Estoy en Minneapolis, Minnesota, Estados Unidos. Y una contradicción está comenzando a convertirse en antagonismo. Personas, no animales; seres humanos, no extraterrestres. Desde nuestra perspectiva, se trata de esto. Los inmigrantes criollos y los estadounidenses de origen africano, son personas, son seres humanos.
Detrás del temor, debajo de una expresión en el rostro que deja en evidencia una autoestima golpeada y castigada sin piedad, se percibe gente que se siente perseguida, acosada en su esencia más profunda. Desde la perspectiva de la vieja clase dominante de Estados Unidos, esa minoría fanática que se llama a sí misma WASP (Blancos Anglo Sajones Protestantes) y sus diversificadas ramificaciones por cooptación obligada, está la desesperación al constatar que la realidad cambia por evolución, de una manera en la que ellos no lo pueden controlar.
Y también tienen miedo, pero es otro tipo de temor: es ese arrebato fascista que los enceguece para cazar y matar. Entonces crearon una Gestapo local llamada ICE, que asesinó a Renee Good y a Alex Pretti. Habían empezado con los pueblos indígenas y con los descendientes de los esclavos africanos; a los indígenas los exterminaron; a los descendientes de los esclavos los tienen relegados y aplastados culturalmente, económicamente y socialmente; les tienen permitido un lugar como fuerza de trabajo que no cuestiona el sistema.
Pero con los criollos es distinto: un día, los de la Casa Blanca se dieron cuenta de la pujanza, de la fortaleza y de la productividad propia de estas personas que llegaron desde México, desde América Central y desde Sudamérica, personas que llegaron sin nada más que deseo de trabajar; fueron recibidos y aprovechados para las tareas que los yanquis no quieren hacer, pero surgió lo inesperado: la solidez cultural, el empuje laborioso, y la determinación de abrirse paso y progresar que los criollos demostraron tener.
Y cuando los propietarios de Estados Unidos, es decir: la oligarquía y su sistema, se dieron cuenta del potencial de nuestra gente, tuvieron miedo. Y reaccionaron con fascismo. Precisamente ayer, en las oficinas de la organización “ABOGADOS POR DERECHOS HUMANOS”, ellos me decían sobre quienes tienen el poder en Estados Unidos: “Son nazis, no son cristianos”.
Y entonces, un movimiento social incipiente que se niega a someterse. Una confrontación interna que recién empieza, cuya dinámica y cuyo resultado influirán en toda América, desde Canadá y Estados Unidos hasta Chile y Argentina.