En diciembre de 2021, cuando aún no había pasado la pandemia, Pablo Atencio viajó junto a su familia a España. La idea era vivir más tranquilos y, sobre todo, sumar una nueva experiencia. Luego de un breve paso por el País Vasco, hoy residen en Reus, una ciudad de la Comunidad de Tarragona, en Cataluña. Desde allí, el exvecino contó cómo es la vida que llevan y qué es lo que más se extraña de Chacabuco y la Argentina.
“Nos vinimos con mi esposa, Rosana Dos Santos, Rochi; Bautista y Catalina, que son los hijos de ella, y Zoe, que es la hija del medio mía. Los chicos tienen entre 13 y 21 años y todos están estudiando”, cuenta el chacabuquense, que tiene 57 años, es licenciado en Gestión Ambiental y en Seguridad e Higiene, y estuvo al frente del área de Medio Ambiente de Chacabuco entre 2015 y 2019.
“Decidimos venir por varios motivos. Primero, por el conflicto de Argentina, al que no le veía salida, a pesar de que teníamos trabajo. Además, con Rochi decidimos venirnos, sobre todo, por la educación de los chicos, en la que se ve una diferencia. Por ejemplo, Catalina, que ahora pasó a la ESO (Educación Secundaria Obligatoria), que sería como el primer año del Secundario de Argentina, sabe hablar en catalán, inglés, francés, o sea, los preparan muy bien en la parte de bachillerato. Aparte, me tomé lo de venir acá como una experiencia. Yo de Argentina me fui recontra bien, no tengo nada contra el país. Escucho que algunos se van chillando un poco, yo al contrario, me siento más argentino que nunca, que es algo que hasta se lo digo a los españoles. Así que nos vinimos como experiencia, como crecimiento personal y por las posibilidades que se nos dieron”, cuenta.
Volviendo a temas educativos, el exvecino señala que en España la escuela secundaria se divide en dos ciclos: el primero es la ESO, que es obligatoria, y luego hay dos años más que algunos estudiantes optan por hacerlos, para terminar el bachillerato, y otros dejan para ir a trabajar o ingresan a algún instituto de formación profesional, del que salen como técnicos, que en este momento son muy demandados.
“Trabajo en la parte de prevención”
“En lo que son profesionales de grado como yo, el cupo ya está cubierto, pero se necesitan muchos técnicos de campo. Entonces, los chicos hacen esa formación técnica que dura dos años y después se ponen a trabajar”, dice.
En su caso, durante los primeros tres años que vivió en España trabajó como instructor en un centro de formación para empresas, lo cual, dice, “es algo que acá se estila mucho porque todas las empresas mandan a los empleados a formarse de manera permanente”.

“En ese momento yo daba todo lo que era prevención en una empresa y hace un año me contrataron de otra, que se llama TecnoLimp, que hace limpiezas industriales con alta presión y robots, y estoy trabajando en la parte de prevención en la planta de la empresa, que está en el Polo Petroquímico, que se encuentra en un lugar que se llama La Pobla de Mafumet. Yo estoy ahí y me muevo por toda Tarragona, también por Barcelona y a veces nos mandan a Valencia. TecnoLimp es una de las empresas más importantes en ese tipo de trabajo”, relata.
“Hago la parte de prevención de los trabajos que realiza la gente. Voy, veo cómo se está trabajando, si tengo que hacer alguna observación la hago, estoy más que nada para cuidar a los empleados. Por ejemplo, como se trabaja con alta presión, hasta 300 bar, hay cosas que hacen los robots y otras las personas. El trabajo es muy riesgoso porque a esa presión un corte puede producir una contaminación espantosa, y son trabajos de riesgo”.
-¿Qué diferencias notás en la forma de vida que llevabas con tu familia en la Argentina con la de España?
