Después de estar 40 años andando en camiones, Adalberto Zanardi se jubiló en 2012, y luego de un tiempo en el que se dedicó a hacer largas caminatas finalmente se subió a una bicicleta, con la cual cada vez realiza distancias más largas. “Para mí, es un alivio al alma”, dice el vecino, que siente que cada vez que emprende una recorrida ingresa en un estado de “trance”.
“A los 15 años empecé con mi papá y no dejé más de andar en el camión, hasta que a los 55 años me jubilé. De esos 40 años estuve 30 en la empresa Barabino y Grandi, y los otros 10 fueron los que trabajé con mi papá y en otras empresas”, relata en el inicio de la charla con Chacabuco en Red, antes de contar cómo empezó a hacer largas recorridas en bicicleta.
“No imaginé que iba a hacer las distancias que hago ahora”
“Hace unos años tuve un problema oncológico de próstata. Hasta ese momento la bicicleta la tenía para hacer los mandados por acá. Cuando tuve ese problema de salud dije ‘no voy a poder andar más’, pero cuando hacía los tratamientos con rayos y la quimioterapia con pastillas empecé a hacer caminatas. Lo que pasó fue que me jodí una rodilla. Afortunadamente no se rompió nada. En ese momento, el urólogo y el reumatólogo me aconsejaron que anduviera en bicicleta. Y así lo hice, pero nunca me imaginé que iba a hacer las distancias que hago ahora, sobre todo a los 68 años”, señala.
Sus primeras recorridas ciclísticas fueron por los alrededores de Chacabuco, pero poco a poco se fue poniendo objetivos más lejanos y hoy ya lleva visitados todos los pueblos de las cercanías. Prueba de esto es lo que dice una aplicación que lleva en su teléfono celular, la cual computó que el año pasado Zanardi hizo 6.000 kilómetros en bicicleta.

“He ido a Coronel Mom, a Seguí, a Irala, a Warnes, a todos los pueblos de la zona. El viaje más lejos lo hice hace poco y fue a Castilla: 123 kilómetros. El jueves, sin ir más lejos, con un amigo hicimos 76 kilómetros, porque estuvimos cerca de O’Higgins, recorrimos la zona de La Colmena y volvimos. He andado por caminos que nunca imaginé que me iba a encontrar”, dice Adalberto.
“Estoy muy feliz”
“Para mí, es un alivio al alma -agrega-. Yo dejé de tocar la guitarra y de cantar en los festivales por un problema de audición que tengo, porque ya tenía un oído perdido de andar tanto en camión, que es el oído de la ventanilla, y ahora el derecho está en disminución. La obra social que tenía, que era la de Camioneros, andaba bastante mal y no pude ponerme audífonos ni nada. Ahora me pasé a PAMI y estoy empezando a hacerme atender, porque por este problema no puedo ir a un teatro ni a una charla, porque no entiendo lo que dicen. Eso ya me pasaba en la última época en que estaba en los festivales. Pero igual estoy muy feliz”.
Según cuenta, la mayoría de las travesías las hace por caminos de tierra, y sólo transita las rutas que tienen banquinas asfaltadas. Por la ruta 7, por ejemplo, un día llegó hasta cerca de Carmen de Areco.
Hace poco también viajó a Junín, pero por tierra. “Hice el camino viejo, que sale cerca de la laguna El Carpincho. En Junín fui a visitar a mi hermana, dormí allá y al otro día volví. Fue un viaje maravilloso. Fui con viento en contra y tardé casi 3 horas, haciendo un alto en O’Higgins para comer una merienda. Y a la vuelta, con viento a favor, tardé casi lo mismo”, dice, además de remarcar que trata de salir cuando son días de sol, entre otras cosas porque eso le permite registrar fotos y hacer mejores videos, los cuales publica en sus páginas de Instagram, Facebook y YouTube, llamadas “Paisajes pueblerinos”.
Zanardi cuenta con emoción que cuando transita por las rutas o en los accesos a la ciudad suele cruzarse con camioneros amigos, algunos de los cuales paran para saludarlo y sacarse fotos con él. “En la ruta 7 mis excompañeros de trabajo que todavía no se jubilaron me ven de lejos y vienen tocando bocina. Es muy emotivo para mí, que anduve toda la vida en el camino”, expresa. Además, relata que cuando pasan dos o tres días y por cuestiones de mal tiempo o por otras ocupaciones no puede salir a pedalear, le comienza a doler “todo el esqueleto”.
