PADRE RAÚL MORETTO

“Me encuentro con gente herida y enojada, pero uno es pastor y tiene que tratar de entender y acompañar”

El sacerdote que reemplazará al padre Jorge Nowak en la parroquia de los Santos Arcángeles lamentó no haber podido hacer una transición más ordenada con el cura polaco y dijo que en la casa parroquial no encontró “nada”.

Si bien aún no asumió formalmente ni se encuentra instalado en Chacabuco, el padre Raúl Moretto se halla desde hace unos días cumpliendo tareas en la parroquia de los Santos Arcángeles, donde reemplazará al padre Jorge Nowak. Sus nuevas tareas no serán fáciles, pues el sacerdote polaco dejó la parroquia después de 33 años, según dijo al despedirse, expulsado por el arzobispo de la arquidiócesis Mercedes-Luján, Jorge Scheinig, por haber criticado al papa Francisco. Su alejamiento motivó malestar entre muchos integrantes de la comunidad parroquial.

“Muchos me han dicho ‘para qué pediste venir a los Santos Arcángeles’. Yo no pedí nada”, expresó Moretto a Chacabuco en Red, y lamentó no haber podido realizar con el párroco saliente una transición.

“Me encuentro con gente herida y enojada”, manifestó el sacerdote entrante, y señaló que en la casa parroquial no hay “nada”.

Raúl Moretto es oriundo de Agustín Roca, en el partido de Junín, y ya conoce Chacabuco, pues llegó en 2017 a reemplazar al padre Tomás Ostolaza Peña en la parroquia Nuestra Señora de la Asunción. Allí estuvo hasta 2019, cuando se lo trasladó al santuario de Fátima de Junín, donde todavía cumple funciones. Además de ser sacerdote, en el escalafón policial tiene grado de comisario, pues es capellán de la Superintendencia de la Región Interior Oeste II.

“El padre Jorge me entregó cinco llaves y se fue de la ciudad”

“Todavía no asumí oficialmente las funciones de párroco. El día miércoles 2, a las 19.45, el padre Jorge me entregó cinco llaves de la parroquia y se fue de la ciudad, pero todavía no estoy en posesión. Ahora estoy viviendo un proceso de transición. Esta transición, que es ir adaptándose y conociéndose con la comunidad, tendría que haberse dado antes, pero no se pudo. Entonces, la iniciamos desde el momento en que el anterior párroco me entrega las llaves en propia mano. Yo las recibí en presencia de cuatro ministros de la Eucaristía: los señores Fredy Zuccotti, Rubén Barrón, Guillermo Trotta y Oscar Melione. El padre Jorge me dio las llaves y se despidió. Yo se lo comuniqué al obispo y el monseñor Jorge Eduardo me pidió que momentáneamente atienda las dos parroquias y que tenga las Pascuas acá y en el santuario de Fátima de Junín”, dijo.

“Eso lo voy a hacer con la ayuda de un grupo de sacerdotes porque no puedo estar en dos lugares a la vez”, prosiguió Moretto, que en esta tarea tendrá la colaboración de los padres Darío Kling y Agustín Báez, de la parroquia San Isidro Labrador de Chacabuco, y Pablo Vallés, Emiliano Aguirre y Gustavo Gaspoz, de Junín. Así seguirá hasta que el arzobispo lo ponga oficialmente al frente de la parroquia de los Santos Arcángeles.

El sacerdote comentó que durante estos días en los que estuvo en Chacabuco tuvo una intensa actividad, que consistió, sobre todo, en charlas con feligreses y gente cercana a la parroquia para conocer detalles del funcionamiento, debido a que no pudo hacerse una transición más ordenada.

“Estoy tratando de acomodar y de ir viendo y tratando de adivinar, porque es como una adivinanza. Encuentro buena predisposición en la gente y en los ministros de la Eucaristía. El jueves tuvimos una reunión informativa a la que asistieron más de 70 personas, algunas de las cuales conocía de mi paso anterior por Chacabuco. Encontré corazones abiertos y generosos y de mi parte traté de transmitir lo mismo, uno está al servicio de la parroquia. Como sacerdote, trato de estar a disposición. Yo concibo una parroquia de puertas abiertas, como nos pide el Papa y nuestro obispo. El número de mi teléfono está pegado en la puerta de la iglesia, es público, para que la gente tenga acceso al sacerdote, sea quien sea. Aclaro que no tengo compromiso con nadie ni debo rendirle homenaje a nadie. Soy el cura para todos, que trata de estar al servicio y de tender puentes”, manifestó.

“Es un problema del padre Jorge con el obispo”

El nuevo párroco dijo que en estos días también recibió muchos ofrecimientos de colaboración, por ejemplo de matrimonios que proponen dar la catequesis. Luego informó que hasta que asuma formalmente en Chacabuco las misas se harán los fines de semana. “Eso va a ser hasta que me instale acá, porque se puede ver que no tengo nada”, expresó.