-Lo primero que me sale es que acá hay más tranquilidad. Por ejemplo, a la hora en que me voy a trabajar, las 5 o las 6 de la mañana, puedo cruzarme con una persona que está borracha o con problemas psiquiátricos y no pasa nada. Inclusive, en Reus hay una institución psiquiátrica parecida a lo que es la colonia de Open Door en la Argentina y los fines de semana los pacientes salen, y vos los ves y no son nada agresivos. Lo mismo pasa con Rochi cuando va a trabajar. Además, ante cualquier incidente que pasa, uno llama al 112 y a los 3 minutos, no más, tenés tres patrulleros. O sea que por un lado está el tema de la seguridad. Otra diferencia es que acá no hay la inflación que tiene la Argentina. Inclusive hay precios que bajan. Por ejemplo, cuando llegué a España el combustible estaba a unos 98 centavos, después, con el tema de la guerra de Rusia y Ucrania subió a casi dos euros y ahora está en 1,42 o algo así. Después, los alimentos, cuando son de estación, tienen los precios más bajos. Algo que me llamó mucho la atención es que los precios que tenemos acá en euros si se trasladan al peso argentino son exactamente iguales. Hablo de un par de zapatillas, un vaquero, un litro de leche. Quiere decir que en Argentina las cosas están muy caras, más que nada si se las relaciona con los sueldos.
“Si a algo hay que sacarle el sombrero a la Argentina es en salud”
-Sigo: la educación es buena, lo mismo que el estado de las rutas. sobre todo en España, porque en Francia es otra cosa. Las rutas en España están bien señalizadas y normalmente tienen tres carriles, y en los de la derecha van los camiones. Además, está muy controlada la velocidad. En lo que sí veo que hay que sacarle el sombrero a la Argentina es en la parte de salud. Acá si precisás ir al médico por la salud social, salvo que tengas una prepaga, tenés que pedir un turno y a lo mejor te lo dan a los tres meses. Nosotros tenemos una privada y si precisás turno en el odontólogo te dan a un mes como mínimo. Para que te atiendan en el momento te tenés que estar muriendo. Así que en eso hacen agua, a pesar de que tienen unas instalaciones y un equipamiento astronómicos. Ahora, cuando te atienden, te hacen de todo. Yo me fui a controlar el colesterol y me hicieron ecografías hasta del talón de Aquiles. Igualmente, la rapidez de los profesionales argentinos se diferencia en todas las áreas, y en la medicina ni hablar.
-¿Les costó adaptarse?
-En mi caso, no. Yo llegué y tenía que hacer un montón de cosas y papeles, a pesar de que tenía la ciudadanía, y estuve ocupado en eso y después me puse a trabajar. Es más, no extraño. Lo que sí que cuando me subí al avión en Ezeiza involuntariamente se me cayeron las lágrimas hasta que llegué a Barcelona. Era involuntario, una sensación de destierro, pero después llegué acá, me puse a trabajar y no hubo problemas. Y los chicos al principio extrañaban un poco, hasta que se hicieron sus grupos de amigos. Lo que nos pasa con Rochi es que acá no podés hacer las amistades que hacés en la Argentina. Nosotros al principio nos fuimos al País Vasco, porque esa era la idea inicial, pero después me salió el trabajo en Reus y nos vinimos. Y cuando llegamos el que me ayudó a relacionarme con gente de acá fue Pablo Carrizo, que es un argentino de Intendente Alvear, provincia de La Pampa. Con él nos hicimos amigos y me hizo amigo de muchos vascos, que son muy amables. Después, en Tarragona es un poco más complicado. El tema de las amistades sí es una diferencia con la Argentina. Acá se estila ir con un amigo a tomar una cerveza a un bar, pero que te inviten a la casa, olvidate. Eso de “vení a comer un asado a casa” acá no existe.

-¿Hay muchos extranjeros en general y argentinos en particular en Reus y Tarragona?
–De argentinos, y de rosarinos en particular, está lleno. Después, hay un montón de extranjeros, porque hacen falta. El 41 por ciento de los trabajadores en España son extranjeros, y si no estuvieran el país no funcionaría como lo hace. Por eso hace poco el presidente salió a decir que va a legalizar a 50.000 migrantes que estaban ilegales, pero les da un año y si no los deporta. En Reus hay más o menos 140.000 habitantes, de los cuales unos 35.000 son marroquíes.