“Es como que entrás en un trance”
“Es como que necesito salir. Y lo hago con una bicicleta de la década del ‘90, una todo terreno Kawasaki que está equipada y a la que le hago muy buen mantenimiento y le hago revisar continuamente todo lo que se pueda romper. Además, llevo una mochila pesadísima con repuestos, herramientas, parche, solución, tres cámaras, inflador, el termo y el mate. Es una bicicleta vieja, las 29 que hay hoy son más prácticas y tienen llaves más livianas que permiten solucionar todo con poco. Pero a mí me gusta así, y voy escuchando música…”.

“Es como que entrás en un trance… Me emociono mucho con los paisajes, con los árboles. De hecho, cada vez que agarro la ruta 42 y voy hasta donde está el álamo carolina del cuento de Haroldo Conti (foto) me emociono mucho, porque es como que veo en mi mente lo que vio Haroldo en su momento”, cuenta, y muestra un ejemplar del libro “Cuentos completos”, de Conti, que le obsequió en 2010 el Concejo Deliberante, cuando presentó su disco. También tiene en su casa astillas que trajo de distintos árboles que encontró en sus recorridas. Una de ellas pertenece a un eucaliptus al que apodó Rosendo y que se encuentra en la calle Buenos Aires continuación, cerca de la feria de Francisco “Paco” Bertella.
“Cuando me estaban haciendo rayos, un día me encontré con ese árbol y cada vez que iba lo abrazaba y me traía alguna ramita o una astilla. Eso es muy reconfortante. Hay mucha gente que cree en las energías, otros no, yo soy de los que creen”, dice Zanardi, que en un sector del living de su casa también tiene en exhibición un trozo de árbol petrificado que su padre trajo de Chos Malal, así como piñas de Colonia del Sacramento, la ciudad uruguaya a la que viajaba en forma permanente en sus últimos años de camionero.
“Tengo una fe bárbara en la energía que te dan los árboles y la naturaleza toda”, afirma el vecino, que luego de jubilarse publicó dos libros. La primera obra se titula “Memorias de un viejo camionero” y la segunda “Memorias 2. De mi barrio al camino”. Aún le quedan ejemplares disponibles de ambas, que pueden solicitarse escribiéndole al autor a través de sus redes sociales o las de “Paisajes pueblerinos”.
Roturas y tormentas
-Durante tus salidas seguramente habrás tenido algún percance con la bicicleta.
-Sí, y los pude solucionar. Una vez, en San Patricio, se me pasó la cadena entre los rayos y el piñón y tuve que desarmar la bicicleta completa, sacarle la rueda, y la pude acomodar y volver. Igual, uno tiene amigos, o mi yerno, que tienen camionetas y que me dicen que cualquier cosa los llame y me van a buscar. Después muchas veces pinché cubiertas. En esos casos, cambio la cámara y sigo.

-¿Y te agarró alguna tormenta?
-Sí, tuve algunas. Una que me asustó muchísimo fue en el viaje a Castilla. Fue una cosa increíble, porque llegué a Castilla y el día era maravilloso, puro sol, encima venía el tren pasando por la estación y me acerqué para sacarle fotos y hacer videos. Cuando terminé, me fui como para volverme para el lado de Rawson y ahí se levantó una tormenta tremenda. Tenía idea de quedarme en el campo de un amigo, en Rawson, y le avisé que no, porque si llovía mucho no iba a poder volver. Así que empecé a pedalear y volviendo de allá tenía a la izquierda al sol bajando y a la derecha los rayos, pero no llovía. Salí a las siete menos cuarto de la tarde de Rawson, donde me compré un agua mineral fresca y una gaseosa chiquita, y le seguí dando y dando y la noche me agarró casi llegando a la ruta 7. Y de ahí me vine, me comí un poco los pianitos que tiene la banquina de la ruta, por lo cual es peligrosa de noche. La bicicleta tiene muy buenas luces LED, adelante y atrás, y también en el casco. Al final llegué a mi casa y recién llovió a la una de la mañana, cuando ya estaba durmiendo.
-¿Te encontrás con otras personas que también salen en bicicleta?
-Sí, me he encontrado con gente macanudísima, algunos chicos jóvenes. Uno de ellos es un chico que tiene 38 o 39 años, Yona Rivero. Él cada tanto me llama para que salgamos a pedalear, y ahora está planeando un viaje, porque quiere que vayamos a Máximo Fernández, en el partido de Bragado. También salgo con Ariel Palmieri, un muchacho que tiene horno de ladrillos. Somos todos aficionados, salvo Yona, que tiene un equipo espectacular. Otro con el que salgo es Carlitos Celay, que hace muy poco se jubiló como camionero. El jueves anduvimos con él y fuimos hasta cerca de O’Higgins. También hago algunas salidas con Daniel Borghetti, mi hermano de la vida, mi querido amigo, con el que nos hemos criado. Y andando por los caminos he encontrado gente que me conoce y me para y me dan el número de teléfono para que los llame para salir a andar en bicicleta. Se ve que es algo que entusiasma.