“Estoy sorprendido por la buena voluntad de la gente. También entiendo que hay algunos que están enojados por la situación del padre, pero es un problema del padre Jorge con el obispo y una situación que se fue dando, se fue desgastando. La Iglesia sigue adelante. Esta no es una iglesia que se cierra. La Iglesia universal pasó muchas crisis, no se cerró con Lutero. Ahora tampoco se va a cerrar la iglesia porque no hay un cura. Nosotros debemos tener una mirada de fe. A mí, con mis errores y defectos, me toca pastorear esta comunidad. Por ahí es una comunidad herida. Me encuentro con gente herida y enojada, pero uno es pastor y tiene que tratar de entender y acompañar. Estos días me he cruzado a hablar con vecinos, me voy presentando. Además, a diferencia de cuando llegué hace ocho años, hoy conozco a mucha gente en Chacabuco y muchos han venido a acompañar”, expresó.

“Muchos me han dicho ‘para qué pediste venir a los Santos Arcángeles’. Yo no pedí nada. Le aclaré a la gente que, como sacerdote, le debo obediencia a mi obispo. A mí no me ordenó monseñor Jorge Eduardo, sino monseñor Rubén Di Monte, y cuando me ordenó le prometí respeto y obediencia a él y a sus sucesores. Y mi sacerdocio tiene sentido con el obispo, sino tengo que apagar la luz e irme, o hacerme una iglesia propia”, prosiguió.

“Sentí que no había una disposición”

-¿Por qué no se pudo hacer una transición más ordenada?
-Yo lo propuse desde el primer momento y salí muchas veces al encuentro, pero por ahí sentí que no había una disposición. Se me decía ‘no, estamos a fines de diciembre y viene la Navidad, vamos a dejarlo para enero’. En enero me decía ‘no, están de vacaciones’ y en febrero que todavía no habían vuelto. Uno es grande y en un momento se da cuenta de las cosas. Igualmente, no estoy apurado para nada, porque antes de asumir tengo que sanar las heridas y tratar de aplacar y pacificar. La misma gente se va dando cuenta de la situación. Yo quiero que todos vengan, pasen y vean la casa parroquial, la secretaría, el salón, el templo. Esto no es mío, no lo hice yo, se hizo con dinero de la Iglesia y a uno le confían esto por obra y gracia de Dios, y uno tiene que mantenerlo.

-¿Cuándo fue su primera etapa en Chacabuco?
-Vine un 25 de mayo de 2017 a reemplazar al padre Tomás, que estuvo unos 33 años en Chacabuco. Ahora, por pedido del obispo, regreso a esta ciudad después de seis años de una linda y fructífera experiencia en el santuario de Fátima de Junín. Todavía estoy tratando de discernir lo que quiere Dios en este pedido, pero le debo respeto y obediencia a mi obispo. Obviamente que venir acá me implica salir de la comodidad del santuario de Fátima, donde estoy muy bien instalado. Allá la gente me quiere mucho, yo también los quiero a ellos y es una de las mejores comunidades que he tenido. Yo siempre le pido a la gente que tengan un corazón generoso. Así que cuando me llamó el obispo para que viniera a Chacabuco pensé que yo también debo tener un corazón generoso para salir de la comodidad.

-¿Cuándo estará instalado en la parroquia?
-Lo tendré que hablar con mi obispo, lo iremos charlando. Por lo pronto, estaré acá para las Pascuas, y después veremos cuándo vendré a instalarme. Por ahora no estoy instalado, pero sí atendiendo a la comunidad. Por ahí hay gente que puede sentir que no está bien atendida pastoralmente, y los comprendo. Cada vez somos menos curas en la arquidiócesis y cada vez el trabajo es mayor. Por eso es importante la ayuda de los laicos. Hay laicos que están animando comunidades. Por eso le pido a la gente caminar juntos. No vengo a llenarle la cabeza a nadie, no es mi tarea, ni a hacer lío ni a quitarle nada a nadie. Como sacerdote, estoy cumpliendo con lo que me pidió mi padre obispo. Entonces, le propongo a la gente caminar juntos, conocernos y no guiarnos por comentarios. Hay gente que no te conoce, pero está enojada porque sos el reemplazo de tal persona, me ha pasado en otros momentos.

-¿Se sintió decepcionado con el padre Jorge?
-No. Cuando una persona está enojada, no está bien, y en mi barrio dicen que para pelearse hacen falta dos. De mi parte, no voy a pelearme con Jorge, para nada. Entiendo su enojo, él hará su discernimiento, su proceso, yo soy un sacerdote y actúo de buena fe. Me hubiesen gustado las cosas de otra manera, pero se dio esto y si Dios lo permite así, por algo será.

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