TENÍAN 16 Y 24 AÑOS

Los dos bomberos mártires cuyos cuerpos descansan en el cementerio de Chacabuco

El 21 de enero se cumplieron 32 años de sus fallecimientos.

El 21 de enero pasado se cumplieron 32 años de una tragedia que conmovió a la Argentina. Es que ese día del año 1994 fallecieron en las cercanías de la ciudad de Puerto Madryn, provincia de Chubut, 25 aprendices de bomberos que habían sido enviados a combatir un incendio que ya parecía estar en retirada. Los cuerpos de dos de esos jóvenes descansan desde hace más de 25 años en el cementerio de Chacabuco.

Aquel 21 de enero de 1994 en Puerto Madryn se vivía un aparente respiro tras varios días de lucha contra un incendio forestal que se había desatado en una zona de chacras conocida como La Matanza. A esa altura se creía que los grupos de brigadistas y bomberos voluntarios de la zona ya habían contenido el avance de las llamas y el parte vespertino solo reportaba algunos focos menores. Por eso, la sensación general era que lo peor había quedado atrás.

En esas circunstancias, en la tarde de esa jornada un grupo de 25 aprendices de bomberos, de entre 11 y 25 años, fue enviado al terreno a realizar tareas de remoción, para cerciorarse de que no hubiera brasas activas, y vigilar que, efectivamente, el siniestro se estaba extinguiendo.

Todo indica que la salida, ordenada por sus superiores, tenía como objetivo que los cadetes pudieran experimentar in situ el afrontar un siniestro forestal y, además, sentirse parte de un combate contra el fuego que se creía ganado.

Trampa mortal

Pero no fue así, porque cuando ya se habían adentrado en el terreno del siniestro un repentino cambio en la dirección del viento reavivó las llamas y los dejó emboscados en una trampa mortal.

Los aprendices de bomberos, entre los que había varios niños -que habían salido al terreno vestidos con overoles y botas de goma, y que contaban sólo con cinco radiotransmisores- recién fueron encontrados en el amanecer del 22 de enero, cuando el viento cedió y las brigadas pudieron avanzar a pie. Un artículo de Infobae expresa que los 25 cuerpos se encontraban juntos, como si hubieran intentado mantenerse unidos hasta el final. Todos habían caído mientras intentaban escapar del cerco de fuego.

En los días siguientes todo fue dolor y consternación en Puerto Madryn y buena parte del país. Los 25 bomberitos mártires fueron velados en un salón municipal y el cortejo fúnebre que los acompañó hasta el cementerio de la ciudad estuvo acompañado por miles de personas.

Casi al mismo tiempo, comenzaron a surgir los interrogantes acerca de por qué un grupo integrado por mayoría de niños y adolescentes había sido enviado a una zona de incendio que aún no estaba controlada y, para peor, sin el equipamiento necesario. De hecho, lo ocurrido en Puerto Madryn provocó cambios en los protocolos de formación de bomberos en todo el país y la revisión de normativas vinculadas al trabajo con brigadas juveniles.

Cuando se cumplió el primer aniversario de la tragedia se erigió en la plaza principal de Madryn un monumento en honor a las víctimas (foto principal). La obra representa a un bombero con alas rescatando a un niño, rodeado por 25 columnas blancas coronadas con molinos que giran con el viento.

Lo ocurrido en Chubut siguió en los años posteriores muy presente en la memoria de los habitantes de esa provincia y en el movimiento bomberil argentino. De hecho, el 21 de enero fue declarado como Día del Mártir Bombero Voluntario.

¿Qué tiene que ver Chacabuco en esta historia?

Chacabuco también tiene que ver en esta triste historia de los jóvenes bomberos. ¿De qué manera? Es que unos seis años después de la tragedia, en los primeros meses del 2000, el entonces director de Acción Social Directa del Municipio, Darío Casas (foto), recibió a un vecino que le contó la historia de una familia que poco tiempo antes había llegado desde Puerto Madryn para instalarse en una quinta situada en cercanías del acceso Elguea-Román. La mamá de esa familia se llamaba María Magdalena Soto y tenía dos hijos que habían fallecido en el incendio de 1994. Los chicos se llamaban Marcelo Fernando Cuello y Valeria Alejandra López, quienes al momento de perder la vida tenían 24 y 16 años.

