema de hambre que han construido durante el último siglo, se repliegan al territorio continental e insular que consideran su “patio trasero”, apropiándose por acción directa de nuestros territorios y nuestros recursos naturales. Los hechos ocurridos durante la madrugada de este sábado, al igual que las manifestaciones en favor de tales hechos, constituyen una violación directa de los tratados de paz establecidos por los distintos organismos del Derecho Internacional (prácticamente ya inexistente) además de una extremadamente peligrosa violación a la autodeterminación de los Pueblos y deben ser detenidos y repudiados por toda la comunidad internacional.
Cabe recordar que el día de hoy se cumplen exactamente 36 años de la invasión estadounidense a Panamá y la captura del líder político, Manuel Noriega. Además, se cumplen exactamente 193 años de la invasión del Reino Unido a nuestras Islas Malvinas. Una muestra clara de que cuando el Imperio invade, lo hace con fines estratégicos e intereses económicos y políticos, muy lejos de la proclamada lucha contra el narcotráfico, la corrupción o la supuesta defensa de la libertad. La invasión a Venezuela responde únicamente al interés de robar y saquear las reservas petrolíferas que son patrimonio del Pueblo venezolano. No es casualidad que este ataque llegue en un momento de crisis política y financiera que se ven reflejadas en la caída de valor del petrodólar, luego del fin del pacto con Arabia Saudita.
Como argentinos y como latinoamericanos, hemos sido incontables veces testigos en nuestra historia, incluyendo nuestro presente actual, de las consecuencias del sometimiento a los intereses foráneos del imperio norteamericano, llegando incluso a financiar dictaduras cívico-militares en todo el continente. Su único objetivo es claro: someter nuestras economías a sus intereses económicos y financieros y a nuestros Pueblos a la idea de que no tenemos permiso de ser artífices de nuestro propio destino. Es momento de que, ante hechos que ponen fin a los acuerdos internacionales de paz y da lugar a un nuevo escenario bélico global, los Pueblos del Mundo, pero sobre todo los latinoamericanos, nos levantemos en contra de todo acto de dominación ejercido por el Imperio que, con el único fin de su propio beneficio económico y político, pretende eliminar cualquier vestigio de Independencia, Soberanía y Justicia de nuestra memoria.
Se acaba el zurdaje nefasto en América.