El vecino Carlos Viscubi guarda en su casa, entre algodones, un Ami 8 Club que tiene una particular historia. Primero porque en sus casi 50 años de antigüedad el auto tuvo como dueños a integrantes de la familia. Además, sería la única unidad de esa marca que aún circula por las calles de Chacabuco.
“El Ami tiene 50.000 kilómetros reales y todo lo que está ahí es original, el tapizado, las cubiertas, está nuevo, nunca se tocó nada del motor. Simplemente se le hicieron algunos pequeños detalles debido a que estuvo parado mucho tiempo. Entonces, hubo que tirarle la nafta, cambiarle algunas mangueras que se habían resecado, la batería, cosas normales de mantenimiento. Pero el auto está impecable”, reseñó Viscubi al recibir a Chacabuco en Red.
En la Argentina, este modelo de auto fue fabricado por Citroën entre 1970 y 1979. Viscubi define al Ami 8 como una versión mejorada de los Citroën 3CV, aunque, sobre todo, se trataba de un vehículo familiar y de uso en ámbitos rurales. “De hecho, fue un coche que en principio se fabricó para la gente de campo de Francia”, dice.
La historia del Ami
El auto lo compró en 1974 su tía Nelly, más conocida como China, que era maestra rural, con la idea de usarlo para ir hasta la Escuela N° 34, situada en la zona del paraje Sauce Verde. La operación la hizo en una concesionaria Citroen de Chivilcoy que tenía un gerente de apellido Feo.

“Lo que pasó es que para llegar a la escuela, la tía tenía que ir por caminos de tierra que eran como los de ahora, con pozos, porque la historia mucho no cambió, y agarraba mucho barro. Entonces, como le daba lástima andar por esos lugares con el auto nuevo, se compró un Chevrolet ‘39. Así que a partir de ahí el Ami quedó guardado, con muy poco uso”, cuenta Carlos.
En los años siguientes, el auto solamente salía del garaje en algunas ocasiones especiales, como cuando la tía llevaba a su madre al centro para cobrar la jubilación o hacer algún mandado. También hizo algunos pocos viajes a Junín y otras ciudades.
“Después pasó el tiempo y a la tía ya no le dieron más el carnet de conducir, por la edad. Entonces, como el auto estaba sin usarse, se lo dio a un hermano de ella, mi tío Tongui, que se llamaba Héctor Luis. El tío, que era el menor de los nueve hermanos, ya era el que le mantenía el auto cuando lo tenía ella. Así que después se lo llevó a su casa, que estaba enfrente. Pero hace unos tres años el tío murió y el auto quedó en el galpón de su casa”, relata Viscubi.
Un tiempo después, Carlos fue a visitar a su tía China y, luego de unos mates, cuando ya se estaba yendo, se le ocurrió preguntarle por el Ami 8.

“Yo quiero que el auto quede en la familia”
“Me dijo que estaba en el galpón de la tía Olga, que era la esposa del tío Tongui. En ese momento, no sé por qué, se me ocurrió preguntarle si la tía Olga no lo vendería”, señala. A su tía China le entusiasmó la idea de que su sobrino comprara el auto y le dijo de ir inmediatamente a hablar con Olga.
“‘Pará un poco’, le dije, pero ella me insistía en ir. ‘Yo quiero que el auto quede en la familia’”, cuenta Carlos, y sigue: “Así que fuimos a lo de mi tía Olga, que estaba muy tranquila en un sofá tomándose un té, sin imaginarse que le íbamos a caer su cuñada y su sobrino para comprarle el Ami 8. Yo le pregunté si quería venderlo y me dijo ‘y…, sí, lo vendería porque lo tengo ahí y no puedo baldear bien porque me ocupa una parte del galpón’. ‘Bueno, decime cuánto vale que te lo compro’, le dije. Pero ella no tenía ni idea y yo tampoco, porque si lo tenía que comprar por modelo, con lo que había que ponerle, calculo que la tía me tenía que dar plata a mí, pero como está catalogado como auto clásico, teníamos que salir a preguntar”, recuerda.
Así que luego de averiguar precios, a mediados del año pasado Viscubi compró el auto y lo transfirió a nombre de su hija. “Mi idea es que en el futuro mi nietito lo maneje, porque va a ser otra generación más de la familia que ande en el Ami 8”, expresa.
Ya concretada la compra, Mauricio Castelao, presidente del Club Autos del Ayer (Cadach), lo invitó a asociarse a la institución y a inscribir el vehículo en el Registro de Vehículos Antiguos que tiene. En los meses siguientes, el auto recorrió distintos talleres.

“Igual, el trabajo que hubo que hacerle fue muy poco. A uno de los que se lo llevé fue a Campanita Dacciavo, que hizo un retoque medio estrambótico, porque había un lateral en el que la laca que tenía la pintura medio que se había quemado con el sol. Daniel, de Pinturerías del Centro, me hizo la pintura original con una maquinita que ellos tienen y otros chicos de ahí me la hicieron en aerosol. Entonces, Campana lo sopleteó con ese aerosol y le puso laca arriba, y quedó nuevo. Después, hubo otro montón de gente que le hizo trabajitos. Por ejemplo, Pedrito Rojas me hizo los frenos, el mecánico Diego Vainotti le tiró la nafta y le hizo la parte de carburación y regulación, y Cristian Lemme, de LC Equipamientos, le hizo la parte de embellecimiento interior. Después, en la parte eléctrica trabajó Pascual Chilano, que tuvo que adaptarle las balizas, porque originalmente no las traía… Hubo un montón de gente a la que fui llevándoselo para hacerle alguna cosita”.
Un hito histórico en la historia del Cadach
El 6 de diciembre pasado el Cadach hizo su última cena del año, que tuvo como broche de oro la presentación del Ami, en la que estuvieron presentes Carlos Viscubi, su tía China y otros integrantes de la familia (fotos). En un comunicado referido a ese encuentro, el Club destacó que fue la primera vez en la historia de la institución en la que se presentó un auto clásico en una cena en la que estaban presentes, además del dueño actual, la persona que en su momento lo retiró de la concesionaria.
“Yo le pedí a la comisión del Club que pudiera estar presente la tía China, para que pudiera exponer toda la historia de cómo compró el auto y lo trajo a Chacabuco”, dice Carlos, y agrega: “Además, tengo entendido que este Ami 8 es el último y único que queda andando por las calles de Chacabuco”.
Ahora, con el auto totalmente en condiciones, Viscubi, como sus tíos, le está dando muy poco uso. Por ahora, solamente ha participado en algunos encuentros del Club Autos del Ayer, uno de los cuales se hizo en Coronel Mom, a donde viajó acompañado por su amigo Lisandro Herrera.
“Ese viaje nos vino bien para probarlo en ruta, porque hacía poquito que lo había sacado de los pequeños arreglos que hubo que hacerle. ¡Y cómo respondió! Íbamos en la ruta a 100 y si no, sin castigarlo, iba tranquilamente a 80, que es la velocidad de caravana de los coches del Club”, cuenta, antes de insistir en que su idea es que el auto continúe atravesando generaciones de la familia Viscubi.
“De mi parte, ese es el deseo que tengo, y creo que cuando yo no esté mis hijos van a estar de acuerdo con eso, porque conocen esta historia”, finaliza.