“Este vecino me presentó a la mamá y me preguntó si podía hacer alguna gestión en la Provincia para poder traer a Chacabuco los cuerpos de los chicos”, recuerda Casas. A partir de allí, sigue, comenzó a “golpear puertas y tocar timbres” en distintas dependencias del gobierno bonaerense. Así hizo hasta que pudo llegar a María Isabel Zapatero, que además de ser la esposa del gobernador de ese entonces, Carlos Ruckauf, presidía el Consejo Provincial de la Familia y Desarrollo Humano.

“A esta señora le conté la historia y ella me pidió que le lleve documentación referida al siniestro y a la familia de Chacabuco. Así que a la semana siguiente le llevé todo y comencé a trabajar en la solicitud de un subsidio para el traslado de los cuerpos de los chicos”, cuenta. Además, recuerda que, paralelamente, Diego “Teddy” Garello, que presidía el Concejo Deliberante, impulsó la sanción de una ordenanza que dispuso donar dos nichos a perpetuidad para que los restos de Marcelo y Valeria pudieran estar en el cementerio local para siempre.

Pocas semanas después, luego de recibir un llamado, Casas viajó a La Plata con los padres de los chicos, Mary Soto y Luis Alberto López, quienes recibieron el subsidio de manos del gobernador Ruckauf y su esposa.

En las semanas siguientes, el director de Acción Social de Chacabuco entabló contacto con funcionarios de Puerto Madryn para coordinar la fecha del traslado.

“Así que al poco tiempo viajamos con los padres, haciendo noche en Bahía Blanca, nos encontramos con la directora de Acción Social de Madryn, hicimos las gestiones en el cementerio y contratamos a una empresa funeraria para hacer el traslado de los cuerpos a Chacabuco. Esa noche dormimos en Puerto Madryn y al otro día volvimos acompañando a la ambulancia”, cuenta.

Homenaje en el cementerio

La llegada a Chacabuco fue en las primeras horas de la tarde del lunes 10 de julio del año 2000. Ese día, afirma Casas, se realizó un cortejo que pasó por la sede del Cuerpo de Bomberos Voluntarios y luego se dirigió al cementerio. Las crónicas de la época señalan que los ataúdes fueron colocados en los nichos en medio de una ceremonia en la que, además de familiares, participaron directivos e integrantes del Cuerpo de Bomberos Voluntarios, así como autoridades municipales y una representante del Consejo de la Familia bonaerense.

Casas dice que, más allá de la tristeza que generan estos hechos, le queda un recuerdo agradable del momento.

“Se pudo hacer una buena gestión, por intermedio de un vecino, y los padres agradecieron eso toda la vida, porque ellos querían tener a sus hijos acá. Eso es un poco del trabajo que se hizo en aquella época en la Dirección de Acción Social Directa”, relata.

El exfuncionario también recuerda que la familia de los bomberos fallecidos se dedicaba a la venta de lechones y productos de granja y se habían venido a vivir a Chacabuco porque López “tenía serios problemas de asma” y consideraban que en un clima más benigno podría estar mejor.

“Después al hombre se le complicó de nuevo la salud, vendieron la quinta de Chacabuco y se volvieron a Madryn. Ellos habían recibido una asistencia de la provincia de Chubut y con eso compraron una propiedad allá. López murió unos años después y su esposa sigue viviendo en Puerto Madryn”, relata el exfuncionario, y agrega que en Chacabuco sigue viviendo una hija de la mujer, Paola Vanesa Cuello.

El tiempo transcurrido ha hecho que no muchos se acuerden de esta historia. Casas, en cambio, la mantiene presente porque, dice, fue una de las acciones más emotivas de las que realizó durante su desempeño de aquellos años en el Municipio, el cual tenía como intendente Horacio Recalde.

“Lo de traer los cuerpos de Puerto Madryn fue algo en lo que en aquel momento puse todo, y pudimos conseguir el objetivo”, completa.

Paola Cuello aportó para esta nota las copias de crónicas periodísticas relacionadas con el traslado de los cuerpos de sus hermanos a Chacabuco. También una nota que da cuenta de lo sucedido el 21 de enero de 2004, cuando, al cumplirse el décimo aniversario de la tragedia, se realizó en el cementerio local un acto en memoria de Marcelo y Valeria.

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