Si no fuera por las abundantes lluvias que hubo el año pasado, la mayoría de los cultivos de verano de Chacabuco y la zona hoy estarían mucho peor de como se encuentran. Igualmente, ya se avizoran mermas de rendimiento tanto en maíz como en soja, mientras se implora por la llegada de precipitaciones que ayuden a detener las pérdidas.
El ingeniero Néstor Estévez, de la Cooperativa Agropecuaria de Granjeros, expresó que cuando el promedio histórico de lluvias de enero en nuestra zona es de entre 100 y 120 mm, en el mes que acaba de finalizar no se llegó ni a la mitad de esos volúmenes. Por el contrario, hubo lugares en los que apenas se llegó a 40 y otros en que los valores se ubicaron entre 15 y 20 mm, lo cual es algo ínfimo para un mes en que las temperaturas en muchos de los días se ubicaron por encima de los 30 grados.
“Entonces, ¿cómo están los cultivos? Y, dentro de todo la vienen peleando, lo cual depende de las zonas”, expresó Estévez. Acerca de esto, expresó que el sector de Chacabuco que recibió menos lluvias durante el mes pasado fue el que linda con los partidos de Bragado, Alberti y Chivilcoy.
El asesor técnico de la Cooperativa de Granjeros expresó que, en muchos casos, los cultivos “la siguen peleando relativamente bien” por lo que significó el año 2025 en términos de lluvias.
“Sabemos que va a haber mermas en los rindes”
“Toda el agua que cayó en 2025 permitió que los perfiles de suelo se recargaran. Eso hizo que pudiéramos atravesar enero medianamente bien. Igualmente, sabemos que va a haber mermas en los rindes. De cuánto va a ser esa merma es algo que va a depender de si las próximas lluvias son esta semana, la que viene o más adelante”, explicó.
Estévez indicó que las reducciones en los rindes también van a depender de la fecha en la que se implantó cada cultivo. En el caso de los maíces sembrados en forma temprana, pueden sortear la situación “un poquito mejor”, aunque las mermas están aseguradas, mientras que los sembrados más tarde -entre fin de octubre y principios de diciembre- están condicionados a que las lluvias lleguen los antes posible.
“Esto no quiere decir que, por ejemplo, los maíces tempranos vayan a andar muy mal, porque las lluvias del año pasado le permitieron aguantar”, dijo el asesor técnico, que destacó la enorme ayuda que significa tener las napas no muy lejos de la superficie.
“La semana pasada estuve hablando con un productor con el que siempre analizamos el tema de la napa, que es un recurso que no vemos, pero cuando está cerca es muy importante. Lo que me decía es que en noviembre la napa la tenía a 60 o 70 centímetros, y la semana pasada estaba entre 1,30 y 1,40”, expresó.
“¿Qué significa eso? Si nos referimos a ese lote en particular, que está en la zona de La Colmena y tiene un maíz sembrado temprano, ese maíz todavía está viviendo del agua de la napa, porque las raíces pueden llegar a 1,40 o 1,50 metros de profundidad, o un poco más. Lo mismo con la soja: una soja de primera, sembrada a fin de octubre o principios de noviembre, también puede estar viviendo de esa napa. Pero en otras zonas la napa puede estar a 2,20 o 2,40. Ahí un maíz temprano puede llegar a través del ascenso capilar, pero le cuesta más”, completó.
El asesor de la Cooperativa de Granjeros expresó que la soja está en una situación más desahogada según la fecha en que haya sido sembrada. Acerca de esto, recordó que hubo sojas de primera que recién pudieron implantarse a comienzos de diciembre, ya que no se podía ingresar a los lotes debido al exceso de agua.
“Esos lotes seguramente todavía la están peleando. Ahora, si no llueve en poco tiempo la que va a empezar a sentir más fuerte la falta de agua es la soja de segunda, porque fue sembrada en lotes donde hubo trigo, que ya había consumido parte del agua. Si llueve en estos días esos lotes se van a recuperar relativamente bien, pero si pasan 15 o 20 días sin precipitaciones, esas sojas la pueden pasar mal”, completó.
Récord del trigo
Por último, Estévez hizo un balance de lo que fue la campaña de trigo 2025, que se terminó de cosechar hacia fines de año. En nuestra zona, dijo, el cultivo pudo afrontar los excesos de agua que tuvo durante su desarrollo y los rindes fueron muy buenos. Según dijo, los rendimientos se ubicaron desde los 4.000 o 4.200 kilos por hectárea hasta cerca de 7.000.
“Lo que pasa en estos años en que se dan muy buenos rindes es que la calidad suele aflojar, sobre todo en gluten, y hoy a la industria molinera le está costando conseguir trigos que permitan corregir un poco ese desfasaje”, dijo. Además, recordó que hacía más de una década que no se registraba una campaña con tan buenos rendimientos, aunque en aquella ocasión esa situación se dio en algunos lotes y no en forma general.