Consejos para salir en bicicleta
-¿Qué consejos le das a la gente a la que le gustaría salir a andar en bicicleta? ¿A qué tienen que prestar más atención?
-Tienen que prestar atención a tener un buen equipo, una bicicleta en condiciones, un inflador y una cámara de repuesto para no quedar tirado en el medio del camino, porque si te quedás a 25 o 30 kilómetros de Chacabuco y se hace tarde tenés que venirte caminando con la bicicleta de tiro. También hay que tener luces y casco. El casco es fundamental, porque uno cree que no se va a caer nunca de la bici, pero yo me he caído dos o tres veces, pavamente, y si no hubiera tenido casco me hubiera lastimado. El casco lo tienen que usar todos, más si es una persona grande, que no tiene la misma movilidad que un joven. También hay que tener guantes, para no romperse las manos, y el asiento tiene que ser de calidad. Hablando mal y pronto, no hay que pijotear y comprarse un asiento bueno porque hasta que te acostumbrás a andar, la cola duele mucho. Después hay también mucha gente que usa calzas, que a mí no me gusta, sí uso pantalones cortos, y llevar ropa clara y una remera bien chillona, que se vea de lejos. Tampoco hay que cruzar semáforos en rojo. Yo voy en la bici y paro en un semáforo aunque no venga nadie, porque así me acostumbré andando con el camión. Con la bicicleta es lo mismo, con la diferencia de que yendo en bici, en caso de un accidente llevás las de perder.
-¿Encontraste algún animal exótico en estas salidas por esta zona?
-Animales raros no, aunque el jueves, casualmente, vimos un lagarto enorme, parecía un cocodrilo. Después, pumas o animales así no he visto. Sí vi trampas para pumas en muchos lugares, lo que quiere decir que hay. Son jaulas enormes a las que le ponen una pata de chancho adentro. Lo que sí hay, y muchos, son perros. Y hay perros malos. Uno va viendo los lugares en los que hay perros malos para no pasar, porque es peligroso. La gente los larga a la calle y ha pasado que han hecho caer a gente en moto. También hay perros que salen y parece que te van a comer, pero los retás y se quedan tranquilos.

-¿Hay algún lugar que tenés como objetivo para ir?
-Sí. El objetivo que tengo es ir a Luján, pero yendo y volviendo en bicicleta. No sé si se podrá hacerlo en el día, por ahí quedándome a dormir en algún lugar. Tengo amigos en San Andrés de Giles que me invitaron. Por ahí sería cuestión de llegar hasta allá, después ir a Luján y volver a Giles. Eso quiero hacer, pero yendo y volviendo en bicicleta, porque sé que muchos van pero a la vuelta la traen en una camioneta, y eso no tiene sabor de aventura. Y ojalá pudiera hacer el viaje a Luján por tierra, pero es más difícil si te pasa algo. Este viaje lo estamos planeando con Daniel Borghetti desde hace un año. Pienso que todos estos viajes que uno hace ahora sirven como una especie de entrenamiento.
“Es totalmente diferente a lo que viví con el camión”
-¿Qué diferencia ves entre andar en el camión y en la bicicleta?
-Yo le digo a todos que cuando era joven y con el camión estaba en Mendoza tenía a la cordillera nevada adelante y para mí era como cualquier cosa, nunca le di bola. O sea, no veía los paisajes, por el apuro de que tenía que volver a salir de viaje o porque tenía que prestarle atención al manejo. En cambio, con la bicicleta es otra cosa, al menos en mi forma de andar, porque yo no compito. Por ejemplo, no me gustan los grupos en los que van diez o doce bicicletas, porque perdés la conexión con la naturaleza. Como decía al principio, la bicicleta es relajante, porque uno sale y se mete en un camino que no conoce, como explorando, y por ahí me llama la atención algo, como una flor, y bajo y le saco una foto, y la guardo para la página. Es totalmente diferente a lo que viví con el camión. El otro día me encontré en el acceso Elguea-Román con un compañero de muchos años, paró a saludarme y yo le decía “cuando ustedes pasan en la ruta y me tocan bocina, se me eriza la piel”, porque fueron muchos años.
-¿Se extraña el camión?
–Se extrañan los amigos, los compañeros, no los fierros ni el camión en sí. Desde hace trece años, que fue cuando me jubilé, nunca tuve el deseo de sentarme en un camión y hacer un viaje, pero extraño a los compañeros, las conversaciones, las jodas… Uno se acostumbra a psicoanalizarse con el compañero. Eso es muy importante. Pero al camión en sí no lo extraño, aunque sí me emociono cuando veo al camión con el que me jubilé, que todavía anda.