Escribir estas líneas como Intendente Municipal, a 50 años del golpe de Estado cívico-militar en la Argentina, me llena de responsabilidad institucional.
Fue un golpe cívico-militar genocida que respondió a un propósito claro: instalar un modelo económico, cultural, liberal, conservador y extractivo, como ocurrió en otros países de América. Para imponer ese modelo lo hicieron por la fuerza, el miedo y el terror, sometiendo a la ciudadanía a un proceso sin discusión alguna; encarcelando, torturando, asesinando y desapareciendo personas y bebés, utilizando el poder del Estado. De allí que se trate de delitos de lesa humanidad.
En estos 50 años que hemos transitado podemos resaltar avances importantes y también retrocesos. El Juicio a las Juntas fue un hito fundamental, pero luego llegaron la Ley 23.492 de Punto Final en 1986 y la Ley 23.521 de Obediencia Debida en 1987. En 2003, la Ley 25.779 las declaró nulas y, en 2005, la Corte Suprema de Justicia de la Nación las declaró inconstitucionales.
La guerra de 1982, con todo lo que ello implicó, dejó consecuencias profundas: secuelas, pérdidas y dolor.
La búsqueda incansable y la recuperación de los nietos a lo largo de todos estos años nos acercaron más a la verdad.
Hoy, a 50 años, se continúa reclamando justicia por todo lo que falta para que el Nunca Más sea de todos.
Mi reconocimiento a las organizaciones de Derechos Humanos, a las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, a la Comisión de Memoria, Verdad y Justicia, y a todos los militantes y vecinos que mantuvieron bien altas las banderas en todos los momentos.
Aún resta un desafío importante: lograr una sociedad más justa, más equitativa, más solidaria y más distributiva, por la que soñaron los 30.000 compañeros desaparecidos.
En estos 50 años: Memoria, Verdad y Justicia.
Nunca Más al pensamiento único, a la violencia, al dolor, a la guerra, a un Estado ausente y violento, y a una sociedad indiferente.
Dr. Darío Golía