Medio ambiente
-En tu caso, fuiste director de Medio Ambiente de la Municipalidad de Chacabuco hasta un tiempo antes de irte. ¿En qué se diferencian las políticas de ambiente en España de las de Argentina?
-Acá cuando algo se emite por real decreto, se tiene que cumplir. Por ejemplo, los vehículos están divididos en categorías, que son A, B, C, Eco y Cero Emisiones, según el año de antigüedad y si es a gasoil o a nafta. Entonces, en Reus para el año 2028 los autos que tenemos Rochi y yo, que son categoría B, ya no van a poder circular por el centro de la ciudad. En Barcelona pasa lo mismo. En la parte de los residuos es monstruoso el sistema de limpieza que tienen. Es más, por mi trabajo de formación fui a una empresa, que se llama PreZero, que es alemana, y tienen un galpón de 200 metros por 50 de ancho en donde solamente se procesa todo lo que es orgánico para hacer compost. Después, enfrente de mi casa tengo como si fueran pozones en los que se ponen los residuos clasificados. Eso se va por abajo a través de un sistema hidráulico a un punto que lo recolecta. Otro tema tiene que ver con lo que nosotros hacíamos en Chacabuco con la recolección del aceite vegetal usado. Bueno, acá hay lugares para poner el aceite, y contenedores para poner la ropa en desuso. También hay unos vehículos eléctricos que permanentemente están limpiando, y en todas las esquinas hay cestos para tirar un residuo. También hay muchas cosas con respecto a la energía. En la facultad uno estudiaba a España como una isla de calor, pero he andado por Zaragoza y ahí hay aerogeneradores eólicos que de noche parecen ciudades. Granjas fotovoltaicas también se ven por todos lados. Ahora también se trabaja mucho y se regula la parte del aislamiento de las casas. O sea, todo lo que es ambiente funciona bien. Y una cosa más: acá no existen los ruidos de las motitos, porque no hay muchas y las que hay tienen silenciadores.
–¿Y qué pasa con las ciclovías, de las que fuiste un impulsor en Chacabuco?
-Con respecto a las famosas ciclovías, que vi que en Chacabuco las quieren sacar, acá está todo delineado. Uno puede ir con una bicicleta o con un monopatín eléctrico por toda la ciudad. También hay puntos centrales, como en Buenos Aires, donde hay bicicletas que por un euro podés alquilar y andar todo el día. Permanentemente se incentiva a la gente a que camine o que use un medio que no sea el auto, cuando en Chacabuco es al revés, y por eso quieren sacar las ciclovías. Acá se le da mucha importancia a eso. Por ejemplo, entre Reus y Cambrils, que es una ciudad costera muy importante, que está a 13 kilómetros, en dos años se hizo una ciclovía que fue toda una obra de ingeniería, con movimientos de suelo, pavimentación y pilotes de contención para que la gente en media hora pueda estar en la playa yendo en bicicleta. Otra cosa: acá no se saca ni un árbol, al contrario, se ponen.
–¿Qué es lo que extrañás de Chacabuco y la Argentina?
-No mucho, porque, por ejemplo, con mis amigos hablo siempre, mi hermano viene todos los años, y mi tía va a venir ahora. Lo que uno más puede extrañar son las juntadas con los amigos, el compartir un asado, que son cosas que acá no se dan, pero yo a la Argentina la siento muy fuerte en el corazón, repito que me siento más argentino que nunca, pero estoy en una etapa de mi vida en la que quiero un cierto equilibrio y tranquilidad y no tener los vaivenes que hay en la Argentina. Por ejemplo, en el 2016 llenar el tanque de combustible de un auto costaba 750 pesos, y hoy debe estar más de 80.000. Espero que en algún momento esas cosas se solucionen, pero voy viendo lo que pasa y muchas veces van de un lugar para otro, los temas de fondo no se solucionan y la vida pasa.